daesh

Desde hace ya algún tiempo van apareciendo en los medios de comunicación de todo el mundo las actividades de carácter terrorista de lo que se conoce a nivel de la calle como Estado Islámico (EI).

Este mal llamado Estado ha surgido de la evolución de una pequeña célula dependiente de Al Qaeda, llamada Al Qaeda en Irak, y que ha llegado mediante alianzas con otros grupos yihadistas menores, en una rápida evolución, a lo que actualmente podemos llamar con más propiedad Dáesh.

El inicio de la guerra contra el terrorismo yihadista declarada por Estados Unidos allá por el 2001, después de los atentados de Washington y Nueva York, donde los objetivos fueron el Pentágono y los rascacielos del World Trade Center, supuso una serie de acciones contra el grupo terrorista que lo reivindicó, Al Qaeda, y su máximo dirigente: el ciudadano saudí Osama bin Mohamed bin Laden. Estas acciones se iniciaron en Afganistán, donde los servicios de inteligencia norteamericanos situaron a Bin Laden. El Gobierno estadounidense intentó que el Gobierno talibán del mulá Mohamed Omar le entregara al líder terrorista más buscado en esas fechas, pero la tradicional hospitalidad del código pastún, pastún wali, de los afganos pastunes hizo imposible esa entrega. En esta tesitura el ejército de Estados Unidos atacó a los talibanes afganos, ayudados por varias milicias antitalibán, conformadas por distintas facciones y etnias que componen el estado centroasiático para intentar lograr la detención de su enemigo declarado.

El final de esta corta campaña es bien sabida por todos, ya que forma parte de la historia, donde mediante los acuerdos de Bonn, en noviembre de 2001, la comunidad internacional apoyó al incipiente Gobierno democrático afgano en la figura de su nuevo líder, Hamid Karzai, mediante la creación de la Fuerza Internacional para la Asistencia para la Seguridad, más conocida como ISAF.

Esta persecución a Al Qaeda no terminó aquí, ya que Bin Laden consiguió escapar de las montañas de Tora Bora en la frontera afgano-pakistaní donde estaba siendo cercado por las tropas de la coalición.

El siguiente paso en contra de los terroristas yihadistas se dio año y medio después con la invasión de Irak por fuerzas lideradas por Estados Unidos y apoyados básicamente por los países occidentales. En esta nueva guerra que se alargó en el tiempo apareció un nuevo líder yihadista de origen jordano, Abu Musab al-Zarqawi, que en su lucha contra los norteamericanos se puso a las órdenes directas de Bin Laden creando una filial de la organización terrorista a la que puso el nombre de Al Qaeda en Irak.

Este nuevo dirigente yihadista fue el siguiente objetivo a batir por las fuerzas norteamericanas, quienes consiguieron matarle en la ciudad de Bacuba, al noreste de Bagdad, el 8 de junio de 2006 en un ataque aéreo.

A Abu Musab al-Zarqawi se le responsabilizó de muchos de los atentados yihadistas que se realizaron durante los años previos, aunque cierta prensa norteamericana argumentaba que este individuo no existía realmente y no era más que una creación de los servicios de inteligencia estadounidenses para tener un argumento más con que justificar la presencia de su ejército desplegado en la campaña de Irak.

El heredero de Al-Zarqawi en el mando de la rama de Al Qaeda en Irak fue el también yihadista Abu Ayyub al-Masri, quien también murió, cuatro años después, bajo fuego estadounidense.

Durante este proceso el propio Gobierno iraquí dirigido por el chiíta Nuri al-Maliki, fue dejando de lado a los ciudadanos sunitas de Irak, lo que llevó a la inicial oposición de estos en contra del Gobierno chiita de la nación, que por otra parte buscaba los apoyos de los Estados occidentales que aportaban sus tropas a la coalición.

Este desprecio hacia los sunitas y ese apoyo buscado en los occidentales llevó a la radicalización de parte de los creyentes sunitas y a mantener y acrecentar el apoyo a Al Qaeda en Irak, que trasformó su nombre en Estado Islámico de Irak y Levante, (EIIL/ISIS) al extender sus acciones hacia el levante mediterráneo y en concreto hacia Siria.

El 29 de junio de 2014, Abu Bakr al-Baghdadi, nuevo líder de la organización terrorista, se proclamó como máxima autoridad y califa de todos los musulmanes cambiando de nuevo el nombre de la organización por el de Estado Islámico, evitando la mención a Irak y Siria, lo que demuestra su voluntad de expansión y conquista más allá de lo inicialmente ocupado.

Por otra parte, la adopción de este nombre no es una cosa baladí, ya que lo que se ha intentado por parte de este grupo terrorista es impregnarse de cierto halo de legitimidad y estatus político que da el término Estado, y que los propios musulmanes que sufren sus horrores no admiten. Es por ello que estos musulmanes prefieren usar el acrónimo de Al-Dawla al-Islamiya al-Iraq al-Sham: Dáesh. Este acrónimo coincide con la palabra árabe Dáesh, término que significa «pisar bajo el pie», «aplastar». Esta pretensión se puso de manifiesto en unas declaraciones en diciembre de 2014 del general del ejército de Estados Unidos, James Terry, comandante del Mando Conjunto de Operaciones Especiales en una entrevista con la CNN: «Nuestros socios —al menos con los que estamos trabajando— nos han pedido que usemos este nombre porque sienten que si usamos ISIS estaríamos legitimando un autodeclarado califato, y de hecho sienten que no deberíamos hacer eso».

