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El secretario de Estado director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Félix Sanz Roldán, fue nombrado guardia civil honorario en un acto presidio por el anterior director general de la Guardia Civil, Arsenio Fernández de Mesa. Esta distinción, una de las más altas otorgadas por la Guardia Civil, le fue otorgada durante un acto con motivo del 168 aniversario de su fundación.

Excelentísimo señor director general de la Guardia Civil, excelentísimas autoridades, oficiales generales, oficiales, suboficiales, cabos, guardias civiles, ya desde hoy mismo mis compañeros:

Después de cuarenta y seis años sirviendo a España en el Ejército, después de haber sido remunerado con tan alta soldada como ejercer el cargo de Jefe del Estado Mayor de la Defensa, después de habérseme dado el honor de continuar sirviendo a España como director del Centro Nacional de Inteligencia, cuando todas mis expectativas estaban cumplidas, más que cumplidas, cuando había escrito ya el último asiento en mi hoja de servicios, la Guardia Civil, mi Guardia Civil del alma, me distingue con tanto honor como llevar el título de guardia civil honorífico.

Gracias por ello a todos cuantos, de una forma u otra, han ideado, impulsado, propiciado o administrado los actos que han hecho posible que este título caiga sobre mí.

Gracias a todos, a todos vosotros, a los que desde hoy me dirigiré, con legítimo orgullo, llamándoos mis compañeros. Gracias por este honor.

Los honores, decía un viejo capitán del Siglo de Oro, consisten, no en tenerlos, sino en arribar a merecerlos. Mis merecimientos son escasos, pero permitidme que reivindique alguno. Desde muy niño, hijo de guardia civil de segunda, mi pobre padre no llegó ni a cabo, me acostumbré a pasar bajo las letras, rudas, pintadas por los propios guardias, en el cuartel de Uclés, que decían: “El honor ha de ser mi principal divisa”.

Desde muy niño también di a mi padre el sombrero –los buenos guardias sabéis que así es como se llama el tricornio- cuando salía de casa para prestar un servicio.

Desde muy niño intuí los valores de la Guardia Civil, de la sola observación de mi padre y de sus compañeros.

Y, también, desde muy niño, en las tardes largas y calurosas de los veranos, oía el runrún del comandante de puesto leyéndole la cartilla a sus guardias, y grabé en mi memoria frases como: “Siempre fiel a su deber, sereno en el peligro, desempeñará sus funciones siempre con dignidad”, o “el guardia civil debe ser prudente sin debilidad y firme sin violencia”, o “el guardia civil sólo será temido por los malhechores”, o “el guardia civil no hace más que cumplir con su deber, y a lo único que debe esperar, es un recuerdo de gratitud de aquellos a quienes han favorecido”.

Y recuerdo también, compañeros, el servicio de correrías, ocho días a pie recorriendo los caminos de España, con el escaso condumio que cabía en una cartera negra, y que compartía lugar con la pluma y el tintero que la ordenanza decía que debía llevar siempre todo guardia civil.

Y tantos sacrificios y tanto servicio como cabe en vuestro emblema: una espada y un haz de lictores. Nada de todo eso que aprendí y que recibí de la Guardia Civil es comparable a mis escasos méritos, compañeros guardias, pero quiero haceros también una pequeña promesa. Los soldados, desde el Siglo de Oro de España, que luchaban juntos, lo hacían en compañía, compañía después dio un nombre a la unidad más básica de los ejércitos y la Guardia Civil, que se exportó a todo el mundo, y hoy, en cualquier lugar del mundo, la unidad básica se llama compañía, y el que sirve en ella es el compañero. Pues a vosotros, desde este mismo momento, deseo ofreceros mi compañía, no sé en qué modo, pero sabed que la tenéis. La tenéis aquellos que estáis sirviendo a España en Afganistán, o en Iraq, o en el Líbano. Tenéis mi compañía los que en estos momentos patrullan todos los caminos y las carreteras para que un día de fiesta sea verdaderamente un día de fiesta. Aquellos que, en el callado servicio rural, hacen que nuestros pueblos sean pueblos y sean nuestros; los que vuelan en aeronaves con el escudo de la Guardia Civil, y los que surcan la mar. A mis compañeros del alma del

Servicio de Información, que tanto me ayudan en mi función de hoy. A todos. A todos. Y en especial a vosotros, guardias jóvenes, polillas de Valdemoro, que mantenéis la ilusión que mantuvieron vuestros padres, en cierto modo la misma ilusión que mantuve yo admirando al mío.

Queridos compañeros, este viejo soldado, con el más profundo agradecimiento, os promete honrar el título que hoy se me otorga, como hace un guardia civil y como dice la cartilla: “Con dignidad, y si fuera necesario, con firmeza”. Mi padre, el guardia segundo Sanz Torres, que estará en algún sitio, nos estará viendo, y estoy seguro de que hoy estará mucho más orgulloso por tener un hijo guardia que por haber tenido un hijo general. Muchas gracias.

 

Benemérita al día - Periódico Digital
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