En el marco del Casino Militar de Madrid, se celebró en la tarde-noche de ayer la presentación oficial del nuevo presidente del Círculo Ahumada – Amigos de la Guardia Civil.

Abrió el acto el General Auditor, vocal togado del Tribunal Militar Central Excmo. Sr. D. Fernando Mayandía Fernández que glosó la figura del nuevo presidente del Círculo Ahumada – Amigos de la Guardia Civil el Coronel Médico (r) D. Francisco Hervás Maldonado.

A continuación, el Coronel Hervás hizo un emocionado recordatorio del anterior presidente y fundador del Circulo Ahumada tristemente fallecido en enero de este mismo año y se entregó a sus hijas una placa conmemorativa grabada y un libro con las firmas de los asistentes.

Tomó la palabra como Director de Benemérita al día el que suscribe y ofreció a los asistentes un resumen de la actividad del diario digital.

Seguidamente el presidente dicto la conferencia «Operación Balmis, COVID y Guardia Civil» que ofrecemos íntegra a continuación. D. Francisco Hervás es Coronel Médico (r), Doctor en Medicina y Cirugía y Especialista en Microbiología y Parasitología.

Hablar de COVID (que son las siglas de COrona VIrus Disease) es hablar de un mundo muy complejo y lleno de interrogantes: la virología, y en especial la evolución de los virus y su transmisibilidad.

¿Qué es un virus? Pues se trata de un elemento vivo, torpe y agresivo. En definitiva, es una molécula de ácido nucleico –ARN o ADN– que se establece por su cuenta sin preocuparse de considerar los inconvenientes que arrastra la enorme complejidad de la existencia. Si, es un ser vivo ultramicroscópico, pero incompleto, pues para poder vivir necesita de un ADN de un ser vivo al que infecta. Y lo necesita para casi todo: para que le produzca sus proteínas necesarias y le ayude a replicarse una y otra vez, hasta reventar la célula colonizada. Con el tiempo, sobre todo los virus ARN, como el Coronavirus, tienden a aliarse con el ADN de su huésped (se llama así a la persona infectada y también a cada una de sus células infectadas). Entonces podemos encontrarlos solos o en fragmentos dentro de una zona de reserva del ADN que se conoce como intrones.

El DNA. (Intrones y exones)

El ADN de cualquier ser vivo, y más en los humanos, contiene dos clases de elementos en su molécula; los elementos codificantes o exones, que son los genes que intervienen en la conservación de la vida: creación de proteínas estructurales y de defensa, formación subsecuente de tejidos y órganos del cuerpo y regulación del sistema de comunicaciones entre todos ellos. Para lograrlo cuentan con el apoyo de diversos tipos de ARN. Antes se decía que eran tres: mensajero, de transferencia y ribosomal. Bien, hoy sabemos que son muchos más, pero como decía Aristóteles, “no podemos llegar a conocer totalmente la verdad, pero siempre conocemos algo de ella”. Por tanto, seguimos conformándonos con los tres de siempre. Pues esa es la cuestión, hay que aproximarse a la verdad como sea. Esa zona del ADN son los llamados Exones y es la zona que trabaja de la molécula de la vida, pero estos Genes que la forman solo constituyen el 15%, aproximadamente, de dicha molécula. El 85% son marañas enredadas más o menos por dentro de la molécula. Dichas marañas son los llamados intrones, que hasta hace unos treinta años eran considerados basura genética. Se basaban en que allí podemos encontrar fracciones de ADN y ARN de casi todos los seres vivos con los que hemos ido tratando y tratamos a lo largo de nuestra evolución. O sea: reptiles, peces, insectos, mamíferos, aves, etc. E incluso de un mosquetero de la Galia, si procede. Y es precisamente en esa zona donde acaban alojándose los virus, una vez “domesticados”, lo cual tiene una gran ventaja para ellos: viven sin esforzarse, como algunos que vienen de fuera a que les demos de comer, algunos parientes inesperados, el famoso indio gorrón, etc. En realidad, se trata de un gran almacén genético, pues con frecuencia se dañan los genes por el uso y lo utilizan para repararse y volver a estar en forma, sacando de él todo lo que necesitan. Sin embargo, no es sencillo pasar a formar parte de ese almacén de ocio, pues la competencia es enorme y hay lista de espera. Además, hay personas que disponen de más sitio, como los niños, ya que su experiencia de trato con otros seres vivos es mucho menor que la de los ancianos, por ejemplo, quienes tienen listas de espera enormes. Entonces, acaso por la falta de espacio, los virus invasores se enfadan y se vuelven más agresivos con las personas mayores. Como diría un amigo mío de Santander, con los que ya “no nos cocemos al primer hervor”.

