Redacción; José Ignacio Rentero
Corren tiempos difíciles para la Benemérita. Tiempos en los que muchos guardias civiles observan con preocupación cómo la política pretende extender su influencia sobre instituciones que deberían permanecer al margen de cualquier interés partidista.
Si el Duque de Ahumada levantara la cabeza, volvería a recordar a todos el primer precepto de la Cartilla de la Guardia Civil: «El honor ha de ser la principal divisa del guardia civil; debe, por consiguiente, conservarlo sin mancha. Una vez perdido, no se recobra jamás.» No es una simple frase; es el fundamento moral sobre el que se ha construido una de las instituciones más respetadas de España.
Afortunadamente, todavía quedan hombres y mujeres que entienden el verdadero significado de esas palabras. En mi opinión, el general Fernando Mora es uno de ellos. Un mando que ha demostrado que los principios no son negociables y que el honor, el deber y la lealtad a la Institución deben situarse por encima de cualquier presión o conveniencia.
La Guardia Civil no puede ni debe convertirse en un instrumento al servicio de intereses políticos. Su fortaleza reside en su independencia, en su profesionalidad y en la fidelidad a los valores que inspiraron su creación hace más de 180 años. Cuando esos principios se defienden con firmeza, se protege no solo el prestigio del Cuerpo, sino también la confianza que los españoles depositan en él.
Hoy más que nunca es necesario recordar que el uniforme no pertenece a ningún gobierno ni a ninguna ideología. Pertenece a España y representa el sacrificio de generaciones de guardias civiles que hicieron del honor su forma de vida.
Mientras existan guardias civiles dispuestos a mantener intacta esa divisa, el legado del Duque de Ahumada seguirá vivo.

