Atentado a la Casa Cuartel de Vic

Ayer se cumplieron 31 años de uno de los más graves atentados de ETA contra la Guardia Civi, el atentado contra la casa cuartel de la Guardia Civil en Vic (Barcelona). A las siete y cinco de la tarde del 29 de mayo de 1991, la banda terrorista ETA lanzaba un coche-bomba contra la casa cuartel de la Guardia Civil en Vic (Barcelona), que quedó totalmente destruida.

LOS TERRORISTAS Y SU INFRAESTRUCTURA

La infraestructura de ETA le permitió durante los años 80 y 90 la permanencia de un comando estable en Cataluña, el Comando Barcelona, autor entre otros del atentado de Sabadell (Barcelona) en diciembre de 1990 que se saldó con la muerte de seis policías. Sus integrantes, aunque su composición pudo variar, fueron Jon Félix Erezuma Uriarte, Joan Carles Monteagudo Povo (exmiembro de Terra Lliure) y Juan José Zubieta Zubeldia.​

Joan Carles Monteagudo había nacido en 1960, y según la policía, tras su salida de Terra Lliure era el responsable de la reorganización del Comando Barcelona.​ Juan Félix Erezuma Uriarte (Guernica y Luno (Vizcaya), 1963), era miembro de ETA desde 1988, y Juan José Zubieta Zubeldia, nacido en Lecumberri (Navarra), en 1965, fue integrante del Comando Nafarroa hasta la desarticulación del mismo, en que huyó a Francia.

Según todos los indicios, el atentado respondió a una consigna de la dirección de la banda para perpetrar importantes matanzas en Cataluña, en el punto de mira internacional con motivo de la organización, justo un año después, de los Juegos Olímpicos de Barcelona.​ Unos meses antes, el mismo Comando Barcelona había asesinado a seis policías en Sabadell. Al día siguiente del suceso, las investigaciones policiales condujeron a la localización de los autores del atentado en la localidad de Llissá de Munt, produciéndose un enfrentamiento que derivó en la muerte de dos de los tres integrantes del comando en el tiroteo.

EL ATENTADO

Plano del atentado a la Casa Cuartel de VicEl vehículo utilizado, un Renault 6 cargado con 216 kilos de explosivos (doce bombonas con dieciocho kilos de amonal cada una), fue proyectado aprovechando la ligera pendiente de una de las calles laterales en las que se encontraba ubicada la casa cuartel. Una vez que el coche-bomba estuvo dentro del patio de la casa cuartel, el etarra Juan Carlos Monteagudo activó el explosivo con un telemando.

En el momento de la explosión, la mayor parte de los guardias se encontraban dando cobertura a una competición deportiva, por lo que en el cuartel había sobre todo mujeres y niños, muchos de éstos jugando en el patio del mismo. Como consecuencia de la explosión, las tres plantas del edificio se derrumbaron, quedando sólo en pie la fachada. Además, la onda expansiva rompió cristales en pisos situados a más de 500 m y afectó a unos 50 inmuebles en el Paseo de la Generalitat en que se encontraba el cuartel. Tras los primeros momentos de confusión, comenzaron a llegar al lugar los equipos de salvamento, bomberos y ambulancias, que comenzaron el levantamiento de escombros y el auxilio a los heridos, cifrados en un primer balance en más de 50, la mayoría niños.

El trasiego de ambulancias, bomberos y policía originó un auténtico caos circulatorio en la ciudad. Por la noche, continuaban los trabajos de rescate, que incluían perros policía adiestrados para el rescate y grúas, habiéndose encontrado hasta entonces siete víctimas, entre ellas tres niñas de 8, 10 y 11 años que se encontraban jugando en el patio, y un guardia civil que se encontraba asistiendo a los heridos cuando fue atropellado mortalmente por una ambulancia. En las tareas de desescombro participaron también muchos voluntarios llegados al lugar del suceso.

Tras producirse el atentado de Vich, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado pusieron en marcha un dispositivo destinado a la localización del comando. Las carreteras de acceso fueron interceptadas por controles policiales, que se sucedían cada 20 km, al tiempo que varios helicópteros sobrevolaban la zona.

Esta investigación culminó con la localización de los tres integrantes del grupo, que se encontraban en un chalé en la localidad de Llissá de Munt (Barcelona), a 42 km de Vich. La pista que condujo a las Fuerzas de Seguridad hasta el escondite que usaron para escapar en una furgoneta que era propiedad de una colaboradora a quien se seguía la pista.​

Cuando los miembros de la Unidad Especial de Intervención de la Guardia Civil intentaron detener a los terroristas, éstos se negaron a entregarse y respondieron con disparos, con lo que se produjo un tiroteo en el que resultaron muertos Erezuma y Monteagudo, y fue detenido Zubieta, que no opuso resistencia, con lo que el comando quedó desarticulado.