Bien, la realidad no es completamente así, pero básicamente esta es la cuestión y en el fondo aclara los conceptos. Tal vez por eso yo sea bastante partidario de Paul Valéry, cuando decía aquello de que “hemos de falsear la verdad para poderla llegar a comprender”.

El virus SARS-COV-2

Vamos un paso adelante. La molécula de ADN, a través de sus genes, manda órdenes para que se produzcan anticuerpos (que son unas proteínas especializadas en defensa inmunológica del organismo) para que actúen frente al virus invasor. Pero el ADN es prudente y tiene que asegurarse de que el virus es agresivo, por lo que, si no lo conoce, tarda unos días en reaccionar. Sigue el criterio que nos decía Esquilo, el dramaturgo de la antigua Grecia: “la prudencia es el don más notable de los cielos”. Tal vez el ADN sea una molécula muy prudente y religiosa. Pero claro, tanta prudencia tiene sus inconvenientes. Al ver tanto virus circulando por las arterias y venas del cuerpo, el sistema de coagulación se activa para que no pasen de un lugar a otro y se producen trombos y embolias por distintos puntos de nuestro organismo con objeto de taponar los vasos sanguíneos para impedir el paso de los virus. Por otra parte, esto crea toda suerte de reacciones patológicas, especialmente neurológicas o respiratorias. Es decir, ictus y neumonías. Con esas hemorragias cerebrales el individuo enfermo pierde la capacidad de control de su cuerpo y es como una cascada de patologías lo que le aparece en riñones, intestino, etc. Los problemas respiratorios más graves no son debidos al virus, sino a una colonización bacteriana de unos pulmones medio encharcados e incapaces de proveer el recambio de oxígeno al cuerpo. Tengamos en cuenta que los virus suelen entrar al cuerpo por las células caliciformes de la nariz que, al tener una forma convexa, facilitan que las proteínas de cubierta del virus, proteínas S (Spike proteins), incrustadas en su cubierta cónica, se peguen muy fácilmente a la célula receptora y, gracias a ellas, se rompa lo suficiente la membrana de las citadas células caliciformes y entre el ARN del virus. Allí se multiplica y pasa a la sangre. Dichas células caliciformes (forma de cáliz) de la nariz poseen una función fundamental, que es la de producir moco para proteger la mucosa respiratoria de la entrada de impurezas en el aire que respiramos. Claro, al perderse esas células se facilita enormemente la entrada de muchos más virus de COVID y de otros tipos.

Fin de la primera parte y, como dice el refrán, ahora viene la segunda que es la más interesante.

¿Cómo se ha formado este Coronavirus tan agresivo? Pues hay muchas y muy diversas opiniones. Sin embargo, parece probable es que este virus no sea natural, sino más bien de fabricación artificial. Posiblemente para un tema de investigación, pero parece más que probable que haya salido de un laboratorio de tipo P4, creado para estudio de patologías infecciosas o para fabricar medicamentos contra ellas. Casi seguro que se trata del de Wuhan, en la China. Un laboratorio P4 es el que posee las mayores medidas de seguridad. Los hay en Liverpool, Lyon, Munich, Solna, Roma, Virginia, Atlanta, Wuhan, etc. En España solo tenemos una zona P4 dentro del laboratorio P3 del Instituto de Salud Carlos III, en Majadahonda. La verdad es que el montaje de un laboratorio de estas características es extraordinariamente costoso. Y su mantenimiento, más todavía.

