
Por Miguel Ángel Ulecia Martínez. Cardiólogo y Escritor.
Tratar de explicar bajo un nivel aceptable de claridad, nuestra actual situación política comprendo que encierra una ardua tarea. Sin embargo voy a intentar aportar mi humilde grano de arena, acercándome lo más que pueda a argumentos con sentido común.
Por otra parte, debo señalar que aunque lo anterior pueda más o menos intentarse, el darle un marchamo de credibilidad a “vender el alma al diablo” –aunque este sea de color verde–, es evidentemente harina de otro costal. Dado que esto, si bien puede llevar un efímero éxito, implica con toda seguridad una profunda degradación moral.
Tal vez algunas metáforas consigan dar un punto de luz y quizás despierten la empatía justa y necesaria para con los sentimientos de los sufridos españolitos, desde las conciencias de nuestros “especímenes” políticos actuales,.
Consideren por un momento que se encuentran en el MetLife Stadium de NJ a las tres de la tarde (hora española) del día 19 de julio, la final del Campeonato Mundial de Futbol 2026, y que la van a disputar Arabia Saudí y Uzbekistán. ¿Se imaginan este hipotético escenario? ¿Podrían considerar que el “azar” hubiera designados cándidamente que todos los árbitros fuesen de nacionalidad iraní? Creo que la respuesta con mayor probabilidad sería: ¡bah!, esto es solo el producto de la fantasía exaltada de un lunático.
Pues esto simple y llanamente se podría hacer mediante un Relato que mate al Dato, solo habría que amañar árbitros y ejercer autoritarismo (¡dinero!):
La Evidencia Objetiva. Los antecedentes, las trayectorias o los resultados de todos los equipos participantes en dicho evento futbolístico, es decir los Datos objetivos, concluirían que vista la evidencia no se podría dar esa final, ni esos podrían ser el equipo arbitral.
La Narrativa Emocional. El Relato, pues sería construir una historia potente que neutralice estos datos. Para ello nada más fácil por ejemplo que adaptar algunas de estas:
Cambiar el marco de juego sin discutir. Inventar o cortinas de humo. Introducir factores que causen miedo o al menos incertidumbre. Buscar culpables de forma clara (crear un enemigo palpable). Repetir varias veces algunas mentiras hasta convertirlas en verdad.…Por cierto, ¿no les recuerdan estas narrativas a alguna propaganda política de los años 30-40 del siglo pasado?. Probablemente una lectura de una novela (finalista del Planeta 2021) de Paloma Sánchez-Garnica ilustre estas cuestiones.
Traslademos el símil futbolístico al plano político actual:
1º. ENTRENADOR: lo más seguro es que este puesto lo ejerza el presidente y, hoy en día, su función podríamos denominarla como de “hacer encajes de bolillos”, dado que la estratagema para salvaguardar un banquillo, donde todos corran en la misma dirección, únicamente se la pueden brindar sus “sosias.”
2º. VAR: su vigilancia directa y persistente, al igual que las revisiones sobre las zonas de la defensa corresponden a los árbitros del VAR, es fácil influir sobre las decisiones polémicas con lo cual se puede cuestionar la imparcialidad de cualquier decisión. ¡Así se podría explicar incluso hasta una conspiración! Y por qué no una particular promoción mediante el famoso muro que divida en dos nuestra sociedad, –aquello de ¡arbitro casero! (¿lawfare?), o de su antónimo–.
3º. PERIODISTAS: una parte se convierte en la delantera gubernamental que siempre va al ataque y que, por motivos de difícil valoración, nunca defienden –creadores de fake news–, mientras que otros se transforman, por otras razones a veces también poco confesables, en micrófonos de la defensa, perpetuando noticias.
Detrás de esta analogías pienso que, tanto los caprichosos comportamientos como la jactancia que sobre sus respectivos “atributos”, ponen de manifiesto este maremágnum de personajes, hacen plausible cualquier ficción, al convertirse en los dueños del silbato y de la capacidad autoritaria. Convendrán conmigo que los mandatarios que estén en posesión de los mayores argumentos y superen al de los demás, harían que… ¡vamos que su país estaría en la final!
Usar esta metáfora universalmente entendible –el futbol–, ha sido para acercarnos a la innegable realidad del “día a día” en la vida de cualquier españolito, donde se evidencia el gran escepticismo que generan esas noticias, concatenadas en una mala con otra peor, generando ante todo una honda preocupación en la sociedad por la deliberada y creciente polarización durante los últimos años (no os recuerda a aquello de ¡divide y vencerás!).
Personalmente creo que para dar mejor explicación a la situación causada por la corrupción política (que empaña el buen nombre de España), le vendría mejor una segunda metáfora la del “sastre y el traje”. Ya saben aquel donde éste tras tomar medidas erróneas adopta la solución más económica, de mayor rentabilidad y más conveniente para él: ¡no, yo no corto otra tela, lo que voy a hacer es acomodar el cuerpo del cliente al traje que me ha salido! Por lo tanto, éste: se encorvará, torcerá el cuello, encogerá el brazo izquierdo y alargará la pierna derecha, y le sentará como un guante. ¡Todo menos utilizar otra pieza de tela!
