François Fénelon (1651-1715), ese magnífico moralista francés al que nada convencía Luis XIV, definía muy bien la personalidad humana, cuando decía aquello de que “si queréis formar juicio acerca de un hombre, observad quienes son sus amigos”. Bien, pues según eso, Antonio era una persona excepcional, volcado en el apoyo a la Guardia Civil, un apoyo que le costó enfrentarse a determinados políticos en defensa del Honor, la Honradez, el Servicio a los demás, la Humildad y, en definitiva, la Bonhomía. De casta le viene al galgo, dice el refrán. En el caso de Antonio era una evidencia la calidad tan extraordinaria de sus padres y hermanos. Toda su vida la entregó a la Guardia Civil. Partiendo de la nada, trabajó hasta reventar en múltiples cosas y todo el beneficio económico obtenido lo empleó en la promoción y ayuda de la Guardia Civil, a través de su “Círculo Ahumada – Amigos de la Guardia Civil”, sociedad sin ánimo de lucro (tuvo que poner mucho dinero propio en ello) que fundó en 1988 y presidió hasta su fallecimiento en 2022, a la edad de 89 años, a pocos meses de cumplir los 90. Ello le costó ataques desde diversos puntos y a todos resistió. Bueno, a todos menos a uno: su corazón, que era tan grande que al final le faltó cuerpo para seguir viviendo.

François Fénelon

Un marido y padre ejemplar, que entregó su vida por la familia, pero también por los amigos, doy fe. Yo le conocí un día en un pequeño pueblo (unos 800 habitantes) de Madrid, al que también ayudó con su vida. Por ejemplo, la bandera de España que figura en la parroquia de San Juan Bautista, de ese pueblo: Rozas de Puerto Real. Allí nos presentó un buen hombre del pueblo y desde entonces no paramos de compartir cosas: cervezas, artículos, comidas, libros… Gracias a él ingresé como Socio de Honor en el Círculo Ahumada y eso para mí fue posiblemente la mayor alegría que he recibido, el mayor premio. Y conste que he recibido muchos; sobre todo internacionales, aunque también nacionales. Pero ninguno como ese. Ni mis años de jefatura, ni los de profesorado universitario, ni mis libros seleccionados por el Congreso de los EEUU en Washington, ni doctorados honoris causa, ni… bueno, tonterías al lado de un rato con Antonio, tomándonos una de esas cervezas de barril tan estupendas. Antonio, y lo digo con orgullo, era uno de mis mejores amigos. Me viene a la memoria lo que decía Séneca, que la amistad es siempre provechosa. Bueno, pues en mi caso así ha sido. Yo he aprendido mucho más de Antonio que de mis múltiples tareas de investigación, de alumnado, de profesorado, etc. Cuando ingresé en Sanidad Militar, tras volver de una temporada trabajando en Canadá, en Edmonton (provincia de Alberta), lo hice sin convencimiento y con idea de hacer la mili. Pero gracias a Dios que lo hice. Es el mejor trabajo posible para ser un hombre de bien. Calderón ya lo dijo con esa frase lapidaria: “la milicia es religión de hombres honrados”. Pero es que la Guardia Civil lo es más aún, porque además de su espíritu militar, que jamás debe abandonar, posee una unión al pueblo extraordinaria. Es como el milagro de ser militar y civil a un tiempo. Algo genial y para lo que solamente valen los grandes hombres y mujeres.

Otro de mis grandes ídolos es Don Quijote de la Macha, que de tanto leerlo llegué casi a saberlo de memoria. De hecho, cada día le enviaba a Antonio una frase del quijote, que luego disfrutábamos juntos comentándola. Este libro genial, que recomiendo leer despacio una y otra vez, posee unas cuarenta y tantas frases sobre la amistad, puede que cincuenta o más. Me vienen a la memoria varias, pero muy especialmente un par de ellas: “el amigo fiel es un refugio seguro; el que lo encuentra ha encontrado un tesoro”. Antonio era uno de los amigos más fieles que he tenido. Jamás me falló en nada. Siempre me tuvo a su lado, lo cual para mí era un gran honor, pues lo admiraba y admiro mucho. Dice el Quijote también que “la amistad es como un libro; hay que leerlo con atención, guardar sus enseñanzas en el corazón y compartirlo con los demás”. Pues eso, yo he aprendido muchas cosas de Antonio, pero sobre todas ellas dos: hay que saber levantarse de las caídas y hay que ser leal y nada vengativo. La venganza no sirve al alma para nada y la aleja de Dios y de la amistad de los demás. Y la lealtad, por el contrario, es el camino del paraíso.

Don Quijote y Sancho

Si yo tuviera que definir a Antonio con pocas palabras diría que era fuerte, generoso, imaginativo y cariñoso. Antonio era humilde porque era grande, y eso le llevó a ser muy bien considerado por mucha gente. Hoy, 30 de enero, se cumplen dos años desde que nos dejó para irse al cielo. Dios no puede renunciar a un tesoro de esa categoría y la Virgen María, de la que él era tan devoto, lo acompañó al cielo de su mano. Antonio era algo más que un amigo: un ejemplo y un reposo frente a las amarguras que a veces se padecen. Y todo ello estaba inspirado en su querida y admirada Guardia Civil. Por algo sería.

Así es que, como Antonio diría: ¡¡¡VIVA ESPAÑA Y VIVA LA GUARDIA CIVIL!!!

Francisco Hervás Maldonado
Amigo de Antonio y Coronel Médico (R)
30 de enero de 2024