Dra. Li-Meng Yan

Li-Meng Yan –una famosa viróloga china afincada en los Estados Unidos–ha publicado junto con su equipo un informe de 26 páginas en el que se afirma que el causante de COVID es un virus artificial. Se basan en tres puntos, especialmente:

En primer lugar, afirman que «la secuencia genómica del SARS-CoV2 (que es como técnicamente se llama al coronavirus causante de Covid) es sospechosamente similar a la de un coronavirus de murciélago descubierto por laboratorios militares de la Tercera Universidad Médica Militar de Chongqing en China y el Instituto de Investigación de Medicina del Comando de Nanjing, también en China».

La segunda evidencia establece que “el modelo de unión al receptor (RBM) dentro de la proteína S (Spike) de la cubierta del SARS-CoV2, que determina la especificidad del huésped del virus, se parece al del SARS-CoV de la epidemia de 2003 de una manera sospechosa. La evidencia genómica sugiere que la RBM ha sido manipulada genéticamente”. Las siglas SARSCoV significan Síndrome Respiratorio Agudo Severo causado por Coronavirus.

Por último, los científicos explican que el “SARS-CoV2 contiene un sitio de escisión de furina único en su proteína Spike o S, que se sabe que mejora enormemente la infectividad viral y el tropismo celular (atracción por células del organismo infectado)”. La furina es una enzima sintetizada por un gen conocido por el nombre de Furin y cuya función es la de separar aminoácidos para que sean funcionales las proteínas. De manera que, si bloqueamos el trabajo del gen Furin, pues no hay manera de que esa célula produzca anticuerpos o informe de su necesidad. Esta furina es una convertasa, pero en nuestro SARS-CoV2 resulta muy difícil de detectar. Ese sitio especial de escisión, «se halla completamente ausente en esta clase particular de los Coronavirus que se encuentran en la naturaleza», por lo que puede que «no sea el producto de la evolución natural y podría haberse insertado en el genoma del SARS-CoV2 artificialmente».

Posteriormente, otros autores han encontrado más argumentos, como la capacidad de mutación de la proteína S de la cápsula, la formación de tríadas de aminoácidos inusuales en este tipo de virus o la coexistencia en algún caso de aminoácidos incompatibles que inestabilizan la molécula.

Claro, que también hay quien cree que la evolución es natural. Lo cierto es que la República Popular China no ha dejado a científicos extranjeros investigar el tema en el laboratorio de Wuhan. Por tanto, hoy por hoy no hemos superado el campo de las especulaciones.

Bueno, sea como fuere. Lo que nos importa son sus características agresoras y cómo protegernos. Y ahora sí que vamos a lo que nos interesa, lo que podemos hacer, cómo y cuándo. Estamos ya en la tercera parte de esta charla.

1.-Transmisión del Virus de la COVID.

Pues se transmite por vía aérea, fundamentalmente. También puede transmitirse a través de material contaminado que tocamos y luego nos llevamos la mano a la nariz o la boca, pero mucho más difícilmente. Este Coronavirus necesita materia orgánica para subsistir, de manera que no suele permanecer activo en el aire mucho tiempo, por lo que es muy recomendable ventilar los locales y habitaciones. Igualmente conviene limpiar las superficies, especialmente de los centros sanitarios y de transporte, así como lavarse las manos durante unos veinte segundos, aclararlas bien, secarlas con un papel y desinfectarlas a continuación con un gel hidroalcohólico. En sitios de riesgo, naturalmente, como hospitales y clínicas, residencias de ancianos, colegios y centros de producción de alimentos, donde también es muy conveniente el uso de guantes desechables. Por el mismo motivo conviene usar mascarillas protectoras adecuadas (que tapen también la nariz) en zonas de concentración de mucha gente. Estas mascarillas deben ser preferentemente las FFP2 o, en su defecto, las N95. Pero no las quirúrgicas, que resultan menos útiles. Sin embargo, hoy en día y gracias a las vacunaciones (luego hablaremos de ellas) la transmisión ha disminuido mucho, dado que existe una inmunidad poblacional notable. Por tanto, las mascarillas solo son recomendables hoy en medios de transporte públicos y en centros sanitarios. Y pronto ni en esos lugares, pero habrá de pasar un tiempo. Claro, que, si queremos ver virus de COVID, lo mejor es irnos a las alcantarillas, pues allí resisten mucho por la enorme cantidad de residuos orgánicos presentes. ¿Contaminan a las ratas? Por ahora parece que no, pero el futuro siempre es incierto. Esperemos que así siga la cosa.

