Iniesta pasando revista

Carlos Iniesta Cano, en su libro Memorias y recuerdos, que me está sirviendo de guía en este relato, pensaba que “el rendir homenaje a cuantos hombres y unidades supieron escribir gloriosas gestas, es el premio más grande que anhelan recibir y, en consecuencia, son actos que se deben realizar en cuantas ocasiones solemnes se presenten, pues constituyen el constante alimento de su espíritu”.

“Siguiendo tal criterio –afirma Iniesta- procuré elegir estos lugares de heroísmo para celebración de juras de bandera, y así lo hice desde el primer momento de estar al frente de la Guardia Civil, pues el acto primero de gran solemnidad celebrado a tal fin tuvo lugar antes de los tres meses de haber tomado el mando. El lugar elegido fue el Cerro de los Héroes, es decir, el cerro de Sierra Morena donde se eleva el Santuario de Santa María de la Cabeza. El glorioso lugar donde el capitán Cortés y sus guardias civiles escribieron con su heroísmo y con su sangre una de las más brillantes gestas que adornan nuestra Historia. Consistió en una misa de campaña el día 6 de mayo de 1972, fecha del 35 aniversario de los hechos”.

Vamos a hacer una breve parada en el relato de los acontecimientos, para puntualizar algo muy significativo, a saber: el primer acto solemne del teniente general Iniesta como director general de la Guardia Civil, tiene lugar en el Santuario de la Virgen de la Cabeza, y en 1974, tres semanas antes de dejar el cargo, también lo vamos a ver subir al Cerro de la Cabeza para inaugurar oficialmente la Casa de la Cofradía de los Supervivientes del Asedio. Es decir, con la Gesta de la Virgen de la Cabeza empezó, y con la Gesta terminó Iniesta su mandato al frente de la Guardia Civil. Sobran las palabras.

Respecto a la jura de bandera antes citada, dejemos que sea el propio Carlos Iniesta el que nos cuente qué sucedió aquel histórico día en el Santuario de Sierra Morena, transcribiendo aquí unas cuartillas que él escribió para su personal recuerdo:

“…sábado, 6 de mayo de 1972… Se cumplían con toda exactitud treinta y cinco años, más cuatro días, de aquella fecha histórica, gloriosa, inolvidable y enormemente triste, en que España, esta Patria ejemplar de raza legendaria, aumentaba la lista innumerable de sus héroes; pero también perdía un hombre que era patente ejemplo de heroísmo, en unión de aquel puñado de españoles (puñado heterogéneo en edades y sexo ) que, fieles al honor y al sentimiento patrio, entregaron su vida por España, y su alma limpia, llena de gloria y de grandeza, a Dios nuestro Señor.

Aquel sábado 6 del mes de mayo (que es el mes de la Virgen y las flores), nuestro glorioso cuerpo de la Guardia Civil rendía en aquel cerro el homenaje de oraciones a la Virgen, y el de las flores de admiración y de recuerdo emocionado que nos dictaba el corazón hacia los españoles protagonistas de la gesta.

El ambiente del día no podía ni tampoco debía ser alegre. Quizás por eso mismo amaneció nuboso, con el pequeño riesgo de una lluvia menuda que en ocasiones se hacía más intensa. En general, el ambiente grisáceo era, sin duda alguna, fondo adecuado para que sobre él destacase el sentir de emoción, de congoja… de respeto que a todos invadía por igual. Con anticipación notable a la hora marcada, la carretera serpenteante que desde Andújar trepa hasta el Cerro de los Héroes, por los bellos parajes de aquella zona histórica de Sierra Morena, se encontraba repleta de vehículos que transportaban cientos de personas para asistir al acto. Deudos de aquellos héroes que entregaron su vida, supervivientes otros del histórico asedio durante el cual lucharon como héroes, sufrieron como mártires o derramaron su generosa sangre por España; y muchos más que allí se trasladaban con el fin de rendir fervoroso homenaje a aquellos españoles ejemplares, constituían el cortejo.

¡Qué mezcla tan extraña de diferentes sentimientos ocultarían aquellos corazones! En unos, el dolor y la tristeza…; en otros, el recuerdo y la nostalgia…; en otros, la emoción ilusionada, y en todos, el orgullo incontrastable de sentirse españoles.

