En la misma calle donde vivía Carrero había un coche de agentes de inteligencia que abandonó el lugar tras la explosión. Es una de las incógnitas, 50 años después, del magnicidio.

Hay muchas formas de enterarse de que una bomba ha matado al presidente del Gobierno, Luis Carrero Blanco, en una calle céntrica de Madrid, en hora punta y con toda la espectacularidad del mundo. Pero pocas más inquietantes, desde luego, como la que eligió un grupo de espías adscritos al Alto Estado Mayor del Ejército: «Nos lo hemos llevado puesto. Menudo agujero hemos hecho».

La frase, de tan solo nueve palabras, no puede ser más contundente. Y ha retumbado en toda la oficina. Por el lugar, por el momento y por los autores. Han pasado solo unos minutos de un atentado del que los españoles tardarán aún más de doce horas en enterarse, pero del que todo el mundo va a hablar. Y lo seguirá haciendo ahora, cuando se cumplen 50 años del magnicidio.

Los autores de la frase son agentes de la Unidad Operativa de la Segunda Bis del Alto Estado Mayor del Ejército que acaban de entrar en la sede después de patrullar en un coche camuflado por las inmediaciones de la calle Hermanos Bécquer, de donde esa mañana ha salido el almirante Carrero Blanco por última vez. Nada más producirse la explosión , los espías reciben la orden de poner fin al «servicio» y retirarse a sus «cuarteles». Cuando entran, pronuncian la frase, que ha sido confirmada por testigos y que aún sigue resonando entre todos aquellos que intentan encontrar una explicación al magnicidio.

¿Por qué dijeron eso? Este autor ha preguntado a alguno de los testigos, que admiten el comentario, pero lo justifican diciendo que fue «una de esas típicas bromas que se gastan en una oficina». Una broma que no precece muy afortunada. «En absoluto -se defienden estas fuentes-. Desafortunado sería si revelara algo, un secreto o una información inadecuada, pero no fue así. No era más que una broma. Los que estaban alrededor saben de qué iba la historia».

Pero, más allá de la frase, hay dos preguntas muy obvias. La primera: ¿qué hacían en la zona del atentado, en la misma calle donde vivía Carrero, esos agentes de inteligencia ? Y la segunda: ¿por qué les ordenan retirarse en cuanto se produce la explosión?

Están en el lugar de los hechos en el momento del crimen, son profesionales de esto y quizás pueden ver lo que otros no ven, buscar a los asesinos, indagar entre los testigos, percibir un coche que huye o un sospechoso que duda. Quién sabe si identificar, de un solo vistazo, a los etarras que han escapado al grito de «gas, gas, gas». Tienen experiencia en ver sospechosos donde otros no los ven. Aunque no sea su labor, al fin y al cabo han matado al presidente del Gobierno.

Vigilando a los soviéticos

La Segunda Bis es el nombre popular con el que se conoce a una división creada dentro de la Segunda Sección del Estado Mayor Central, la encargada de la inteligencia. Su misión era la de controlar cualquier movimiento subversivo dentro del Ejército y expresamente hacer acopio de información sobre actividades de partidos políticos ilegales, en especial el Partido Comunista, los anarquistas o los separatistas que pudieran infiltrarse en las Fuerzas Armadas.

Según la versión que han contado estos informantes, estaban en la zona en una misión de vigilancia a agentes soviéticos, ya se sabe, el enemigo número 1 del Franquismo. Pero no fueron los soviéticos quienes mataron al presidente, sino un comando de ETA que estaba trabajando a solo unos metros de donde estos agentes se encontraban. Y que gritaron: «Nos lo hemos llevado puesto».

Redacción
Con información de La Razón