2.- Defensa inmunológica y fagocitosis.

Tenemos distintos tipos de anticuerpos, unos más específicos frente a las distintas partes del virus agresor y otros más generales, pero también efectivos, aunque no tanto, pese a que estos últimos –sobre todo– son muy rápidos en producirse. Junto a ellos hay una serie de células especializadas en zamparse a los virus que son los fagocitos, esencialmente los Macrófagos (fagocitarlos –no zampárselos– es lo correctamente dicho) previamente debilitados y bloqueados por los anticuerpos.

3.- Duración de la infección.

En este caso es muy variable, dependiendo fundamentalmente de la inmunidad del huésped (la persona infectada), de su mayor o menor velocidad de respuesta, de las enfermedades crónicas que tenga y de su edad. Pero todo es muy variable. El gran problema de esta pandemia es que la variedad de casos es enorme, por lo que no hay un cuadro clínico de referencia clara. Por tanto, la duración va de días a años. Es variable. Ello va a depender mucho de la capacidad de respuesta inmunológica de cada persona infectada.

4.- Mutaciones.

Este virus es altamente inestable, por lo que es capaz de cambiar su morfología de forma parcial constantemente, incluso dentro de la persona infectada, aunque ahí le cuesta bastante más trabajo. Generalmente son pequeñas variaciones que no suelen ser viables, pero a veces, por azar, se producen mutaciones importantes que no cubren las vacunas iniciales. Por eso son precisas las revacunaciones constantes. Y lo peor es que, en ocasiones, la proteína S de la cubierta también muta, lo cual es excepcional en el género de los coronavirus ordinarios, pero no en el SARS-CoV2, el causante de esta pandemia de COVID. Eso facilita la infección y reinfección en los no vacunados, especialmente, aunque también en vacunados, como he podido comprobar en bastantes casos. Eso sí, cursando de forma leve en los vacunados y de forma más severa en los no vacunados. Por eso los tratamientos son muy complicados y han de personalizarse mucho en cada persona enferma. Eso hace mucho más difícil llevarlos a cabo.

5. Vacunas.

En realidad, no son tal, sino que se trata de terapias génicas preventivas, es decir: de fracciones moleculares similares al SARS-CoV2 en muchos de sus fragmentos que informan a los genes del organismo de las combinaciones agresivas del virus de la COVID. Eso hace que pueda ser reconocido inmediatamente y se ponga en marcha, ya desde las células caliciformes de la nariz, la información para la producción inmediata de anticuerpos. No son vacunas porque las vacunas tardan varios años en fabricarse (alrededor de 6 o 7 como mínimo) y utilizan el virus entero, debilitado, o una fracción importante del mismo. Es muy conveniente vacunar a toda la población para evitar reinfecciones, aunque –como digo– no sean plenamente vacunas. La producción de esas terapias génicas preventivas ha podido hacerse en poco tiempo gracias a los sistemas de inteligencia artificial con magníficos diseños informáticos. Es una labor mixta, fundamentalmente de matemáticos, ingenieros, microbiólogos, físicos y bioquímicos, entre otros diversos profesionales. Es un trabajo muy complejo y carísimo, en el que intervienen centenares de personas en distintos puntos del mundo y decenas de miles de voluntarios para probar esas llamadas vacunas. Estamos hablando de un coste de desarrollo de muchos millones de euros (o dólares). Y desde luego es un error garrafal el no vacunarse y demuestra muy poca valentía junto con una actuación claramente insolidaria e imprudente para el que decide no hacerlo.

