Joseph Goebbels

 


Redacción: José Luis Borrero González


 

Anatomía de una mentira institucional perfectamente construida.

 

Las grandes mentiras no se sostienen por casualidad. Se mantienen porque responde a un método, a una técnica repetida hasta la saciedad en la historia contemporánea. Joseph Goebbels, ministro de propaganda del Tercer Reich, no inventó la mentira política, pero sí sistematizó sus mecanismos. Sus once principios de propaganda siguen siendo, hoy, una herramienta eficaz para entender cómo un Estado puede imponer un relato falso hasta hacerlo parecer verdad incuestionable.

El llamado bicentenario de la Policía Nacional -que sitúa su origen en 1824, ocultando su supresión total en 1835– encaja de manera inquietante precisa en esos once principios. No estamos ante un error historiográfico: estamos ante una operación de propaganda institucional.

 

  1. Principio de simplificación y del enemigo único.

Goebbels sostenía que toda propaganda debe reducir la realidad a una idea simple, fácilmente asimilable.

                “Policía Nacional: 1824-2024. 200 años de servicio”.

  • No hay matices. No hay discontinuidades. No hay supresión. No hay vacío histórico.

El relato se simplifica hasta lo infantil, y cualquier crítica es presentada como un ataque a la institución, cuando en realidad ataca a la mentira, no a los policías.

 

  1. Principio del método de contagio.

Consiste en agrupar a todos los críticos bajo una misma etiqueta negativa.

Quien cuestiona el bicentenario es:

  • Enemigo de la Policía, resentido, corporativista y anti institucional.

Jamás se responde al argumento documental. Se desacredita al mensajero, no al mensaje.

 

  1. Principio de la transposición.

Atribuir al adversario los mismos errores.

Cuando se demuestra documentalmente que la Policía General del Reino fue suprimida en 1835, la respuesta institucional. No es aclarar, sino acusar de manipulación a quien cita reales decretos, gacetas y boletines oficiales.

La mentira acusa a la verdad de mentir.

 

  1. Principio de exageración y desfiguración.

Un antecedente histórico se convierte, por arte de propaganda en fundación real.

La Policía General del Reino -policía política absolutista, sin uniformidad y suprimida por inutilidad- pasa a ser presentada como:

“la primera policía moderna garante del bien y la felicidad pública”

La exageración es tan grotesca que solo puede sostenerse si nadie se atreve a rebatirla públicamente.

 

  1. Principio de la vulgarización.

Goebbels insistía: la propaganda debe adaptarse al nivel intelectual más bajo.

Por eso:

  • No se habla de 1835. No se habla de supresión. No se habla de vacío institucional y no se habla de que no hubo Policía a nivel nacional hasta bien entrado el siglo XX.

Solo fechas redondas, logos, uniformes históricos recreados y eslóganes vacíos.

 

  1. Principio de orquestación.

Repetir una mentira mil veces desde todos los canales posibles.

Ministerio del Interior. Dirección General de la Policía. Ayuntamientos. Exposiciones. Placas conmemorativas. Libros oficiales. Actos institucionales.

Todos repiten lo mismo. Nadie disiente. Por lo cual, el ciudadano acaba creyendo que, si todos lo dicen, debe ser verdad.

 

  1. Principio de renovación.

Introducir constantemente nuevos elementos para que el público no tenga tiempo de reflexionar.

Un día es una exposición. Otro, un acto académico. Otro, una placa. Otro, un desfile.

No hay tiempo para preguntar: – ¿Dónde está la policía a partir de 1835?

 

  1. Principio de la verosimilitud.

               Mezclar hechos ciertos con una conclusión falsa.

Es cierto que existió una Policía General del Reino en 1824. Es cierto que hubo funcionarios. Es cierto que hubo una normativa.

Lo que es falso es que exista continuidad institucional.

Pero al mezclar verdad parcial con mentira estructural, el conjunto parece creíble.

 

  1. Principio del silenciamiento.

Callar todo lo que contradiga el relato.

Se silencian:

* Policías que sitúan la fundación real en 1908.

* Historiadores críticos.

* Libros que reconocen la supresión de 1835.

* Pruebas documentales oficiales.

No se debate. No se responde. Se ignora.

 

  1. Principio de la transfusión.

               Apelar a sentimientos colectivos preexistentes.

Se juega con:

  • El orgullo policial. El respeto al uniforme. El sacrificio de generaciones de agentes.

Se instrumentaliza emocionalmente al policía de hoy para legitimar una mentira de ayer.

 

  1. Principio de la unanimidad.

Crear la sensación de que todo el mundo está de acuerdo.

Cuando no hay debate público, cuando ningún gran medio cuestiona el relato, cuando las instituciones callan, el ciudadano cree que no existe controversia.     

 

                Conclusión: cuando la propaganda sustituye a la historia.

                 El falso bicentenario de la Policía Nacional no es un simple error historiográfico. Es un relato construido, mantenido y financiado con dinero público, que encaja punto por punto con los principios clásicos de la propaganda política, en particular con la del régimen NAZI.

No hay peor servicio a una institución que fundarla sobre una mentira. No hay mayor desprecio al ciudadano que tratarlo como incapaz de leer un real decreto. Y no hay mayor traición a la historia que confundir antecedente con fundación.

La verdad no necesita propaganda. La mentira, sí.

Y cuando una institución necesita propaganda para justificar su pasado, el problema no está en la historia: está en quien la manipula.

José Luis Borrero González

 

Benemérita al día - Periódico Digital
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.