Damas y caballeros,
Estoy convencido de que no me equivoco si aseguro que, para todos los colegas periodistas que nos vemos hoy reconocidos con el Título de Socios de Honor de la Asociación Círculo Ahumada Amigos de la Guardia Civil, supone todo un privilegio esta distinción.
Como cronistas que somos de la actualidad, nuestro trabajo nos lleva, en multitud de ocasiones, a ser testigos en primera persona de las muestras de valentía, generosidad, honradez y abnegación de los hombres y mujeres que sirven en la Benemérita.
Porque eso es lo que hacen: servir. Servir a sus conciudadanos, a los que prestan protección, auxilio y ayuda en todo tipo de circunstancias.
Servir a nuestra democracia, como garantes de nuestros derechos y libertades.
Y servir a la construcción de un mundo mejor. Primero, por sus valores, por ese Honor que es su Divisa, y que debería ser también un principio irrenunciable en todos los estamentos de la sociedad.
Por su abnegación. Por esa sangre derramada, que es la nuestra, en la lucha contra el terrorismo de ETA. Nunca podremos compensar al alto precio que han pagado por combatir a esos criminales, que nadie ahora puede tratar de rehabilitar blanqueando una historia que nuestros jóvenes deben conocer tal como fue, llamando a cada uno por su nombre: en un lado los asesinos, y en el otro, las víctimas inocentes y los defensores de la paz y la libertad.
Por ser una de las mejores policías del mundo que, desde hace 177 años ha garantizado la seguridad, adaptándose a los tiempos, incorporando nuevas tecnologías y modernizando sus capacidades y técnicas de trabajo.
Por ser parte de nuestra historia, pero, sobre todo, parte de nuestra vida. Nada hay que otorgue mayor sensación de alivio que ver aparecer a la patrulla de la Guardia Civil cuando nos encontramos en apuros.
Y por ser uno más de los nuestros. Ser como nosotros, personas. A pesar de que en un tiempo, después de que en 1857 el general Narváez integrase a los guardias urbanos de Madrid en la Inspección General de la Guarda Civil,
y a causa de esa placa de identificación con un numero que llevaban en la solapa, los agentes sin rango pasaran a ser conocidos como números… no lo son.
No son un simple número de una ecuación, sino seres humanos que han convertido esos valores y principios en una forma de vida, que todos debemos aplaudir y agradecer.
Decía Adlai Stevenson, que la labor de los periodistas es separar el grano de la paja… y publicar la paja. Puede que tuviera razón, al menos, a juzgar por la telebasura que nos inunda, por la falta de deontología que apreciamos en algunos medios de comunicación, por la frivolidad de muchas noticias, y por ese aparente relativismo que parece presidir los criterios actuales.
Chesterton decía que el periodismo consiste esencialmente en decir Lord Jones ha muerto a gente que no sabía que Lord Jones estaba vivo. Y eso es lo que hacen cada día periodistas de la talla de Ana Samboal, de Cristina Seguí, de Luis del Pino, de Dieter Brandau, de Miguel Gilaranz, y de Cayetana Alvarez de Toledo que, no olvidemos, era y es periodista, aunque ahora se dedique a la política. Explicar las cosas como son a personas que, si no pudieran escucharles, creerían que la realidad y la historia son cosas muy diferentes a las que realmente son.
Y eso, lógicamente, crea enemigos. Pero ya saben lo que decía Winston Churchill: “¿Tienes enemigos?, bien, eso significa que has defendido algo”.
Y eso es lo que debemos defender. La verdad. Una verdad que, cada vez, parece más cuestionada.
Porque la verdad para los periodistas, al igual que la Justicia, la garantía de Seguridad y la abnegación por servir a los demás, por parte de la Guardia Civil, son pilares básicos de la sociedad en la que vivimos. Una sociedad en paz y en convivencia Porque, como decía Martin Luther King, “O aprendemos a vivir juntos como hermanos, o pereceremos juntos como idiotas”.
Muchas gracias.
Madrid a 19 de Noviembre de 2021.
