Vecinos de Barbate se concentran este sábado contra el narcotráfico y en repulsa por el ataque a los guardias civiles.

La población gaditana teme ser presa del narco y exige más seguridad frente a las mafias que han asesinado a dos guardias civiles

Llueve a ratos y en el puerto pesquero de Barbate hay un silencio inquietante. Reina la calma, pero una calma tensa. Apenas han pasado unas horas desde que una pequeña lancha de la Guardia Civil, con seis agentes a bordo, fuera arrollada por una poderosa narcolancha, dejando dos muertos y un tercero gravemente herido. Con la luz del día apenas se reconoce el escenario del brutal ataque que jalearon (y grabaron) unos cuantos que han indignado y avergonzado a muchos en este pequeño pueblo pesquero.

Pero esa indignación se expresa a media voz y algunos callan, directamente, cuando el periodista pregunta por lo sucedido aquí mismo, hace apenas doce horas. Quienes hablan lo hacen a salvo de miradas discretas y bajo petición de anonimato. Como Juan (el nombre es ficticio), un maestro redero que lleva más de 50 años siendo testigo de lo que entra y sale de estos muelles. «Aquí todos me conocen, si sale mi nombre pueden venir a hacer daño», dice. Y señala a algunos de los que forman corrillos en el bar cercano.

«Aquí siempre ha habido droga», explica, «pero lo de esta noche jamás había pasado». Se refiere, claro, al asesinato de David Pérez y Miguel Ángel González, 43 y 39 años, que murieron de forma instantánea después de que la goma de los narcos que se habían refugiado en la bocana del puerto ante el intenso temporal les pasara, literalmente, por encima.

En los últimos meses, cuenta, ha notado mayor actividad de los narcos en la zona y en el puerto. Pero lo habitual, añade, es que se mantengan a distancia y solo entren, como sucedió en la noche de este viernes, cuando azota demasiado el viento y la lluvia y la navegación se vuelve demasiado peligrosa.

Bocana del puerto de Barbate, donde ocurrió el ataque a los guardias civiles

A Juan se le revuelven las tripas cuando habla de lo ocurrido a solo unos metros de su cuarto de redes. Por la trágico muerte de los dos agentes y, enfatiza, por quienes grabaron y jalearon a los narcos desde los muelles. «Si alguno de ellos hubiera sido mi hijo, que Dios se lo lleve», proclama indignado. Encima, añade, «ni siquiera podemos hablar libremente».

Una fuente municipal relata cómo los agentes fueron embestidos, cómo trataron de huir y volvieron al percatarse de que uno de ellos había caído al agua y cómo llegaron, a duras penas y con la lancha muy dañada, a un pantalán recién estrenado en el puerto. Y, mientras, los narcos y sus hooligans se reían.

Lo que Juan apunta, a media voz y con el nombre cambiado, lo grita el portavoz de la Coordinadora Alternativa contra la droga, Francisco, Paco, Mena, que señala directamente a los clanes de narcos del Campo de Gibraltar y cómo están extendiendo su radio de acción y buscando nuevas rutas y puntos de desembarco para sus alijos a medida que la presión policial ejercida en el marco del Plan Especial del Ministerio del Interior se hace cada vez más insoportable en La Línea de la Concepción o Algeciras, su ecosistema natural hasta hace poco.

Mena advierte de que esos narcos «empiezan a contaminar otros puntos de la provincia» y Barbate es uno de ellos. Buscan puntos débiles en la seguridad, huecos menos protegidos, con escasos medios, por los que moverse y Barbate, insiste, reúne esos requisitos.

Ve «intolerable» la actitud de los que grabaron y animaron el ataque, muy probablemente jóvenes conectados con esas mafias de narcos que han encontrado en ellos la mano de obra que necesitan para tareas menores, como la descarga de los fardos o el reportaje de combustible.

Barbate tiene ahí uno de sus puntos débiles fáciles de explotar por las mafias de traficantes. La juventud sufre aquí, con especial dureza, las consecuencias del paro rampante que coloca a la localidad a la cabeza de las peores estadísticas oficiales y que se situó, en diciembre del año pasado, en el 27,65%. Con estos datos, el caldo de cultivo para que el narco extienda sus tentáculos es más que ideal.

Juan defiende que son los menos los jóvenes dispuestos a echarse en brazos de los contrabandistas de droga y que la juventud barbateña está en otras cosas, en formarse y trabajar. Pone como ejemplo a sus propios hijos, todos ocupados.

En lo que sí está de acuerdo con Paco Mena es en que los guardias civiles que se echaron a la mar la madrugada del viernes lo hicieron sin medios, en una «barca de juguete».

Esa crítica se escucha por doquier en las calles de un Barbate que se ha despertado conmocionado por el asesinato de los dos guardias civiles y que se reúne de forma masiva a mediodía a las puertas del Ayuntamiento, frente a sus banderas a media asta, para expresar su rechazo a la violencia de los narcos, su solidaridad con las familias de las víctimas y, también y de forma enérgica, para quejarse de la falta de recursos de las fuerzas de seguridad que combaten en una lucha desigual.

El alcalde, Miguel Molina, el consejero de Presidencia, Antonio Sanz, y otras autoridades en la concentración.

Entre quienes gritan consignas a favor de la Guardia Civil y en contra del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska -que ha suspendido a última hora su visita a la localidad-, están Antonio Hernández y su mujer, Antonia Chirino. Los dos saben de lo que hablan. Él, guardia civil jubilado, ha servido en Barbate durante años y ella, como esposa de agente, conoce de primera mano lo indefensos que están frente a un delincuente mucho mejor preparado y, sobre todo, mejor armado.

Que hacen falta más y mejores medios es lo que repiten, una y otra vez, en el Ayuntamiento. Tanto su alcalde, Miguel Molina, como su concejal de Seguridad Ciudadana, Francisco Ponce, o la teniente de alcalde, Ana Moreno. Han sido constantes, en los últimos tiempos, los escritos dirigidos al ministro para exponerles la penosa situación de la Guardia Civil y reclamarle refuerzos y siempre, lamentan, con el mismo resultado. «Es hora de que se nos escuche», dice Ponce a sus vecinos.

Si eso no sucede, advierte Mena, Barbate corre el peligro de volver al pasado, a los años oscuros de la década de los 80 del siglo pasado, cuando el cabecilla del clan de traficantes de los Antón se paseaba por sus calles con total impunidad y con un león como mascota.

Aquellos tiempos fueron, dice, una «pesadilla» para Barbate que muchos en la localidad recuerdan aún. Unos tiempos en los que los traficantes eran los amos y señores y la heroína hizo estragos entre las tripulaciones de los pesqueros. Hasta el punto de que la población dijo basta, como este sábado, se echó a la calle y forzó a las autoridades a adoptar medidas urgentes en forma de un plan especial que devolvió la normalidad a este rincón costero de Cádiz que se ha quedado descolgado del desarrollo turístico de sus vecinos.

Por ahora, subraya el concejal de Seguridad, no se ha detectado un especial repunte del narcotráfico, pero que las mafias del Campo de Gibraltar se han fijado en Barbate -40 kilómetros de playa apenas vigilados y un paro disparado que le ofrece abundante mano de obra- es un hecho.

Barbate, insiste el presidente de Alternativas, está a poca distancia de revivir aquella pesadilla y «la sociedad no puede mirar hacia otro lado».

Redacción
Con información de El Mundo | Chema Rodríguez