Si reubicáramos esta situación en la política gubernamental actual tendríamos:
1º. SU CONFECCIÓN. Es inexorablemente un traje ideológico hecho a la carta con retales que van desde ultraizquierdas, a derechas xenófobas, a los que se unen algún que otro parche de independentistas y filoetarras (amigos de ETA), rematándolo con cosidos de oportunistas nacionalistas locales. En fin, que podríamos tipificarlo como un hábito de monje de estilo cubista o quizás picassiano (con perdón al arte), donde el sastre –el gobierno– elige la tela, su dimensión, el color, etc., para trabajar con lo que se tercie “caiga quien caiga”. Sería algo parecido a aquel malintencionado termino inventado por una mal llamada, tanto progresista como soez, “geometría variable”. ¿Variable de qué?, pues de mis intereses personales, ¡vamos!”.
2º. SU COMPOSTURA. Es un rompecabezas de naturaleza enigmática y con los signos de ¿? a modo de espada de Damócles, siempre sobre sus antinaturales votaciones para Leyes, Decretos, Reales Decretos, etc. Sin realmente existir mayorías, pues cada “sosias” tira para su beneficio egoísta. Es decir que a todos les “trae al pairo” el interés o necesidad de los españoles, un puro y maligno egocentrismo. El gobierno lo cose dependiendo del dedal que se le preste, recortando y remendando las normas institucionales a su antojo o a las de sus “sosias”, convenientemente acordado.
3º. SUS HECHURAS. Algo parecido a una veleta que es movida al antojo del levante o del poniente –nunca aceptarían la “calma chicha”–, como diría el genio de Groucho Marx “estos son mis principios, si no les gustan, tengo otros”. Dicho de otra forma el gobierno no viste al país con lo que necesita, sino que confecciona cada vez un traje de hechura distinta, alterando los patrones del Estado Español y de la Constitución en beneficio de su supervivencia o de quien convenga en cada momento. Ejemplo, el desafío de alterar el código penal o cualquier patrón del Estado para la Amnistía, y así obtener aquellos votos necesarios de sus “sosias”. Vamos que “el sastre” manifiesta cada vez un relato que camufla el dato para convencer sobre todo a esa opinión pública adocenada. Resultado: un traje confeccionado con retales.
Traje al que los sastres de la Moncloa etiqueten sin pudor de resiliente. Pero que al igual que ocurre en el cuento del “Rey Desnudo”, donde los que tienen sentido común ven como realmente la vestimenta no aguantaría un tirón desde cualquiera de sus asimétricos lados, pues sus cosidos penden de un hilo que no solamente es corto, sino de una solidez más que dudosa.
Casi siempre que un político de “medio pelo” trata de justificar sus actuaciones utilizando todos estos argumentos surgen, llamémosle prudentemente, obstáculos de difícil e injustificable naturaleza. Casos en la historia reciente española, ¡“haberlos, haylos”! (incluso alguno esta siendo juzgado en estos momentos), y en cualquier institución actualmente el caldo de cultivo es propicio a ello.
¿Realmente el contexto del Teniente General Llamas, DAO de la Guardia Civil es uno de esos casos?. ¿Puede integrarse dentro de alguna metáfora como “venta por un plato de lentejas”, o tal vez en un “arrastrar el uniforme”? ¿Ha conllevado un acto de malbaratarse? Vamos a tratar de analizarlo sin que se descuelgue algún sesgo. Veamos:
1º. La norma. El DAO es un cargo de libre designación donde participan el Gobierno (ministro y la propuesta del director/a de la GC), que como requisito único obliga el estar en activo en el cargo de Teniente General. Se elige por tanto dentro del conjunto de Tenientes Generales en activo a aquel que mayor vinculación tenga con la Dirección General y con el Ministro de turno. Digan lo que digan esto es así: ¡lo tomas o lo dejas!.
2º. Desempeño: Elección discrecional, propuesta por instancia política y ratificada por Consejo de Ministros, lo cual indica que su naturaleza es la de cualquier puesto de confianza política (implica nombramiento y cese según criterio político sin motivo ni justificación). Cosa que puede suceder actualmente con cualquier Jefe de Servicio, por ejemplo, de un Hospital: traducido al “roman paladino” sin proceso selectivo meritorio, en sintonía total con las directrices políticas y si se sacan los pies del plato… el cirujano corta por donde se le ordena.
3º. Ordenes polémicas (según informes UCO): Inacción deliberada (no tomar la iniciativa o coloquialmente ponerse de perfil), dada en persona por el DAO en las dependencias de la UCO. Obstaculizar investigaciones. Acelerar sin las revisiones pertinentes los informes de determinados casos. Intento de apertura de expedientes disciplinarios a mandos de la UCO. Apertura de informaciones reservadas contra miembros de la UCO.