Todo lo anterior ha sido una introducción sin la cual no se puede comprender lo que ahora viene: las actuaciones sociales a cargo de los ejércitos y fuerzas del orden, algo que en España se llamó la Operación Balmis.

La Operación Balmis fue un diseño muy bien intencionado, bastante bien estructurado (todo en la vida tiene fallos, pero estos fueron muy pocos) y solo tuvo un serio inconveniente: se puso en marcha demasiado tarde, pues desde enero de 2020 e incluso finales de diciembre de 2019 se tenía conocimiento de la enfermedad, algo que no se estudió bien y que se confundió con la llamada gripe A. Yo creo que para mediados de febrero (es decir: un mes antes) debieran de haberse puesto en marcha las primeras medidas de contención. Y dicho esto, hemos de reconocer también que los chinos no informaron debidamente y pronto, pues llevaban con el problema al menos desde septiembre de 2019, y que los italianos tampoco informaron a tiempo, pues tenían un brote muy numeroso en la zona de la Lombardía, en Milán, desde finales de diciembre.

Actuaciones ante cualquier pandemia de origen desconocido.

Dichas actuaciones las recogimos en un libro que publicamos en 2011, en la editorial CTO, con prólogo de mi buen amigo Julián García Vargas, exministro de Defensa y de Sanidad, y con colaboración de un grupo de expertos en los distintos temas coordinados por el que les habla. El libro se llama “Manual de Respuesta a las Agresiones Bioterroristas”. Este libro ha sido referente en diversos países para elaborar los planes de actuación social. Pero es que, además, las actuaciones en la Operación Balmis fueron bastante similares a las que nosotros propusimos en su día.

Lo primero que tenemos que estudiar son los Datos Físicos:

      • Extensión geográfica del problema, con intensidad por zonas.
      • Existencia de acuíferos no contaminados.
      • Flora y fauna posiblemente afectada.
      • Climatología de las zonas.
      • Poblaciones y explotaciones agrícolas e industriales en cada una de ellas.
      • Riesgos naturales conocidos.

Interesan igualmente los Datos Estructurales:

      • Sistemas de comunicación física de todo tipo.
      • Industria agroalimentaria.
      • Plataformas Logísticas.
      • Gestión del agua.
      • Redes inalámbricas.
      • Redes eléctricas y de combustibles.

También hemos de ocuparnos de los Datos Sociales:

      • Características poblacionales: edades, distribución…
      • Datos económicos.
      • Estabilidad política.

Y finalmente los Datos Epidemiológicos:

      • Incidencia y evolución de la enfermedad transmisible en seguimiento.
      • Estado vacunal de la población.
      • Tasas de morbimortalidad.
      • Centros Sanitarios disponibles por niveles.
      • Garantía de la alimentación.

Para analizar las características del agente biológico agresor tendremos que analizar cuatro puntos fundamentales:

      • Velocidad de diseminación.
      • Letalidad.
      • Impacto social.
      • Requerimientos de respuesta.

Hay tres grupos de agresores, que serían así: A, B y C; siendo A el más grave por cinco motivos:

      • Muy fácil diseminación.
      • Elevada letalidad.
      • Impacto social importante.
      • Necesidad de entrenamiento especial y complejo.
      • Gran dificultad de producción de sistemas biológicos defensivos.

En nuestro caso se trataba evidentemente del grupo A.

Lo primero que hubo que hacer fue desinfectar zonas críticas para instalar hospitales de campaña. No fue una tarea fácil. En el Hospital Central de la Defensa “Gómez Ulla” se instaló en sus aparcamientos y en la entrada un hospital de campaña. Se reestructuró el espacio del hospital, ingresando incluso gente en la zona de Rehabilitación. Se amplió la UCI. Se activaron dos plantas especiales para enfermos infecciosos y se puso en marcha un sistema de protección interna del personal que allí trabajaba. La verdad es que fue espectacular.

Pero igual sucedió en muchos otros hospitales civiles o militares. Se activó la colaboración de hospitales civiles, de la Seguridad Social y Privados, en el proceso de tratamiento de los enfermos y contención de la enfermedad.