El cortejo seguía el difícil trazado de aquella ruta emocionante, que ofrece en cada tramo un paisaje distinto, de verdadero ensueño. En un momento, tupidas zonas de olivares; en otro, duros riscos de atrevidos perfiles; más tarde, lomas y barrancos cubiertos de retama…; de pronto, a nuestra izquierda, el conocido monumento a Solitario, el jabalí del que nos habla el admirable Jaime de Foxá. Durante el recorrido, en lo alto de rocas que nos dan la impresión de inaccesibles, o en las medias laderas, o sobre picos destacados sobre el cielo, la estampa españolísima que adorna nuestros campos con su castizo garbo, de un gallardo jinete de la Guardia Civil, centinela de España y firme garantía de su paz.

Por fin, tras una curva, cuando por esperarlo con enorme impaciencia sorprende más aún, la impresionante silueta, esbelta y majestuosa, del famoso santuario, romántico edificio deshecho por la lucha y hoy ya reconstruido, como gigante legendario sobre el glorioso cerro, que a su grandeza natural se suma hoy la de las páginas heroicas que en él fueron escritas. Algunas curvas más, algunos metros de altitud, que al remontarlos iban haciendo que aumentase el ritmo del latir de nuestros corazones, y… ante los ojos de los que llegaban, la estampa emocionante de la explanada deportiva donde tuvo lugar el primer acto: la misa de campaña.

En la explanada, la formación vistosa de la Guardia Civil:

* Una sección de la Guardia de Tráfico.

* La Academia Especial, con sus dos promociones de alféreces cadetes.

* Bandera con su escolta.

* Música y banda.

* Colegio de Guardias Jóvenes “Duque de Ahumada”.

* Representaciones del Centro de Instrucción y de las seis zonas de la Guardia Civil.

* Fuerzas de la Comandancia de Jaén.

Dando frente al santuario se hallaba situado el altar, donde tuvo lugar la santa misa, concelebrada por el capellán de la Dirección General y los Padres Trinitarios del Santuario, con sus hábitos blancos y gran cruz bicolor, que serán para siempre el símbolo glorioso de aquellos expulsados por los grupos marxistas al iniciarse las páginas históricas del año 1936.

En tribuna especial y lugar destacado, la representación de caballeros Laureados de San Fernando. Al frente de estos héroes el teniente general Gómez de Zamalloa (canciller de la Orden). El resto lo integraban los generales López de Haro, Serra Algarra y Esteban Asunción, comandante Rivera, capitán Nombela y el consejero nacional don Jaime Bofill Gasset. A su costado se hallaban situados, en asientos dispuestos en diversas filas, el grupo de supervivientes de la gloriosa gesta; entre los cuales figuraban los hijos del heroico capitán Cortés, así como el alférez Carbonell y… tantos otros más, tanto mujeres como hombres, que es imposible relatar, dada la confusión que producía su número, y a los cuales rogamos no piensen que es olvido y que, por el contrario, vean sus nombres aquí escritos, como lo están por siempre en nuestra Historia. Más a la izquierda, autoridades militares y civiles y el resto de invitados. En la primera fila, la excelentísima señora viuda de Carlos Haya, el heroico aviador. Nos faltaba la viuda del heroico Cortés, porque se hallaba enferma.

Destacamos entre las jerarquías que se citan a los tenientes generales don Joaquín Montero y don Ángel Salas (capitán general de la IX Región Militar y jefe de la II Región Aérea, respectivamente), gobernador civil de Jaén, presidente de la Diputación de dicha provincia, alcaldes de Jaén y de Andújar, don Julián Corell (jefe del Distrito Catedral, del Movimiento de Valencia), teniente general de Aviación don Francisco Vives (uno de los gloriosos aviadores que sobre el santuario volaron con el grupo de Haya durante el desarrollo de la gesta), así como todos los generales jefes de zona de la Guardia Civil, gobernador militar de Jaén, un numeroso grupo de generales jefes y oficiales de nuestro Cuerpo Benemérito, de los Ejércitos de Tierra y Aire, y el reverendo padre Andrés, superior de los Trinitarios, llegado desde Valdepeñas.