Personalmente pienso que desde la gravedad de estas actuaciones y tratándose de un cargo de libre designación, la coyuntura actual del DAO, al menos de momento para este (sin entrar a valorar a aquellos que les dieron las oportunas ordenes, sus superiores políticos), justificaría su destitución o renuncia. Su motivación podría estar basada en pérdida de autoridad interna, así como por las peticiones de las asociaciones profesionales, obstaculizar y entorpecer la investigación de los jueces, exposición grave al resto de la Guardia Civil, junto al agravante que conllevan la deshonra de su profesión y uniforme (pérdida de PRESTIGIO, violación del CÓDIGO ÉTICO, etc.).
¿Qué soluciones se podrían proponer? (a mi entender según la magnitud de los hechos y la reiteración política de estas situaciones, deberían tener estas prioridades):
1º. Imputación por la autoridad competente de la Audiencia Nacional, y tirar del hilo tras el cual está todo el enredo de la madeja (léase políticos con mando ejecutivo).
2º. Cese político inmediato (la más fácil para el gobierno, pero el problema –el Relato– de fondo no lo soluciona).
3º. Petición propia de pasar a la reserva por las deshonrosa situación (evita enfrentamientos personales, pero tampoco resuelve el Relato de la Trastienda).
Si me permiten una recomendación, hay una serie de una televisión privada que relata estos hechos en otro lugar de habla hispana. ¡Impresionantes las coincidencias!
¿Existen algunas estrategias para desmontar estas tropelías –así como las que vendrán– de la trastienda gubernamental (puede leerse también “cloaca”)? ¿Podemos contrarrestar un malintencionado Relato? Difícil, dado que nuestra mente tiene la fea costumbre de procesar siempre bajo el prisma de una historia o emociones; si bien, creo que no es imposible.
Pero ahí van algunas sugerencias:
Visualizar o poner una cara a las cifras abstractas: hacer ver el impacto que estas tienen bajo la presencia de una persona detrás de “carne y hueso”.
Contrarrestar una narrativa: crear otra historia donde se ponga de manifiesto la falsedad del relato, con lo que realmente se revelarían los datos.
Desarmar el relato: poner al descubierto las intenciones y los sentimientos que oculta el relato mentiroso. O simplemente reinterpretar sus hechos, todo “acto” puede tener más de una explicación.
Hacer visuales e interactivos los datos: utiliza (como he hecho antes) metáforas, analogías o comparaciones.
No ser tajantes cuando se dé el dato: tal vez reconociendo algún tipo de incertidumbre, usando palabras como “probablemente”, “puede existir un mínimo error”, etc.
Pienso que ambos (Dato y Relato) no deben ser excluyentes, pues si uno de ellos pone encima de la mesa la verdad objetiva y las evidencias, aunque de un modo frio y casi siempre poco comprensibles, el otro nos aporta el contexto emocional, aunque puede introducir un sesgo de manipulación y hasta ocultar cualquier cosa tras una cortina de humo, conveniente para el que lo maneje.
Creo que la manera en que se utilicen ambos va a depender real y principalmente de cada individuo o de cada colectivo, en el momento que decida ponerlo en práctica y según emplee su sentido común (eso, si es que lo tienen). Los factores que les hagan ir hacia que el relato mate al dato, o bien a que el dato mate al relato, o incluso hacia el equilibrio de ambos serian por tanto: el objetivo que se esté buscado, a que grupo de personas lo van a dirigir y de qué manera lo comunicaran.
En resumen, actualmente podemos considerar varios elementos fundamentales:
UNO, que cada vez se hace más imprescindible utilizar la mayor de las astucias junto a argumentos con peso suficiente como para contrarrestar cualquier Relato que huela a narrativa tipo “fake news” –venga de donde venga–, tipos como la “máquina del fango”, la “economía española es un cohete”, “yo no conozco a esa persona”, “estos periodistas tienen un contubernio con los jueces”, “estos son los matones de la derecha de toda la vida”… y los que están a punto de salir, no olvidemos que hay más de setecientos “libre-pensadores” dándole matraca a la única neurona que tienen (aunque, eso sí, muy bien pagada).
DOS, que no nos sigan haciendo trajes a la medida bajo las telas, las tijeras y los hilos para diseñar normativas, leyes y decretos para la necesidad, el placer y el disfrute de todo político de medio pelo, al que nunca le preocupará la calidad con la que sobreviva cualquier ESPAÑOLITO.
TRES, situar el fiel de la balanza en un equilibrio de sentido común sin matar a ninguno de los dos ni al dato ni al relato. Siendo conscientes de que debemos permanecer siempre alertas porque lo que buscan estos políticos en la actualidad es CONSEGUIR QUE SU VERDADERO PODER PUEDA RESIDIR Y RESISTIR ADAPTANDO LOS DATOS A SU CONVENIENTE RELATO.
Un consejo quizás fundamental, que se ha convertido en imprescindible: leer, contrastar, opinar y debatir, ya que todo ello no solo nos aportará mayor riqueza intelectual, estar en posesión de un pensamiento con entera libertad, obsequiar con contundentes pronunciamientos, sino que además será más difícil engañarnos con un Relato “ad hoc” que trate de acabar con cualquier dato objetivo para la conveniencia de quién ejerza la autoridad. Al mismo tiempo que desenmascarar y denunciar a quién se malbarate en cualquier contexto de poder.
