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Publicamos este artículo de la sección ejército extraído del diario El Mundo.

«¡Cualquiera firmaría para que el convoy sólo durara doce horas!», el cabo Isidoro Castaño comentaba la vigilia de que la primera compañía del Batallón Ceriñola del Regimiento de Infantería Ligera Canarias 50 saliera en convoy de la localidad de Qala-e-now, en el noroeste de Afganistán, hacia la de Herat, situada a unos 160 kilómetros más al sur. No se equivocaba. Aquello, una vez más, iba a ser una tortura.

Las tropas españolas destinadas en Qala-e-now están trasladando el material y equipos que han utilizado allí durante ocho años de misión, a la base militar de Herat para facturarlo de vuelta a España. Se ha iniciado el repliegue y la actividad es frenética. El transporte se hace sobre todo por carretera, si se puede llamar así al camino de tierra y piedras que une Qala-e-now con Herat, pasando por el puerto de montaña de Sabzak, a unos 1.800 metros de altura.

«Entre kiara 19 y kiara 20, hay una amenaza de artefacto explosivo. No pararemos si no es estrictamente necesario», el capitán Barrueco instruye a sus soldados a pie de los vehículos en mitad de la noche, antes de partir de Qala-e-now. La oscuridad es absoluta y los blindados destacan como luciérnagas cuando empiezan a avanzar lentamente con los faros encendidos, uno detrás de otro en fila india. La caravana suma casi 70 vehículos, entre blindados españoles y camiones afganos de carga. Una unidad de limpieza de rutas estadounidense encabeza la comitiva, en busca de posibles artefactos explosivos enterrados en la carretera.

«¡Vamos, vamos, no hay tiempo para parar!», grita el teniente Julio Alberto Delgado, cuando los conductores afganos se detienen para rezar con la primera luz del alba. El convoy ya lleva horas de camino, y aún faltan más, aunque nadie sabe cuántas. Dependerá de lo que ocurra en el trayecto.

«Papa 03, aquí papa 33; papa 03, aquí papa 33», se oye por el canal interno de radio de uno de los blindados. «Un vehículo americano ha pinchado. Tiempo de parada aproximado, diez minutos», añade la voz. Pero los diez minutos no son tales, sino que se convierten en media hora hasta que se retoma de nuevo la marcha, aunque por poco tiempo. Al cuarto de hora, otro vehículo de limpieza de ruta estadounidense sufre una nueva avería, y esta vez más seria: uno de sus ejes se ha roto.

«Los americanos no son capaces de arreglar la avería, y nuestros mecánicos, tampoco», Papa 33 informa por radio. «La única solución es quitar un RG-31 nuestro de la plataforma, colocar el vehículo americano, y el nuestro ponerlo en una plataforma más pequeña», sigue explicando el militar, que llama «plataformas» a camiones afganos sin carga que acompañan de vacío al convoy para precisamente eso: transportar posibles vehículos averiados en el camino. «¡Menos mal, porque si hay que remolcar el vehículo americano, hoy no llegamos!», suelta el soldado Himar Alemán, al volante de un Lince, al oír la conversación.

Pero la plataforma no aguanta el peso del vehículo americano, una grúa que forma parte del convoy tampoco tiene fuerza para levantarlo, y ni siquiera es posible remolcarlo. La única opción es que avance averiado poco a poco, ralentizando aún más una marcha ya de tortuga: la caravana se mueve a diez kilómetros por hora.

«Hemos recorrido 80 kilómetros», el teniente Delgado afirma a las doce horas de viaje, tras consultar en el ordenador un mapa de situación. Y aún faltan ochenta kilómetros más para llegar hasta Herat, aunque eso sí, parte de ese tramo de carretera está asfaltado.

No hay tiros, ni bombas, ni en esta ocasión se han encontrado artefactos explosivos enterrados en el camino, pero el convoy avanza tan lentamente y se detiene tantas veces que da la sensación de que está más tiempo parado que andando. Por eso todos los militares coinciden en decir que lo peor de los convoyes de repliegue son «las horas»: meterse en un vehículo blindado enfundado en un chaleco antibalas y un casco, y con los ojos bien abiertos, y no saber cuándo se va a salir. Las incidencias pueden ser múltiples.

El convoy llegó a Herat tras dieciséis horas de viaje, cuando ya anochecía de nuevo. La compañía del capitán Barrueco es la que ha hecho más convoyes de repliegue, y aún faltan más hasta que las tropas españolas se vayan definitivamente de Qala-e-now.