
Inauguración de la Casa de los Supervivientes
No sería la de mayo de 1972 la única vez que Carlos Iniesta Cano, como director general de la Guardia Civil, visitara el Santuario de la Virgen de la Cabeza, y así, a finales de abril de 1974, tan sólo unas semanas antes de dejar el cargo, se desplazó otra vez al Cerro de la Cabeza, en esta ocasión para inaugurar oficialmente la Casa de la Cofradía de Defensores y Supervivientes del Santuario. Este acto tuvo lugar el fin de semana anterior a la Romería.
El tener una casa propia en el Cerro, como todas las demás Cofradías, fue un viejo anhelo de la de los Defensores y Supervivientes, ya desde el mismo momento de su constitución oficial, en octubre de 1965. Se barajaron diferentes ubicaciones para la Casa y se estudiaron varios proyectos. Uno de ellos, precioso, fue plasmado en un dibujo por Bestard, en 1967, y distribuido entre los cofrades a modo de felicitación navideña, con el objetivo de recaudar fondos para su construcción; en este proyecto, la idea original era que la casa tuviera cierto parecido con el palacio de Lugar Nuevo, donde estuvo el destacamento al mando del teniente Ruano durante el Asedio, con airosas torres en sus esquinas. Finalmente, las limitaciones presupuestarias hicieron que se construyera una casa más modesta, que es la que ahora vemos, y que fue inaugurada oficialmente el domingo 21 de abril de 1974. Tan sólo dos días después, es decir, el 23 de abril, el diario ABC se hacía eco de la noticia de esta forma:
INAUGURACIÓN DE LA CASA DE LOS DEFENSORES DEL SANTUARIO DE LA CABEZA
El vicepresidente primero del Gobierno y el ministro de la Vivienda presidieron el acto
Andújar 22. En el real santuario de Nuestra Señora de la Cabeza, en Sierra Morena, se celebraron solemnes actos con motivo de la bendición e inauguración de la nueva casa de la cofradía de los defensores y supervivientes del santuario. Fueron presididos por el ministro de la Gobernación y vicepresidente primero del Gobierno, don José García Hernández, acompañado del ministro de la Vivienda, don Luis Rodríguez de Miguel, quienes fueron cumplimentados por el director general de la Guardia Civil, don Carlos Iniesta Cano, y el subdirector del benemérito Cuerpo, don Salvador Bujanda González. Una compañía del colegio de guardias jóvenes de Valdemoro, con bandera y banda de cornetas y tambores, rindió honores, pasando revista a la misma las citadas autoridades.
Concurrieron, asimismo, el subsecretario de Gobernación, don León Herrera Esteban; directores generales de Administración Local, Sanidad, Agricultura, Correos y Telecomunicación, Tráfico y Asistencia Social, capitán general de la IX Región Militar, jefe del Estado Mayor de la Región Aérea del Estrecho, generales jefes de la zona de la Guardia Civil, laureados de los tres Ejércitos y de la Guardia Civil, gobernador de Jaén, presidente de la Diputación Provincial y alcalde de Andújar y la viuda e hijos del Capitán Haya, abastecedor aéreo de aquel recinto, y los hijos del capitán Cortés, defensor de aquel baluarte. Millares de personas de Andújar, Jaén y otros puntos de la provincia, así como de las de Sevilla, Granada, Madrid y Valencia, acudieron a presenciar los actos.
En el cementerio del histórico recinto, el vicario general castrense, fray José López Ortiz, concelebró una misa en memoria de los heroicos caídos. Seguidamente se trasladaron al santuario, donde se cantó una salve ante el altar de la Virgen de la Cabeza, y a continuación se depositaron coronas de laurel en las criptas donde reposan los restos de los capitanes Cortés y Haya. Posteriormente, las fuerzas que rindieron honores desfilaron ante las autoridades.