Por otra parte, un mes antes el Ministerio del Interior español pidió que se dejara de emplear la denominación Estado Islámico para la organización terrorista y que se aplicara la de Dáesh, lo mismo que sugirió en septiembre de 2014 durante la celebración en París de una conferencia internacional sobre la paz y la seguridad en Irak el ministro francés de asuntos exteriores Laurent Fabius: «Es un grupo terrorista y no un Estado.

No recomiendo usar el término Estado Islámico porque desdibuja las líneas entre islam, musulmanes e islamistas.  Los árabes lo llaman Dáesh y yo los llamaré “los Dáesh degolladores”» (A.G., 2014).

¿POR QUÉ EL DÁESH SE DEBE CONSIDERAR TERRORISTA?

Con independencia de sus salvajes actuaciones como son los degollamientos, decapitaciones, amputaciones, quemar vivos a sus enemigos, etc. y que son dadas a conocer por todos los medios de comunicación social e internet de una manera regular, este concepto de terrorista que para nosotros es de fácil entendimiento, no es tan fácil para otras sociedades. Para unificar criterios, la definición de terrorismo que aplica la Unión Europea viene recogida en la reunión del Consejo de la Unión Europea del 13 de junio del 2002 donde define una serie de puntos para poder clasificar a una organización como terrorista y a sus actividades criminales como acciones terroristas.

Para la UE son delitos de terrorismo «los actos intencionados que puedan lesionar gravemente a un país o a una organización internacional cuando su autor los cometa con el fin de intimidar a una población, desestabilizar las estructuras de un país u organización internacional y obligar a que los poderes públicos realicen o se abstengan de realizar algo. (http://eur-lex.europa.eu/es.).

Como vamos a ver, esta definición se ajusta al comportamiento del Dáesh, ya que sus acciones violentas se pueden calificar de terroristas por lo siguiente:

−La aplicación de la violencia indiscriminada y extrema busca causar daños psicológicos y aterrorizar a la población, además de los daños materiales y humanos que pueden llegar a ser muy grandes.

−Inicialmente no se define tanto por los fines que quiere alcanzar, sino por los medios violentos que usa, de manera que esta violencia indiscriminada da cohesión y poder al grupo.

−Las acciones violentas se usan como amenazas constantes al oponente posibilitando un control social sobre la población afectada y amenazada. 

−El objetivo político, como en cualquier terrorismo, es el objetivo final que existe más allá de la palabrería, la violencia y la retórica.

−Las acciones terroristas se apoyan en un tipo de organización o grupo armado que se sustenta bajo una cadena de mando con independencia de que su sistema organizativo se base en estructuras celulares o de red.

Como se puede comprobar, todos estos parámetros son de aplicación al Dáesh y, por lo tanto, lo identifican como organización terrorista.

Todos los componentes del Dáesh, al igual que otros muchos grupos terroristas yihadistas, han tenido un proceso de radicalización progresivo antes de convertirse en elementos terroristas que usan la yihad como elemento de presión para conseguir los objetivos políticos marcados.

Partiendo de la base de un buen creyente musulmán, y salvando todas las posibles matizaciones, el proceso de radicalización del mismo podemos resumirlo en los siguientes pasos:

−Salafista: caracterizado por la intención de volver a recuperar el islam primigenio, el vivido por el profeta y los cuatro primeros califas eliminando todas las costumbres y creencias que, a través de los años y con el roce de otras religiones, se han ido adhiriendo a islam actual. 

−Extremista: El que utiliza la religión como parapeto y excusa para alcanzar fines políticos rechazando la convivencia pacífica con otras religiones e ideologías.

−Fundamentalista: El que utiliza la sharia como única ley posible y que justificaría el uso de la violencia para llegar a la consecución de objetivos políticos. 

−Yihadista: Salafista que apuesta por el uso de la violencia para llegar a sus objetivos políticos. Yihadismo salafista sería el término adecuado para definir el término de la radicalización.

¿PERO A QUÉ OBJETIVOS POLÍTICOS CONCRETOS NOS ESTAMOS REFIRIENDO?

El Dáesh, desde su creación a la sombra de Al Qaeda hasta su ruptura con ella en febrero de 2014 para pasar a liderar la yihad global, ha desarrollado dentro de los territorios de su dominio e influencia una teoría política islámica que podríamos resumir en:

−Es Alá quien tiene toda soberanía, poder y autoridad, con lo cual toda la humanidad está bajo sus designios.

−Todos los buenos creyentes que aceptan la sharia o ley islámica son iguales a los ojos de los demás musulmanes.

−La Umma (comunidad de los creyentes islámicos) es la única sociedad y organización política relevante y legítima, desdeñando y excluyendo cualquier otro tipo de organización social.
 

