El 1 de septiembre de 1988 se incorporaron a la Academia de Baeza las primeras 198 componentes femeninas que iban a pasar a formar parte del Cuerpo de la Guardia Civil. En el mes de junio de 1989, tras finalizar su formación, se integraron en sus respectivos puestos de trabajo.
Ser mujer y Guardia Civil suponía, y supone, todo un reto. Algunas de las de aquella primera promoción tuvieron que superar sus propios miedos por el hecho de ser pioneras, otras tuvieron que vencer la oposición de sus familiares y, todas ellas, competir con las otras 2.497 mujeres que se presentaron a las pruebas selectivas para incorporarse a la Institución.
Hoy, las mujeres guardias civiles desempeñan labores relacionadas con la seguridad ciudadana, investigación, Tráfico, Intervenciones de Armas, Servicio de Protección de la Naturaleza, intervenciones y rescates en montaña,Servicio Aéreo del Cuerpo, Grupos de Reserva y Seguridad, fiscal y de fronteras, centros de enseñanza de la Guardia Civil, en el extranjero y en puestos de mando y de gestión.
Antecedentes históricos: las matronas
En 1948 aparecen los primeros uniformes femeninos, sin divisas ni armamento, para mujeres que llevaban a cabo tareas que no podían hacer los hombres, como registros corporales a otras mujeres. Estas mujeres se denominaron matronas y, por lo general, eran viudas o huérfanas del Cuerpo que auxiliaban en puestos fronterizos y aduaneros, como puertos y aeropuertos.
El camino recorrido desde entonces ha sido largo y no poco tortuoso, pero la realidad demuestra como, día a día, las mujeres en general y las mujeres guardias civiles en particular, han conseguido romper y superar roles y estereotipos que tan asentados estaban en la sociedad.
