Por José Luis Borrero González.


 

Resulta asombroso -por no decir indignante- que en pleno siglo XXI, con todos los recursos documentales y jurídicos disponibles, se haya construido y sostenido desde el poder una de las mayores falsificaciones institucionales que ha conocido la España contemporánea: el llamado “Bicentenario de la Policía Nacional”. Un evento presentado como celebración histórica que, lejos de ser una efeméride legítima, es la culminación de un relato inventado, manipulado y convenientemente promovido para convertir una hipótesis sin base legal ni documental en una verdad institucional.

Hay que ser muy ingenuo o profundamente ignorante -o ambas cosas a la vez- para sostener que la Policía Nacional bajo cualquiera de sus antecedentes historicos, tienen “201 años de servicios ininterrumpidos a la sociedad”, cuando los propios documentos oficiales, reales decretos, presupuestos generales del Estado y testimonios de figuras históricas acreditan lo contrario. Basta con leer, con humildad y rigor, lo que está negro sobre blanco en las fuentes primarias.

La Superintendencia General de Policía del Reino, creada el 13 de enero de 1824, fue suprimida por inutilidad por real decreto de 4 de octubre de 1835, totalmente desmantelada por el real decreto de 18 de diciembre de 1836, y la reina regente lo refrenda en la Gaceta del 2 de septiembre de 1837. A partir de 1848, la Guardia Civil y los alcaldes constitucionales asumieron de forma exclusiva las funciones de seguridad pública en todo el territorio nacional, tal como reconoce -nada menos- que el propio Martín Turrado Vidal en la página 95 de su obra Historia de la Policía Española, a pesar de ser el ideólogo de esta conmemoración fraudulenta.

Resulta ofensivo que la Dirección General de la Policía ignore todo esto y prefiera apoyarse en una narrativa diseñada desde dentro, elaborada por un historiador afín al cuerpo que ha escrito para sí mismo, sin control académico externo, sin revisión por pares, sin sustento legal ni institucional. En ningún país serio se permite que la historia oficial de un cuerpo de seguridad la redacte quien tiene un interés directo en glorificarla. Es el equivalente a que un imputado redacte su propia sentencia.

Además, la formación profesional de la Policía Nacional no comienza realmente hasta bien entrado del siglo XX, cuando la sociedad clamaba por una institución moderna, instruida y eficaz. En 1902, los presupuestos del Estado recogen apenas 1.400 policías circunscritos exclusivamente a Madrid, sin Dirección General, sin cuerpo nacional, sin estructura unificada. El verdadero cuerpo de seguridad pública de carácter nacional ha sido -desde 1844 hasta nuestros días – la Guardia Civil, con presencia en cada rincón del país y con continuidad jurídica e institucional real, no ficticia.

Y, sin embargo, el 26 de febrero de 2024, la Real Academia de la Historia, abrió sus puertas a un libro y a un evento basado en falsedades documentadas. ¿Qué hace una institución de tanto prestigio avalando una construcción histórica que ha sido desmentida incluso por los propios documentos oficiales del siglo XIX? ¿Qué papel juega la ignorancia en esto? ¿Y qué papel juega el silencio cómplice de quienes callan sabiendo la verdad?

Lo más grave no es el error histórico -que ya es bastante- Lo más grave es el uso de dinero público para organizar, promocionar y festejar una mentira institucionalizada. Aquí no estamos hablando solo de memoria o de identidad institucional: estamos hablando de malversación de fondos públicos. De pagar fastos y publicaciones con el dinero de todos en base a una conmemoración sin sustento jurídico, que incluso se ha utilizado para intentar eclipsar y rebajar el papel histórico de la Guardia Civil.

Este engaño no es anecdótico. Es estructural. Es institucional. Y es profundamente preocupante.

Si la Policía Nacional nos miente en su relato histórico, ¿cómo no preguntarnos qué otras verdades ocultas o manipula? ¿Cómo confiar en una institución que construye su legitimidad sobre un castillo de arena? Esta pregunta no es retórica. Es esencial.

Con mi último libro, Bicentenario de la Policía Nacional. La Gran mentira. Parte 2. Formación, instrucción dirección de la Policía Nacional por parte de la Guardia Civil, he querido dar a los ciudadanos, investigadores y periodistas una guía crítica, documental y jurídica para desmontar, punto por punto, esta falacia.

Durante 73 años, desde 1835, no volvió a usarse el nombre de “Policía” para designar a un cuerpo de seguridad pública. ¿Por qué será? Porque el rechazo popular a aquella institución, la delatada inutilidad y su desprestigio fueron tales, que solo una completa reinvención muchas décadas después- pudo volver a vestir de azul a una estructura funcional. Y, aun así, sin solución de continuidad.

La historia verdadera es tozuda. Esta escrita. Solo hay que querer leerla.

 

Benemérita al día - Periódico Digital
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