EL ESPAÑOL

«No pienso declarar nada. Lo único que voy a decir es que soy inocente y no sé por qué estoy en este juicio». Éstas han sido las únicas palabras este jueves de Juan Carlos Iglesias Chouzas, alias Gadafi, en la Audiencia Nacional.

El porqué de Fiscalía para sentar en el banquillo a uno de los miembros más sanguinarios de ETA es el asesinato del ex guardia civil Francisco Díaz de Cerio (alias Patxi), mediante cinco disparos por la espalda, a un metro de distancia, el 31 de enero de 1991, de los que el Ministerio Público considera a Gadafi su autor material. Éste es uno de los 379 crímenes de la banda terrorista aún sin resolver.

Por ello, solicita para él un total de 40 años de prisión por un delito de asesinato terrorista, utilización ilegítima de vehículo a motor y robo con rehenes. Y, en concepto de responsabilidad civil, una indemnización de 500.000 euros a su viuda.

Según recoge el escrito de acusación de la Fiscalía, aquel día de finales de enero, Gadafi y Juan María Ormazábal Ibargüen, alias Turco, se montaron en un taxi en el centro de Bilbao, amenazaron al chófer con un revólver, le obligaron a meterse en el maletero y dirigieron el vehículo hasta el barrio de Ocharcoaga, donde se encontraba el antiguo agente de la Benemérita. Y vaciaron el cargador del arma.

Luego, ambos liberados del comando Vizcaya huyeron en el mismo vehículo, que abandonaron con su conductor aún dentro del maletero. El taxista, hoy fallecido, declaró poco después como testigo y describió a un hombre de «30 años, pelo castaño y corto y 1,80 metros [de estatura]» como el portador de la pistola.

Turco murió el siguiente agosto, en un tiroteo con la Ertzaintza, y en su bolsillo, la policía vasca encontró las llaves de un Renault 21, en cuyo interior había dinero, un subfusil, un revólver de marca Taurus —un informe balístico confirmó que con él se disparó a Díaz de Cerio—, munición de dicho arma y material explosivo. Así lo ha recordado en la Audiencia Nacional el ertzaina con carné número 4.369.

Sin embargo, los investigadores no encontraron huellas de Gadafi en el interior del coche —como ha reiterado su abogado defensor—, aunque un informe pericial sí le considera el autor material de los hechos.

Varios exmiembros de ETA también han sido interrogados como testigos este jueves, dado que sus declaraciones permitieron implicar en los hechos a Juan Carlos Iglesias Chouzas. A preguntas del teniente fiscal Miguel Ángel Carballo, la mayoría de ellos ha denunciado ante la Sala «torturas» policiales, «malos tratos», «amenazas» y «coacciones», bajo las que aseguran ahora que dieron sus explicaciones a los agentes. También han coincidido en alegar «que han pasado más de 30 años» para no recordar qué dijeron cuando fueron detenidos hace tres décadas.

 

«Torturas» policiales

El etarra Jesús María Mendinueta Flores, conocido como Manu, reconoció, ante un juez de Bilbao y una fiscal de la Audiencia Nacional, la pertenencia de Gadafi al mismo grupo que él —el comando Vizcaya— y le atribuyó el crimen. Este jueves ha matizado que Ormazábal (Turco) y él mismo sólo se reunían con Iglesias Chozas de forma esporádica, por «razones de seguridad». En aquel tiroteo contra la Ertzaintza, Manu resultó herido antes de ser arrestado.

«Yo no era consciente de lo que estaba declarando. (…) La policía vasca me daba instrucciones de lo que tenía que decir, que tenía que comerme todos los marrones que había en la provincia de Vizcaya. Han pasado 30 años y no recuerdo», ha declarado, tras reconocerse como miembro de la «organización revolucionaria socialista independentista ETA».

«Somos militantes revolucionarios y vamos con la verdad por delante. Nunca hemos denunciado lo que no ha habido», ha asegurado sobre unas supuestas torturas que no llegó a poner sobre un papel.

Dos ertzainas —3.339 y 01.462— también han declarado como testigos por haber participado en la toma de declaración a Mendinueta, en la que el etarra relató quiénes cometieron varias acciones terroristas; principalmente, Turco y Gadafi. Según han narrado los agentes, el interrogatorio «transcurrió con normalidad, bajo un trato exquisito y él respondió voluntariamente».

Otro antiguo miembro de ETA, Jon Mirena San Pedro, ha negado este jueves haber entregado un revólver a Turco y Gadafi. A su vez, ha denunciado «torturas y golpes» previos a aquella declaración. «Ya sabemos lo que pasaba en aquellos tiempos en las comisarías», ha indicado. Pero, según el informe forense —ha recordado el fiscal—, San Pedro sólo presentaba marcas de esposas en las muñecas una vez fue detenido.

Un tercer ertzaina, miembro del equipo de inteligencia de la policía vasca, ha relatado que el etarra Raúl Fuentes Villota también señaló a Gadafi y Turco como autores de casi todos los atentados cometidos en Vizcaya en esas fechas. Y el agente ha apuntado a ambos —excluyendo a Mendieta, el tercer miembro del comando, que nunca se autoinculpó— como autores del asesinato.

 

Amplio historial delictivo

Gadafi sólo ha pronunciado esas 23 palabras durante su juicio por el asesinato de Patxi, miembro de la Benemérita hasta 1980 y activo militante del sindicato UGT. El atentado —»una absoluta lotería criminal», en palabras del fiscal Carballo— fue reivindicado por ETA un mes después de producirse, como parte de su campaña de ataques dirigida contra miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. De resultar condenado por estos hechos, Chouzas, a quien se le consideró responsable del aparato logístico de la banda terrorista, ampliará su ya abultado currículum delictivo.

Actualmente, permanece interno en la prisión de Dueñas (Palencia). Fue condenado por la Audiencia Nacional en 2006 a más de 156 años de cárcel por su participación en el asesinato del guardiacivil Ricardo Couso —al que tiroteó, precisamente, Mendinueta Flores—, en 1991 y por la muerte de Ramón Bañuelos en 1998 y de un atentado contra la Policía.

También fue sentenciado por el intento de asesinato de un varón, al que disparó, ya que ETA creía, erróneamente, que se trataba de un policía. Y condenado, a su vez, a 8 años de cárcel por robar un taxi en julio de 1991, antes de atar a su conductor a un árbol y avisar a la Policía de que el vehículo estaba cargado de explosivos frente al estadio de San Mamés, donde juega el Athletic de Bilbao. En el año 2000, fue detenido en Francia. Además, el Juzgado Central de Instrucción número 6 investiga actualmente si ordenó el asesinato de Miguel Ángel Blanco.

En diciembre de 2020, la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias, dependiente del Ministerio del Interior, acordó concederle el segundo grado y su acercamiento al País Vasco, desde la prisión de Alicante a la de Dueñas.

Años antes, el 26 de noviembre de 2003, según recogen las crónicas, Gadafi propinó 412 patadas al cristal blindado de la denominada pecera de la Sala Penal de la Audiencia Nacional, que le juzgaba por el atentado que costó la vida a Fabio Moreno, un niño de dos años. Por este hecho, fue condenado a otros 82 años. Este jueves, en el último de sus juicios, se ha limitado a pronunciar 23 palabras.