Finalmente tuvo lugar el acto de cesión directa y gratuita de la dehesa de Nuestra Señora de la Cabeza, por parte del Ministerio de la Vivienda, al Ministerio de la Gobernación, para que éste la adscriba a la Dirección General de la Guardia Civil. Firmaron el acta de entrega, junto con los señores García Hernández y Rodríguez de Miguel, los directores generales de la Guardia Civil y de Arquitectura y Tecnología de la Edificación, teniente general Iniesta Cano y don Ramón Andrada Pfeiffer, respectivamente; éste último en su calidad de presidente de la Comisión liquidadora de servicios y bienes de la extinguida Dirección de Regiones Devastadas, que llevó a cabo, en su día, la ejecución de las obras de reconstrucción del santuario.-Cifra.
Este acto, trascendental para el devenir de la Cofradía de Defensores y Supervivientes del Santuario, fue también recogido en el NODO, noticiario oficial de la época. En el fragmento de vídeo que poseemos del evento, aparece Carlos Iniesta Cano en la puerta de la Casa, rodeado de personas (la mayoría de las cuales tenemos identificadas), pronunciando una alocución, cargada de vehemencia, como era habitual en él, cuyas últimas palabras son las que siguen: “Honor por tanto siempre, a los que lo dieron todo por España. Noble perdón, qué duda cabe, a los culpables. Alerta permanente ante los enemigos de la Patria. Y transmitamos nuestra antorcha de sanos e inmutables ideales a las generaciones venideras, que habrán de mejorar sin duda la grandeza de España. ¡Viva España! ¡Arriba España! ¡Arriba siempre España!”.
Como hemos señalado, la inauguración de la Casa fue el 21 de abril de 1974, y unas semanas más tarde, en concreto el día 22 de mayo, Carlos Iniesta Cano se despedía oficialmente del mando de la Guardia Civil, por cumplimiento de la edad que marcaba la ley, es decir, que debía pasar a la situación B, o sea, de situación de destinos de arma o cuerpo, pero sin mando en tropas. En su libro Memorias y Recuerdos, el teniente general Iniesta habla de la siguiente forma de su experiencia al frente del Benemérito Instituto: “Mi periodo de mando en la Guardia Civil fue algo entrañable que no habré de olvidar. Fuerzas disciplinadas, cargadas de prestigio, de gloria bien ganada, enorme vocación profesional y espíritu elevado, son lógica ambición de todo mando”.
Olvido, desidia y muerte
A partir de aquí, comenzó el ocaso personal del teniente general Iniesta Cano. Continuó no obstante con su faceta política, pues siguió siendo procurador en las Cortes franquistas, hasta la disolución de éstas, en 1976. Fue considerado por la prensa de la época como perteneciente al búnker, expresión peyorativa con la que se designaba a aquellas personas de relevancia pública que, en contra de lo que hicieron otros (la mayoría), se mantuvieron fieles al Caudillo y a su obra. Protagonizó algunas apariciones públicas en la prensa, a través de artículos que siempre fueron polémicos, y que no vamos a comentar aquí por escaparse al objetivo de este trabajo. Poco a poco fue desapareciendo de la escena pública, a la vez que se entregaba a su otra pasión: la pintura.
Finalmente, como consecuencia de una afección pulmonar (Iniesta era un fumador empedernido), el teniente general falleció en el Hospital Militar Gómez Ulla, el 6 de agosto de 1990, estando enterrado en el cementerio madrileño de El Pardo, donde también descansan en paz otras personalidades del régimen de Franco.
Prácticamente un año después, el Cuerpo de la Guardia Civil se desvinculaba de la Cofradía de Defensores y Supervivientes del Santuario, abandonándola a su suerte, tras varios años de desidia del Benemérito Instituto para con dicha Cofradía, iniciando entonces ésta una lenta agonía que dura prácticamente hasta los momentos actuales.
Creemos pues que es el momento de poner fin a este trabajo, en el que hemos traído al recuerdo la figura de un militar que, cada uno valorará según sus criterios personales, como es obvio, pero al que nadie podrá negar que, mientras vivió y estuvo vinculado a la Guardia Civil, tuvo muy presentes a los guardias civiles que escribieron la Gesta del Santuario de la Virgen de la Cabeza, unos héroes a los que otros han intentado olvidar de una manera bastante mezquina.
Un artículo de Blas Ruiz Carmona