En otros acotados se agolpaban, latiendo de entusiasmo y emoción, cientos de visitantes, tanto de la provincia como de diferentes regiones españolas. Se rindieron honores a los tenientes generales Montero y Salas y, finalmente, antes de la misa pasé revista a las tropas formadas. Celebrada la misa de campaña, pronuncié una castrense alocución.

Mientras yo pronunciaba la alocución, hubo un momento de emoción que es muy difícil describir: dos reactores, cuyas tripulaciones estaban compuestas por los capitanes don Fernando de Arteaga y don José García Rodríguez, como pilotos, y los tenientes don Claudio Reig Navarro y don José María Coriat Cid, operadores del sistema de armas, todos pertenecientes al Escuadrón número 121 del Ala 12 del Mando de la Defensa Aérea, dieron varias pasadas sobre el campo en vuelo bajo y con extraordinario acierto, pues coincidieron con las palabras que dedicaba al heroísmo de la Aviación que, mandada por Haya, realizó sobre el Cerro de los Héroes y posición de Lugar Nuevo, prestando tan valiosos servicios de protección y auxilio.

La emoción producida por las pasadas que se citan de los dos reactores provocó una ovación cerrada de cuantos presenciaban tan oportuna como arriesgada acción; con más motivo aún, ya que las circunstancias negativas de lluvia y nubes bajas, con carencia absoluta de visibilidad, hacían insospechable la aparición de dichos aviones. Desde el nuboso cielo lanzaron sobre el Cerro de los Héroes el precioso mensaje que no es preciso comentar, pues por sí solo hace temblar el alma de emoción. El mensaje decía como sigue:

“España, 6 de mayo de 1972. Mensaje lanzado desde el aire. A los que hoy peregrinan en el Cerro: El 2 de mayo de 1937, al mediodía, un avión nacional voló por última vez sobre el santuario de Santa María de la Cabeza. El parte de este último servicio aéreo, número 238 de los realizados desde el comienzo del sitio, fue redactado por el capitán de la Guardia Civil Rodríguez de Cueto, que una vez más iba como tripulante, y entre otras cosas decía lo siguiente. “Parece ser que el enemigo ocupó el santuario… No se ve ninguna bandera ni indicio que pueda aclarar si el enemigo ocupó el santuario”. (Rodríguez de Cueto se había pasado a la zona nacional, dejando a su familia en el cerro, al amparo de Cortés). En efecto, el santuario había caído la víspera en poder de los rojos, después que Cortés quedase fuera de combate; y a esa misma hora del mediodía del 2 de mayo, el bravo capitán Cortés, con la aureola de los héroes, entregaba su alma a Dios en el hospitalillo que los rojos tenían en Las Viñas, chalet que hoy se llama de San Francisco, a la derecha de la carretera, según se baja a Andújar.

Todavía, mientras el avión sobrevuela el cerro, se disponían a enterrarlo, amortajado con su guerrera de capitán del Benemérito Instituto. La imagen de Santa María de la Cabeza había ya desaparecido, como si hubiera querido con ello manifestar su deseo de no permanecer allí después de la marcha hacia el cautiverio de los gloriosos supervivientes. Habíase, pues, consumado la epopeya española de otro 2 de mayo: la de los que se sacrifican por el honor e independencia de la Patria.

Han pasado treinta y cinco años, y el vuelo de estos aviones de España sobre el cerro proclama hoy la gloria de aquella gesta y el singular maridaje de las alas nacionales con la Guardia Civil, sellado para siempre por los dos hombres más representativos de la épica hazaña: Cortés y Haya, cuyos restos reposan juntos en la cripta. A ellos y a todos los defensores del Cerro de la Cabeza va nuestra oración: ¡Que Dios les dé el descanso eterno y a nosotros nos lo niegue hasta que hayamos agotado las fuerzas en hacernos dignos de su sacrificio! Héroes de Santa María de la Cabeza: ¡Presentes! ¡Viva Franco! ¡Arriba España!”