Y un gran logro fue la creación –en un tiempo récord– del hospital de emergencias Isabel Zendal.

Hagamos un inciso y hablemos de Balmis y de Isabel Zendal.

Dr. Francisco Javier Balmis

Francisco Javier de Balmis fue un médico militar español. Residió en La Habana y en México, donde sirvió como primer cirujano en el Hospital de San Juan de Dios. Allí estudió remedios para enfermedades venéreas que le serviría para publicar más tarde el “Tratado de las virtudes del agave y la begonia» (Madrid, 1794). De vuelta en España, llegó a ser el médico personal del rey Carlos IV. Persuadió al Rey de enviar una expedición a América a propagar la recién descubierta vacuna de la viruela. Balmis y José Salvany fueron el alma de la expedición, que partió del puerto de La Coruña el 30 de noviembre de 1803. De allí viajó a San Juan de Puerto Rico, La Guaira, Puerto Cabello, Caracas, La Habana, Mérida, Veracruz y la Ciudad de México. La vacuna llegó a lugares tan lejanos como a Texas en el norte y a Nueva Granada en el sur. Aunque no el propio Balmis, otros miembros de su expedición, entre ellos el doctor Salvany, llevaron la vacuna a América del Sur, hasta Chiloé (Chile). En septiembre de 1805 zarpó hacia Manila y en 1806 volvió a España. En su viaje de regreso todavía difundió la vacuna por Macao y Cantón (China) y en la isla de Santa Elena, posesión inglesa del Atlántico sur. Volvería a Nueva España de nuevo en 1810. Escribió «Instrucción sobre la introducción y conservación de la vacuna«, y tradujo del francés un trabajo sobre el mismo asunto, el «Tratado históricopráctico» de Jacques-Louis Moreau de la Sarthe. Falleció en la capital española en 1819 a los 65 años de edad. De manera que, en 2019, cuando realmente empezó la pandemia de SARS-CoV2, se cumplían los 200 años de su fallecimiento, por lo que, con buen criterio, se dio su nombre a la operación contra la COVID.

Enfermera Isabel Zendal

Isabel Zendal, también conocida bajo multitud de otros nombres, fue la enfermera española nacida en La Coruña que participó en la expedición de la vacuna de la viruela a América en 1803 para comenzar la erradicación de esta enfermedad en el resto del mundo. Fue reconocida por la OMS como la primera enfermera en misión internacional, tras haber caído su nombre en el olvido. Isabel Zendal nació en La Coruña, en Puebla de los Ángeles, en 1771, en el seno de una familia pobre. Fue la propia viruela la que se llevó a su madre y muy temprano ella comenzó a trabajar de ayudante en el Hospital de la Caridad, donde hay una estatua en recuerdo de su labor. Llegó a ser rectora de la Casa de los Expósitos de La Coruña, de donde salió la expedición que la haría conocida. La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna en la que participó Zendal es más conocida por los dos hombres que se encargaron de ella, Francisco Javier Balmis y José Salvany. El trabajo de Isabel durante esta travesía en 1803 fue cuidar de los 22 niños expósitos que en sus brazos portaban la vacuna y así mantener la cadena de transmisión. También se encargó de organizar, una vez llegados a tierra, el sistema de juntas de vacunación y decidió emprender otro viaje hasta Filipinas para que los viales contra la viruela llegaran hasta allí. Su papel fue determinante para conseguir erradicar una de las enfermedades más letales de la historia. Isabel Zendal acabó sus días en México, junto con su hijo al que crio como madre soltera, en la escuela de enfermería de La Puebla donde reza el lema ‘Sacrificio sin esperar gloria’, como casi una profecía de lo que sería el legado olvidado de Isabel. Hoy se la define como una heroína de la clase trabajadora y, precisamente por eso, no destacó hasta que alguien quiso recuperar su historia.

Y volvamos a la Operación Balmis.