−La Umma como única comunidad válida de creyentes en la sociedad mundial debe ser regida por un solo gobernante, el califa (Jalifat Rasul Allah, «sucesor del enviado de Alá», sucesor del único profeta, de Mahoma) cuya misión es protegerla ante cualquier tipo de amenaza exterior y asegurar el cumplimiento y la aplicación de la sharia.

−Si esta comunidad de creyentes islámicos se encuentra en peligro, su defensa corresponde a todos y cada uno de los creyentes de forma individual. Esta es una responsabilidad personal y única sin que se pueda diluir entre otros actores islámicos como puedan ser las asociaciones de creyentes, Estados islámicos o cofradías como los conocidos Hermanos Musulmanes). 

−El poder legítimo del califa viene marcado por la defensa a ultranza del islam, cuyas actuaciones tendrán que ser acordes a la sharia. En caso contrario, el propio califa debe ser convertido en objetivo del yihad y, por lo tanto, derrocado.

Todos estos rasgos de realización política los podemos encontrar en el Dáesh. Si uno presta atención a los diversos discursos de sus principales líderes o a sus comunicaciones de prensa, puede comprobar con claridad que entre su argumentario siempre está presente la soberanía de Alá sobre todas las cosas.

También se aprecia que la comunidad social islámica, Umma, es la única posible, ya que todas las demás sociedades son infieles dignas de castigo, son apóstatas, son takfirs.

Por otra parte, se aprecia en los medios de comunicación que la responsabilidad de luchar por el islam es totalmente individual. De esta manera, podemos comprender el alistamiento continuo y constante de nuevos yihadistas que quieren formar parte del Dáesh y combatir en sus filas en tierras de Siria, Irak e incluso Libia.

Como es bien sabido, el país de origen de estos nuevos yihadistas es indistinto, ya sean países de corte occidental (más de tres mil ciudadanos europeos musulmanes entre franceses, británicos, españoles… han partido hacia el Dáesh), ya sean de países cuya religión es la musulmana (solo Túnez ha aportado más de 3.000 ciudadanos al Dáesh).

A nivel estratégico el Dáesh, mediante su violencia extrema, está intentando alcanzar los objetivos de esta teoría política islámica con una serie de acciones que van a intentar conseguir paso a paso, como son: 

−Sustitución de los actuales gobiernos musulmanes impíos por teocracias salafistas y en las que impere la sharia. Es el caso de la propia creación de Dáesh en el norte de  Irak, con la ciudad de Raqqa como capital.

−Derrota de todos aquellos enemigos que atacan a los musulmanes en cualquier lugar.

Aquí incluyen a los musulmanes que no creen en la yihad como medio para llegar a ser un buen creyente que respete los cinco pilares del islam (atentados y aplicación de la limpieza étnica por motivos religiosos contra cristianos y otros musulmanes).

−Reconquista de los territorios que alguna vez formaron parte del mundo islámico. Aquí está incluida la amenaza intrínseca a España, no en tanto en cuanto como país occidental, sino por haber estado bajo dominio islámico, Dar el Islam, la casa del islam, con el nombre de Al Ándalus.

−Unificación de todos los musulmanes bajo una misma comunidad política o califato. Esta es la visión y argumento del nuevo califa Al-Baghdadi.

A MODO DE RESUMEN

El Dáesh no deja de ser la franquicia de Al Qaeda en Irak con los mismos objetivos estratégicos que se marcó en sus orígenes la casa matriz terrorista cuando Bin Laden estaba al mando de la organización.

La diferencia con la Al Qaeda original es que el grado de violencia, la indiscriminación generalizada de sus atentados y la saña con la que ataca también a los musulmanes que no son afines a su ideología son superiores a los de Al Qaeda. Es por ello que la propia dirección terrorista de Al Qaeda con el egipcio Ayman al Zawahiri al frente renegó de su discípulo iraquí por esa salvaje forma de actuar con extrema violencia.

Esta extrema violencia nos debe hacer pensar a los países occidentales que somos un objetivo prioritario para sus atentados, como ha quedado demostrado en los ataques de los dos últimos años en suelo europeo, donde los terroristas compaginan su origen diverso —residentes en Europa radicalizados en nuestras sociedades o terroristas repatriados como excombatientes del Dáesh en Siria— con una capacidad militar y una radicalización religiosa y psicológica muy superiores a la que tenían cuando se fueron a luchar por su islam.

No por ello hay que olvidar que esta amenaza se cierne sobre países musulmanes moderados cuyos ciudadanos, fieles creyentes y leales cumplidores con los cinco pilares islámicos, son asimismo objetivo del Dáesh. La pugna entre chiitas y sunitas por el liderazgo del islam viene de lejos y está detrás de las luchas entre ellos.

Esta situación debería llevarnos a una alianza entre todos los países amenazados por el yihadismo salafista, liderada por uno de esos países musulmanes que, al fin y al cabo, son los que realmente están sufriendo de una manera mucho más directa las paranoias y la violencia del Dáesh, el Califato del Terror.

BIBLIOGRAFÍA

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