Está considerado por la Guardia Civil como uno de los cabecillas de la organización que estafó más de seis millones de euros a empresas y administraciones del país. Captaba a personas desfavorecidas para que hiciesen de ‘muleros’

Los guardias civiles rastreaban las fuentes abiertas cuando se toparon con una sorpresa inesperada. Un videoclip musical en el que el protagonismo lo acaparaba un grupo de bailarinas vestidas con biquinis microscópicos haciendo twerking en un yate.

«Chica sexi, con culo sexi«, suena de forma machacona mientras la posproducción simula una lluvia de billetes y se van sucediendo todos los clichés de este tipo de canciones: la moto de agua, la limusina llena de chicas y las botellas de champán.

El tema musical se grabó en Puerto Banús, Marbella, y se subió hace cinco meses a una plataforma audiovisual. Era el «primer sencillo» de un cantante que se presentaba ante el público bajo un seudónimo artístico. Un tipo de origen nigeriano, afincado en España desde hace dos años y que decía haber educado su voz en coros religiosos, pero con una segunda actividad nada piadosa.

Porque, según la Guardia Civil, ese joven vestido completamente de blanco, collares dorados y gafas de sol que canta acercando la cara a las nalgas de una chica, supuestamente es uno de los cabecillas de una red de ciberdelincuentes que se hizo con seis millones de euros con la estafa conocida como The man in the middle. Un sistema con el que presuntamente se apoderaron de importantes sumas de dinero de empresas y administraciones públicas.

La investigación culminó con la detención de 13 personas y la recuperación de casi un millón de euros. Fue el desenlace a unas pesquisas que se iniciaron en mayo con la denuncia en Alcalá la Real (Jaén) de los responsables de una empresa a la que habían estafado 29.000 euros durante una operación de pago. Los autores intervinieron las comunicaciones por correo electrónico entre las dos compañías y, cuando se iba a abonar la factura, se hicieron pasar por el receptor del dinero.

Los responsables del caso localizaron al titular de la cuenta corriente en la que se ingresó el importe estafado. Se trataba de un individuo al cual los investigados supuestamente habían usurpado la identidad para abrir a su nombre, y en diferentes entidades bancarias de la provincia de Málaga, hasta 13 depósitos financieros.

Los agentes identificaron a dos grupos con roles muy específicos que estaban conectados entre sí para perpetrar las estafas

Las líneas de trabajo apuntaron a la presencia de un entramado de muleros utilizados para mover a través de varias cuentas el dinero de las estafas y hacer perder su rastro. Y esta hipótesis pareció confirmarse cuando se detectó a otras 10 personas más que tenían asociadas 47 productos bancarios.

La investigación determinó la presencia de dos grupos conectados. El principal, que presuntamente perpetraba las estafas, formado por individuos de origen nigeriano afincados en el barrio malagueño de La Palmilla; y el secundario, compuesto por miembros de una misma familia y allegados que ejercían de mulas bancarias.

Las fuentes consultadas por este periódico señalaron que había auténticos profesionales de este cometido, tipos que «se vestían de obreros» y dedicaban las mañanas a recorrer las sucursales de los pueblos. Una labor por la que percibían «pequeñas» cantidades de dinero.

Para la apertura de las cuentas, utilizaban documentación que había sido extraviada o sustraída a otras personas en diferentes puntos del territorio nacional.

Casas de lujo y fiestas

Los ciberdelincuentes establecían sus centros de operaciones en viviendas de alquiler desde las que realizaban ataques a empresas, ayuntamientos y otras administraciones ubicadas por todo el país. Marbella era una de sus ubicaciones preferidas, una ciudad en la que daban rienda suelta a su gasto. «Colonias de varios cientos de euros, vacaciones y viviendas de 1.000 la noche», en las que organizaban fiestas.

La Guardia Civil determinó que la organización habría conseguido ingresar en 60 cuentas más de dos millones de euros, de los cuales 620.000 presuntamente fueron transferidos a productos financieros extranjeros y nacionales y 408.000 euros fueron retirados en efectivo en cajeros por otros miembros del entramado. No obstante, analizadas las cuentas, se constató que el grupo criminal había cometido estafas por valor de más de seis millones de euros.

Gran parte del dinero se empleaba para comprar productos que eran enviados a Nigeria. Allí se vendían para cerrar el circuito de blanqueo

Los investigadores pudieron recuperar 972.000 euros mediante el bloqueo de las cuentas bancarias y antes de que entraran en el circuito de transferencias y compra de productos con los que se blanqueaba el dinero. «Establecían vínculos con empresas españolas y extranjeras a las que adquirían objetos que posteriormente enviaban a Nigeria», precisó el Instituto Armado.

A los detenidos se les imputa la presunta autoría de los delitos de estafas informáticas continuadas, pertenencia a organización criminal, falsedad documental, usurpación del estado civil y blanqueo de capitales. Los responsables del caso continúan con el análisis de la documentación incautada, lo cual podría derivar en un mayor número de delitos esclarecidos y más detenciones.

El nexo de unión entre ambos era la pareja española de uno de los líderes de la red de ciberdelincuencia, que presuntamente ayudaba en la captación de personas en una situación económica complicada, para que se prestaran a abrir cuentas corrientes

Redacción
Con información de: El Confidencial | Pablo D. Almoguera