Se organizó un sistema de contención de salidas, quedándose la gente en sus casas, ventilando con frecuencia, saliendo solo a comprar comida o a sacar al perro, con mascarillas siempre, incluso en los ascensores. Al ser algo novedoso, se produjo acaparamiento de alimentos por parte de muchas personas, lo que hizo desaparecer el papel higiénico y la leche en muchos supermercados. Afortunadamente duró poco, pues se impuso la sensatez. Se controlaron los desplazamientos en las ciudades por la policía municipal y nacional, y en las carreteras y pueblos por la Guardia Civil. Solamente podía ir una persona por coche. Bueno, a mí me pararon en la carretera cuando me dirigía a solucionar un problema sanitario a un pueblo. Me identifiqué, tomaron mis datos y me dejaron pasar, y su educación me pareció de una calidad excelente, me refiero a la de los dos Guardias Civiles que allí me pararon. Lamentablemente llevaban unas mascarillas quirúrgicas malas y no las FFP2 o las N95. Desgraciadamente, a ningún miembro de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado –salvo excepciones– les dieron mascarillas adecuadas. Pero tampoco lo hicieron en la inmensa mayoría de los hospitales. Y prefiero no recordar el tema de
las compras de mascarillas.

La vigilancia de centrales nucleares, estaciones, aeropuertos y otras zonas críticas fue labor mixta de Guardia Civil y Militares.

Sin embargo, como pasó con el resto de Europa y Norteamérica, la colaboración con naciones en vías de desarrollo fue muy escasa o nula. Ello facilitó las mutaciones en esos países que luego nos han llegado y nos siguen y seguirán llegando.

Mucha gente me pregunta mi opinión acerca de lo que puede durar esta pandemia. Yo pienso que la forma agresiva más masiva está pasada, pero tenemos pandemia como poco hasta 2025, aunque cada vez más suave, como ya he comentado hace un momento.

La información que recibíamos en aquellos días era relativamente buena, pues ni se puede ni se debe asustar a la población nada más que lo imprescindible. Pero de ahí hemos pasado a la nada actual. Yo creo que ni una cosa ni otra. Es importante informar del día a día de esta pandemia, sin alarmismos, pero advirtiendo a la población de que conviene controlar los actos multitudinarios y especialmente con niños, pues los niños son los grandes transmisores de la enfermedad, ya que ellos apenas tienen síntomas. Y eso hay que advertirlo a los abuelos.

Hubo, sin embargo, dos grandes fallos en la gestión de esta pandemia. El primero fue la lenta e ineficaz gestión de las residencias de mayores. Tardaron muchas de ellas bastante tiempo en tomar las medidas adecuadas. Por otra parte, la atomización de la sanidad que padecemos ha hecho que cada autonomía tome sus decisiones descoordinadamente, lo que supuso un descontrol local y general en la transmisión de la enfermedad. Nuestra Constitución, magnífica en lo demás, tiene dos grandes fallos que hacen maximizarse muchos de nuestros problemas: el descontrol central de la sanidad y de la educación. La sanidad se gestiona mucho mejor mediante un solo organismo para toda la nación y ello la convierte en mucho más barata de lo que es ahora. Actualmente, los gastos de gestión de la Sanidad Pública vienen a ser, aproximadamente, un 40% más caros por el tema de la gestión autonómica. En cuanto a la educación, ha de ser controlada nacionalmente al menos en un 60%, dejando el 40% restante a las autonomías, porque hay unas diferencias enormes de preparación y de capacitación de unas autonomías a otras. Además, también sería más barato.

Las residencias de mayores han de tener una legislación única y clara, con una supervisión frecuente, pues cuando sucede un problema como el pasado y todavía actual COVID, no es justo que se trate de forma diferente a nuestros mayores dependiendo de la autonomía y de la zona.

El otro problema fue el descontrol de la inmigración ilegal, unido a la ocupación de viviendas y actividades delictivas. Porque no se puede estar en muchos sitios a la vez. Lamentablemente entraron individuos portadores de Coronavirus SARS-CoV2, unos más enfermos y otros menos, pero ese no fue el problema. El problema es que bastantes de los afectados traían mutaciones del virus no conocidas en España hasta ese momento. Es que la labor de nuestra Guardia Civil era ingente: aeropuertos, estaciones, fronteras, zonas de responsabilidad marítima, apoyo en vigilancia de Centrales Nucleares, Centros de tratamiento de Petróleo, conductos de gas, pueblos, carreteras y autopistas, etc. En casi todos esos lugares estuvieron nuestros Guardias Civiles apoyando a la UME (Unidad Militar de Emergencias) y otras unidades militares, aunque no se pudo en todos.

