Es muy importante que un Guardia Civil no actúe en solitario, salvo muy raras excepciones, porque las acciones son más creativas y por ende más eficaces cuando se realizan en compañía; pero no en grupo, porque en el grupo se diluye la personalidad de las ideas.

No nos quepa duda de que hay que unirse; no para estar juntos, sino para hacer algo juntos, como bien dijera Donoso Cortés. Esto, que parece algo insustancial, es en buena parte la razón de la eficacia centenaria de nuestra Guardia Civil. Porque ya desde el principio se comprobó que una pareja capta mejor las situaciones que un solo individuo o un grupo más numeroso. La coordinación laboral entre la pareja de Guardias va progresando con el tiempo y llega un momento en el que no son precisas las palabras, sino que basta una mirada, un gesto, un ligero movimiento… para que el compañero o la compañera comprenda de qué va el tema, para comunicarse criterios de actuación, para tomar decisiones rápidas y eficaces. Pero es pareja no debe de cambiarse con frecuencia, pues se perdería su gran seguridad y eficiencia.

La compañía en la tarea progresa hacia una inteligencia común que le lleva a ejecutar sus cometidos de la manera más rápida, económica, resolutoria y – sobre todo– inteligente posible. Y esto último es fundamental, porque tal como decía Albert Camus, la estupidez insiste siempre. Pongamos un ejemplo. Una pareja de la Guardia Civil está de vigilancia en una empresa que ha recibido una amenaza de robo. Bien, pues si no están bien coordinados, cada uno da preferencia a una cosa y si, tal vez uno acierte, pero no podrá convencer
fácilmente al otro. Eso viene a resultar claro en lo que dijo Kant: “el sabio puede cambiar de opinión, el necio nunca”. ¿Serán sabios los dos? Es difícil. Siempre habrá uno más entrenado que el otro y, sobre todo, entrenado con otros criterios no compartidos por falta de tiempo de compañía.

Además, no creamos que el delincuente razona. El delincuente, por lo general, carece de ética y volviendo a Camus: “un hombre sin ética es una bestia salvaje soltada en este mundo”. Claro, la diferencia está en la inteligencia de esa bestia, que se guía por conceptos psicopáticos: primero yo, después yo y a continuación yo mismo. Un delincuente (de cualquier tipo) es incapaz de pensar en los demás. Bien, pues eso es algo que deben de tener claro nuestras parejas de Guardias Civiles. Sin embargo, a veces se duda, fundamentalmente
por la actitud benemérita. Engañar a uno es mucho más fácil que engañar a dos. Y engañar a un grupo es todavía más fácil que ello, pues basta con prometerles cosas que quieran oír. Por ejemplo, que se entrega o que no sabía lo que hacía y que llamen a su abogado. La pareja es menos crédula, porque tienen experiencia de trabajo solidario mucho más directo que el grupo y no es lo mismo cotejar dos opiniones que veinticuatro, por ejemplo.

La pareja de la Guardia civil coordina dos tareas complementarias que las convierten en una, se comunican mejor y son mucho más rápidos. Además, uno protege al otro en cada momento y reacciona inmediatamente ante el más mínimo riesgo.

De todas formas, las agresiones han cambiado. La introducción de los drones en el mundo de la delincuencia tal vez exija no tardando mucho que las parejas se conviertan en tríos, uno de ellos con control informático del entorno apoyado por algún sistema de inteligencia artificial que se active y ese dron inteligente tomará sus propias decisiones. La pregunta es: ¿cuántos compañeros han de morir para que se tome la decisión de usar drones armados inteligentes? No lo sabemos nadie. Todo depende de criterios un tanto etéreos dominados por una economía regida por la política.

Hasta que maten a un político. Entonces se hará a velocidad de vértigo. Y esto no sucede solamente en España, es un mal común de todos los países.

Eso sí, para control de tráfico se usan drones –a veces– de vigilancia, porque las multas son las multas… y aportan dinero a las arcas públicas.

Dios proteja a nuestros Guardias.

Francisco Hervás Maldonado
Coronel Médico (r)
Presidente del Círculo Ahumada