La declaración de Zubieta (que fue condenado a 1.311 años de prisión)​ ante el juez resultó crucial para el esclarecimiento de los hechos. En el enfrentamiento también resultó herido un guardia civil, que fue alcanzado por un disparo en un brazo, siendo trasladado a un hospital de Granollers (Barcelona). Además, se produjo la detención de otras tres personas que prestaron apoyo logístico a los anteriores, incluida la propietaria de la furgoneta con que se dieron a la fuga. El Ministro del Interior, José Luis Corcuera, compareció a petición propia ante el Congreso de los Diputados el 6 de junio siguiente para explicar cómo se desarrolló la captura.

LAS VÍCTIMAS

A causa de la tremenda explosión nueve personas perdieron la vida: Los guardias civiles: JUAN CHINCOA ALÉS y JUAN SALAS PÍRIZ; dos mujeres: NURIA RIBÓ PARERA, mujer del guardia civil Juan Chincoa, y MAUDILIA DUQUE DURÁN, suegra del guardia civil Juan Salas y cinco menores de edad: FRANCISCO CIPRIANO DÍAZ SÁNCHEZ, de 17 años; MARÍA PILAR QUESADA ARAQUE, de 8 años; ANA CRISTINA PORRAS LÓPEZ, de 10 años; ROSA MARÍA ROSA MUÑOZ, de 14 años, y VANESSA RUIZ LARA, de 11 años. Como víctima colateral, el guardia civil en la reserva RAMÓN MAYO GARCÍA, prestaba auxilio a los afectados por la explosión y que falleció al ser atropellado por una ambulancia que evacuaba a los heridos.

El Guardia Civil Juan Chincoa Alés de 30 años era natural de Martín de la Jara (Sevilla) y su esposa Nuria Ribó Parera, de 26 años. Su hija Ana que también fue una de las heridas, quedó huérfana de padre y madre antes de cumplir los 2 años.

El Guardia Civil Juan Salas Píriz de 48 años, era natural de Olivenza (Badajoz). Padre de dos hijos y casado con Manuela Morgado Duque, que resultó también herida, La explosión del coche-bomba también mató su suegra, Maudilia Duque Duran.

El joven Francisco Cipriano Díaz Sánchez de 17 años estudiante 3º de ESO en el Instituto Callis de Vic. En el momento de la explosión se encontraba estudiando en su domicilio del acuartelamiento. Murió en el acto por la onda expansiva provocada por el coche-bomba. Su hermana Pilar, de 18 años, también resultó herida por la explosión. Sus padres estaban ese día en Zaragoza asistiendo a un funeral.

Las hijas del Guardia Civil Teodoro Porras, Ana Cristina Porras López, de 10 años, e Isabel Porras López de 7 años también fueron afectadas por la explosión. Ana Cristina murió en el acto mientras jugaba con sus amigas en el patio de la casa cuartel y su hermana Isabel Porras López, de 7 años, resultó herida de gravedad y se le tuvo que amputar parte de la pierna izquierda. También murió en el acto a raiz de la tremanda explosión, Vanessa Ruiz Lara, de 9 años.

La niña María Pilar Quesada Araque de 8 años iba a recibir su Primera Comunión el domingo siguiente. Estudiaba en el colegio del Sagrat Cor, situado a escasos metros de la casa cuartel en la que vivía.

La niña Rosa María Rosa Muñoz de 14 años, murió también en el acto mientras jugaba con sus amigas en el patio de la casa cuartel. Sus hermanos, Pedro y David, de 15 y 17 años, que en el momento del atentado se estaban examinando en la Escuela Industrial de Vic, por este hecho se salvaron de milagro. En el momento en que asesinaron a su hija, su padre, el cabo de la Guardia Civil David Rosa, se encontraba en Madrid cursando estudios para ascender.

El Guardia Civil Ramón Mayo García en situación de reserva activa, tenia 55 años y estaba casado, era natural de Talavera la Real (Badajoz), prestaba auxilio a los afectados por la explosión y falleció al ser atropellado por una ambulancia que evacuaba a los heridos. Descansen en paz en la Casa de Dios.

José Miguel Fernández Navas
Vocal de Relaciones Institucionales y Sociales

 

 

 

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