Desde JUCIL denuncian que la rebaja de los criterios de calidad pueden ocasionar perjuicios para los agentes al vestir uniformes menos resistentes

La asociación mayoritaria de la Guardia Civil acaba de poner el grito en el cielo. JUCIL reclama paralizar la licitación de un contrato de más de 8 millones porque el pliego rebaja la calidad de la ropa destinada a los guardias civiles. Y todo ello ocurre justo después de que distintos inmigrantes hayan recibido prendas del uniforme de la Guardia Civil con el consiguiente enfado de los agentes.

Una serie de fotografías corrieron como la pólvora por las redes sociales hace tan sólo unas semanas. En ellas se podía ver a varios inmigrantes con prendas de la uniformidad oficial de la Guardia Civil. Una de esas fotos estaba tomada en Ceuta, en la carretera de El Jaral, donde se separan los caminos entre el CETI (Centro de Internamiento Temporal de Inmigrantes) de esta localidad y el acceso al Centro Ecuestre y la Federación de Hípica. Pero el problema radica en que esa uniformidad contribuye a identificar a los agentes y miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. No son prendas de abrigo sin más.

Pues bien, justo después de surgir ese problema, la asociación profesional ha solicitado que se detenga el proceso de licitación de las nuevas prendas de la uniformidad «porque hay empresas que, además, contaban con información con anterioridad al resto, lo que afecta a los principios de publicidad, concurrencia, transparencia e igualdad». Es más, JUCIL pone «como ejemplo de la bajada de la calidad de la ropa que se han disminuido los parámetros que establecían la resistencia a la tracción de las prendas, una decisión que sorprende en una situación como la actual donde los guardias civiles sufren cada vez un mayor número de atentados y agresiones».

La asociación profesional Justicia para la Guardia Civil (JUCIL) ha solicitado, por ello, y «a través de un escrito remitido a la Dirección General de este Cuerpo la paralización de la licitación para contratar la compra de distintas prendas de ropa de la uniformidad de los guardias civiles, porque en el pliego de condiciones para participar en este concurso público se han rebajado de manera sustancial algunos criterios de calidad que hasta ahora se exigían, lo que podría redundar en un perjuicio para los guardias, dado que vestirán uniformes de peor calidad, menos resistentes y que generará un gasto aún mayor por una reposición más continuada». El contrato cuya paralización se solicita tiene un valor estimado de 8,3 millones de euros.

JUCIL insiste en que, a diferencia de anteriores licitaciones, «los pliegos de prescripciones han variado de una manera sustancial en el caso de las botas y zapatos respecto de las actualmente vigentes». En el caso del pantalón técnico, «se demanda la paralización porque han variado parámetros en cuanto al color del uniforme y se ha reducido el marcador de la actividad antibacteriana», indica JUCIL. «Se ha detectado otro parámetro modificado: ‘la resistencia a la tracción’», que actualmente se cambia por perforación».

En la situación actual, en la que los agentes de la autoridad sufren numerosos atentados y agresiones, sorprende que se reste importancia a la tracción que sufra la uniformidad, lo que se consideraba en el pliego de la licitación anterior como ‘defecto mayor’ mientras en el actual no tiene consideración alguna», especifica la asociación profesional.

JUCIL también plantea sus quejas sobre la nueva cazadora técnica, una de las prendas más utilizadas por los guardias civiles. La asociación denuncia que se rebaja «el parámetro de repelencia al aceite, incluso al de armas». «En cuanto al alargamiento para la rotura también se modifican los parámetros a la baja», añade JUCIL. Y, con respecto a los polos de la Guardia Civil señala que, con la nueva serigrafía «se caen las letras con facilidad y todo esto sumado al tiempo que se tarda en recibir el vestuario por parte de los agentes, preocupa gravemente porque puede afectar a la imagen de la Guardia Civil», dice la asociación profesional.

Redacción
Con información de Libertad digital | Carlos Cuesta