Una vez terminada la alocución, tuvo lugar en la capilla del santuario el canto de la salve y la ofrenda de flores a la Virgen, terminado lo cual se celebró en la cripta el responso y la entrega de coronas de laurel ante las tumbas de los heroicos capitanes Cortés y Haya, que, unidos, simbolizan toda una Historia escrita por cientos de españoles que son honor y orgullo de la raza. Tras la breve visita al monumento que inmortaliza a nuestros héroes (impresionante obra de González Orea), así como al museo de la heroica defensa, nos trasladamos al cementerio de la gesta, donde reposan los gloriosos restos de cuantos defensores cayeron por la Patria durante los combates de aquel asedio interminable, que dudo exista pluma capaz de relatarlo con toda la emoción que sus innumerables hechos producen en el alma.

Allí descansan para siempre los cuerpos de cuantas almas españolas se unieron en los “sagrados ideales de un 18 de julio”, en aquel trozo histórico y glorioso de nuestra tierra andujareña, para salvar a España y hacer posible el cumplimiento de su “destino en lo universal”. De aquellos españoles que lucharon con la fe hasta encontrar la muerte…, fieles a las consignas que no podemos olvidar: “…desdeñad los llamamientos que desde un lado os lanza el odio y de otro lado el egoísmo y la pereza…”, y aquella otra, que no dudo sonaba en sus oídos , llenando de entusiasmo sus nobles corazones: “ya es hora de que España, unida, fuerte y resuelta, recobre el timón de sus grandes destinos”. Con sólo recordar tantos hechos gloriosos como fueron escritos en nuestra Cruzada, los santos sacrificios, la generosa sangre derramada por las tierras de España, las lágrimas benditas y el admirable orgullo de nuestras mujeres, el heroísmo, la firmeza, la inequívoca acción y el admirable ejemplo del Caudillo de España… Con sólo visitar la inenarrable estampa de aquel emocionante cementerio, es imposible siquiera concebir, no sólo ya el olvido (que equivaldría a la traición), sino la santa herencia que aquellas almas nos dejaron.

España será grande, España será libre y España será siempre una unidad perfecta entre sus tierras y sus hombres, mientras exista, como habrá de existir eternamente, nuestro sentido patrio y nuestro puro concepto del honor.

¡Ingenua pretensión la de aquellos, carentes de sanos ideales, que pudiesen pensar como cosa posible arrebatarnos lo que nos corresponde por la razón indiscutible de un gran derecho histórico y designio de Dios! Que renuncien también a sus nefastas esperanzas quienes puedan creer que todo lo pasado son aguas que se olvidan tras crear un terreno cuya fertilidad les facilite beneficiarse de los frutos de una cosecha que no supieron merecer o que su incompetencia no supo conservar. Si alguien pensase en ello, nunca debe olvidar que el heroísmo no busca ni desea la violencia; por el contrario, la rechaza, porque quiere la paz, la grandeza de España y su progreso: ese progreso que supo darnos Franco.

Pero tampoco olvide, como alguien ya lo dijo, que “la justicia y la Patria serían defendidas sin dudar por la violencia, cuando por la violencia, o por la insidia, se intentare atacarlas”. Nuestro sin par Caudillo, modelo de nobleza y de acendrada españolía, supo prever y cuidar nuestro futuro patrio al designar a su alteza real el príncipe de España como continuador de su gran obra, dentro del marco histórico de los principios inmutables de

un 18 de julio, que, lo mismo que ayer, es hoy y será siempre único norte de nuestra recta ejecutoria que, en un mañana sólo fijado por nuestro Señor, estará encomendada al noble corazón del príncipe Juan Carlos, cuyo amor de español y grandeza de alma son garantía de continuidad de la labor patriótica de Franco para que nuestra España cumpla siempre en el mundo su gran destino histórico.

En el citado cementerio del Cerro de los Héroes, mientras tras la música y la banda de la Guardia Civil interpretaba (como lo hizo en la cripta) el toque de oración, el capitán general de la IX Región Militar hizo la ofrenda de coronas de laurel en homenaje a aquellos héroes legendarios… Un brillante desfile de las tropas cerró los actos emotivos con lo que una vez más España quiso honrar la gloriosa memoria de sus hijos.

Que Dios les dé el descanso, y a nosotros nos niegue el ansiado reposo, hasta que nuestro esfuerzo por la gloria de España nos haga dignos de su heroico sacrificio”.

Por Blas Ruiz Carmona

Benemérita al día - Periódico Digital
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.