guarcivil caballeria

En los momentos finales de la Década Moderada, bajo el ministerio Roncali (diciembre de 1852-abril 1853), la Guardia Civil va a conocer una organización para casos de guerra que no tendrá ninguna aplicación práctica. Se pretende articular a la Institución en batallones y escuadrones de guerra sin reparar en la índole especial de su servicio.

Según la nueva ordenación, los puestos del Cuerpo debían concentrarse en las capitales de provincia y allí formar las unidades expresadas. Los batallones previstos eran doce, con una fuerza oscilante entre los quinientos veintiséis hombres asignados al 6º (que englobaba el 5º tercio) y los novecientos veintiséis que correspondían al 4º (formado por el 3º Tercio). La infantería atendía a lo siguiente:

                “El primer Tercio (Castilla la Nueva) se dividía en dos batallones, primero y segundo; el segundo Tercio (Cataluña), constituía el tercer batallón, del cuarto Tercio (Valencia) se formaba el quinto de los batallones; del sexto Tercio (Aragón), se establecía el séptimo batallón; del séptimo Tercio (Granada) el octavo batallón; de los Tercios octavo y noveno (Castilla la Vieja y Extremadura), el noveno y décimo batallones; del décimo Tercio (Burgos), el úndécimo batallón, y del undécimo, duodécimo y decimotercer Tercio (Navarra, Vascongadas y Baleares), el duodécimo batallón.”

La caballería se organizaba de un modo similar:

                «Los dos escuadrones del primer Tercio habían de constituir los primero, segundo y tercer batallones; los batallones cuarto y quinto se formaban con los dos escuadrones del tercer Tercio y medio escuadrón del noveno Tercio; el sexto batallón, con el cuarto Tercio; el séptimo, con el Tercio sexto; el octavo batallón con los dos escuadrones del séptimo Tercio; los batallones noveno y décimo, con los dos escuadrones del octavo Tercio y la sección del quinto (Valladolid y Galicia); el undécimo batallón con el décimo Tercio (Burgos), y el duodécimo batallón, con las secciones de Navarra y Provincias Vascongadas~

También la fuerza de los escuadrones era muy variable, pues desde los noventa y cuatro caballos que componían el 12º Tercio se alcanzaban los ciento ochenta y tres que agrupaba el 8º.

Basta reparar un poco en la articulación dada a las unidades del Cuerpo para darse cuenta de que su realización práctica era difícil, a más de deficiente. En efecto, la desigualdad numérica en efectivos de los batallones y la lentitud que su organización exigía, la invalidaban por completo.

La práctica vino a confirmar la poca operatividad del proyecto, pues cuando se producen los hechos de 1854 la Guardia Civil actuó según las circunstancias, y en ningún momento la superioridad del Cuerpo se planteó la conveniencia de proceder en la concentración de efectivos de acuerdo con estas normas, según evidencia la documentación de aquellos días.

Suerte pareja corre otro proyecto poco afortunado por su falta de fundamento real: la articulación de unidades de la Institución en Brigadas. El proyecto pasa a ser realidad por Real Orden de 27 de junio de 1863:

                “Aceptando la Reina… lo propuesto por V. E. —Hoyos, Director General de la Guardia Civil entonces—, se ha servido disponer la creación del cargo de Brigadieres Subinspectores para la Guardia Civil y formar en su consecuencia con la fuerza actual del Cuerpo cuatro Brigadas, que se organizarán de la manera siguiente: primera brigada, compuesta de la Guardia Veterana y del 1º, 2º y 5º Tercio; segunda brigada, del 3º, 7º, 12º y 13º, tercera; del 4º, 8º y 11º, y la cuarta, del 6º 9º y l0º”

Una medida tal, sin finalidad de objetivos prácticos, no podía mantenerse mucho tiempo. La Real Orden de 18 de julio de 1865 dice escuetamente:

                “La Reina. – – ha tenido a bien mandar queden disueltas las brigadas que existen en el Cuerpo del cargo de \J, E., pasando a situación de cuartel en el punto que elijan los Brigadieres Subinspectores que las mandan”  La organización en brigadas desaparece, pues, sin pena ni gloria. Sobre el particular es elocuente el siguiente párrafo, muestra del juicio general que mereció tal iniciativa:

                “Una de esas medidas transitorias, que a nada útil conducían, como no fuera al aumento de destinos para dar colocación a algunos de los muchos Brigadieres que había en situación de cuartel, fue la división de la fuerza del Instituto en brigadas, realizadas en junio de 1863, para venir a quedar sin efecto dos años más tarde, en julio de 1865”

Ni la organización en unidades de combate ni en brigadas constituían medidas acertadas para un Cuerpo como la Guardia Civil. La primera queda invalidada por la ausencia de peligro externo, por el aire de conjura y estadillo imprevisto de pronunciamientos y rebeliones y por la lentitud de los medios de comunicación que dificultan la rápida reacción y concentración ante el peligro y la subversión. La segunda es de poca trascendencia por la dispersión habitual de la fuerza y sólo con un sentido administrativo -aparte de «aligerar» el escalafón- podía mantenerse, pero como la administración del Cuerpo era ya compleja, reportaba en definitiva un entorpecimiento.

Enrique Martínez Ruiz

Ubicación geográfica inicial de la Guardia Civil

Benemérita al día - Periódico Digital
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