
Muchas veces en esta vida suceden cosas que tratan de amargar nuestra felicidad, pero entonces hay que tratar de convertirse – virtualmente, por supuesto – en lo que querían dejar a Don Mendo: sordo, mudo, manco y ciego.
El estreñimiento mental (el no obrar) a veces es bueno, pero solo temporalmente, no como nuestro dilecto Presidente del Gobierno, cuyo estreñimiento mental es permanente. Pero el caso es que esa no es la norma y te acaban cabreando bastante. Ya se sabe el pésame que un pastor dio a la viuda reciente de un prohombre de su pueblo: “señora, no hay más que joderse”. Entonces, la viuda, dolida y sincera, le agradeció el pésame diciéndole: “es usted más basto que una mesa de cocina, pero ¡qué razón lleva!”
Porque uno vive entre mentiras y envidias, condenado a soportar una existencia guiada por diversos individuos de moral distraída, tanto los gobernantes como sus oponentes. ¡Qué pena! De hecho, al bueno de Fray Luis de León lo enchironaron por decir la verdad, acusándole torticera y embusteramente. El pobre, cuando salió de la cárcel y regresó a su cátedra, no quiso dedicar ni una sola palabra a sus enemigos, comenzando la lección del día con aquella famosa frase suya: “decíamos ayer”… Aunque su sentimiento quedó reflejado en un poema precioso en el que, entre otras cosas, escribió:
Aquí la envidia y mentira
me tuvieron encerrado.
Dichoso el humilde estado
del sabio que se retira
de aqueste mundo malvado,
y con pobre mesa y casa,
en el campo deleitoso
con sólo Dios se compasa,
y a solas su vida pasa,
ni envidiado ni envidioso.
Lo que sucede es que no siempre el campo es tan deleitoso, como acontece en la película GUERRERAS VERDES, donde más que un campo deleitoso aquello parece una sucursal de la mafia calabresa. Por cierto, ¿cuál es la razón por la que la Guardia Civil lleva las guerreras verdes? Pues porque aunque el color principal de los uniformes de la Guardia Civil al crearla era de color azul oscuro («dado en tina», se indicaba) con cuello, vivos, vueltas y bocamangas en grana, se empleó el verde para algunas capas o sobretodos, que constituían la prenda de abrigo para servicios en despoblados y cuyo color pudiera haber sido aconsejado por la mayor discreción con que así se podría mover la pareja por los campos, ganando en seguridad con ello. A mí no me convence la razón, pero prefiero pensar bien y no pensar en suministros exclusivos. Es curiosa la manía de cambiar cíclicamente los uniformes y… ¡mire usted por Dios!, resulta que siempre hay un solo fabricante que los hace, al menos en un momento inicial. Pero sigue siendo de notar el hecho de que dichos cambios siempre suceden cuando cambian los partidos gobernantes, los cuales vienen lampantes accediendo al poder con una mano delante y la otra detrás. Igual sucede en los ayuntamientos, ejércitos, etc. Y es que ya lo decían los antiguos: “la imaginación tiende al doblón”.
Pero volvamos al argumento de nuestra película. Dolores, una rica hacendada de la serranía cordobesa, está enamorada del Sargento Sáez, del puesto de la Guardia Civil. Aprovechando la ausencia de Dolores, con ayuda de la hermana gemela de ésta la mantienen encerrada en el sótano del cortijo. Y junto con el administrador de la finca y el hijo del alcalde, montan un negocio de falsificación de dinero. No digo más, para no destrozar la intriga.

Junto a una imponente Carmen Sevilla y la excelente réplica de Sancho Gracia, encontramos un reparto con Cristino Almodóvar, Rafaela Aparicio, Simón Cabido, Roberto Camardiel, Florinda Chico, Ricardo Espinosa, Manuel Gil, Agustín González, Sancho Gracia, Rafael Hernández, Luis Induni, Francisco Marsó, Daniel Martín, Francisco Nieto, Miguel Pedregosa, Antonio Rebollo, Lorenzo Robledo, Carmen Sevilla, Ángel Álvarez.
La película posee la siguiente ficha:
Titulo Original: Guerreras Verdes.
Director: Ramón Torrado.
Guion: Rafael J. Salvia, Bartolomé Torralba Peláez.
Género: Drama.
País: España.
Año: 1976.
Duración: 95 minutos.
Música: Fermín Gurbindo.
Fotografía: Juan Gelpí.
Ramón Torrado, tras dedicarse durante un tiempo a las artes plásticas, vino a Madrid en 1939. Ya en la capital, contactó con el mundo del cine, en el que comienza a trabajar como adaptador con Manolenka (1939), obra escrita por su hermano, a la que seguiría, un año más tarde El famoso Carballeira, igualmente adaptación de una de las comedias de su hermano Adolfo. Su debut como director tuvo lugar (gracias a Suevia Films, de Cesáreo González), con el corto Tres maletas y un lío (1942) y la película Campeones (1942), en la que intervenían estrellas de fútbol como Zamora, Quincoces, Polo y Gorostiza. En las siguientes décadas siguió rodando hasta alcanzar la cincuentena de títulos. Algunos de ellos figuran entre los más taquilleros de su época, especialmente Botón de ancla (1948), protagonizada por Antonio Casal, Fernando Fernán Gómez y Jorge Mistral. Su penúltimo film fue Guerreras Verdes. Se le criticó mucho, tachándosele de asalariado de Franco y de hecho, a partir de 1976, solo hizo una película (Sospecha en la Sombra), falleciendo en ese mismo año, 1990, a los 84.
Y es que nuestros “demócratas” lo son menos que un flautista cavador. La cultura de la convivencia, la cultura de las ideas compartidas, no es propia de un país tan inculto en su clase política como es este. Aquí sobran ideologías y faltan ideas en nuestra clase política. Curiosamente, cuanto menos cultos, más de izquierdas. Pero las derechas no les quedan a la zaga. No son tan bárbaros, porque poseen mucha mejor y mayor educación (los otros son profundamente primitivos e incultos), pero tenemos una derecha con una afición al ‘manguis’ que no es normal. Eso sí, con más elegancia y disimulo, pues las izquierdas son bastas hasta robando. Y es que, no lo dudemos, un comunista es un rico en fase de aprendizaje y la mayoría no se aplican bien y son torpes también robando. Al menos aquí, en España.
En fin, siempre que no se les ocurra vestir a la Guardia Civil con el uniforme arco iris, iremos tirando. Como decía Horacio: Carpe diem, quam minimum credula postero, que traducido viene a ser: “aprovecha el día, no confíes en el mañana”. Me voy a tomar una cervecita, en vista de ello.
Francisco Hervás Maldonado
Coronel Médico (r)