Y lo peor es que luego, cuando terminó la Operación Balmis, se crearon unas medallas en Defensa y, sorprendentemente, la Guardia Civil se quedó sin ellas, a pesar de su esfuerzo (fallecidos incluidos) y dedicación.

Mediante Real Decreto 701/2020 de 28 de julio, se crea la medalla conmemorativa de la Operación Balmis para reconocer al personal participante en la lucha contra el COVID-19. Esta Orden Ministerial incluía a todo el personal de las FAS, militar y civil, que hubiera prestado servicio en la lucha contra la pandemia, desde el 15 de marzo hasta el 20 de junio, con unos requisitos establecidos; dejando la puerta abierta a otro personal adscrito al Ministerio de Defensa que cumpliera dichos requisitos. Pero, como no era de extrañar, nuevamente los Guardias Civiles no fueron tenidos en cuenta por las autoridades civiles de nuestro gobierno, ya que quedaron fuera del ámbito de concesión de dicha condecoración.

La Guardia Civil se dejó a 7 fallecidos en acto de servicio, sin mencionar a los que no les fue considerado su fallecimiento por tal causa; siendo, las pérdidas humanas de las FAS un total de 2 fallecidos. Pero, aquí no se trata de quien se ha dejado más o menos fallecidos, pues nuestros Guardias Civiles están orgullosos de haber cumplido con su cometido, y de haberlo hecho al lado de sus compañeros de las FAS, a pesar de que muchos han intentado enturbiar esa relación; algo que nunca conseguirán porque tanto los compañeros militares como los Guardias Civiles sabemos que nos une algo más que nuestro carácter o régimen militar, cosa tan obvia que no puede dudarse, y ese algo es nuestro amor a España y sus ciudadanos.

Por tanto, resulta un tanto incongruente este Real Decreto en el que se citan uno por uno a todos los cuerpos y fuerzas militares que intervinieron en la Operación Balmis, excepto a la Guardia Civil. Mi opinión personal es que pudo pasar una de estas dos cosas: el olvido de quien redactó ese decreto o… tal vez un desacuerdo entre los políticos responsables de Defensa, Interior o Presidencia. No lo sé y no quiero pensar en ninguna de esas posibilidades. Tal vez existiera otra razón que desconozco, pero lo cierto es que sienta mal ésta aparente discriminación de un cuerpo militar tan afín a nuestra nación española.

Además, no podemos evitar algo fundamental: la escasez de medios para su seguridad personal que recibieron nuestros Guardias Civiles, lo que en muchos casos les obligó a arriesgarse mucho más de lo razonable en un caso como este. En fin, pasaremos página.

Por tanto, en resumen, podemos considerar los cinco puntos que componen esta reflexión de hoy:

      • Hemos repasado, en forma general, lo que este virus hace y como lo hace.
      • También hemos visto lo que nuestro cuerpo provee en defensa de su ataque y para el futuro.
      • Igualmente hemos analizado como se disemina por el aire y lo que hemos de hacer para impedirlo.
      • Además, hemos revisado lo que pudimos hacer para controlar su capacidad agresora.
      • Y finalmente hemos previsto lo que puede pasar y las medidas más convenientes para que esta pandemia desaparezca.

Tempus fugit, que decían los romanos, de manera que siempre habremos de prevenir para no tener que lamentar desgracias. Hoy mejor que mañana.

A continuación, el presidente cerró el acto con un: Muchas gracias y ¡Viva la Guardia Civil! e invitó a los asistentes a un vino español en el comedor de la 2ª planta.

Albert Mesa Rey
Soldado Enfermero de 1ª (rvh)
Director de Benemérita al Día