Los ya transcurridos 45 años de monarquía constitucional han consolidado en España un cierto derecho de mensaje, especialmente patente en los mensajes de Navidad, «los más libres» de cuantos el jefe del Estado pronuncia al cabo del año

  • Felipe VI centra su décimo discurso de Nochebuena a los españoles en la Carta Magna y España, tras un final de año marcado por la amnistía y la fractura social que ha provocado
  • «Evitar que el germen de la discordia se instale entre nosotros es un deber moral que tenemos todos», afirma

El Rey ha hecho un llamamiento a preservar la «integridad» de la Constitución y ha alertado de que fuera del «respeto» a la Carta Magna «no hay democracia ni convivencia posibles; no hay libertades, sino imposición; no hay ley, sino arbitrariedad. Fuera de la Constitución no hay una España en paz y libertad», ha advertido.

Felipe VI ha querido que su mensaje de Navidad de este año, el décimo, pivotara sobre dos ejes: la Constitución y España. En un contexto en el que una y otra se ven amenazas por los pactos de Pedro Sánchez con los independentistas y nacionalistas catalanes, vascos y gallegos.

El aldabonazo del jefe del Estado desde el Salón de Audiencias del Palacio de la Zarzuela no ha podido ser más rotundo. «Para que la Constitución desarrolle plenamente su cometido no solo se requiere que la respetemos, sino también que conservemos su identidad, lo que la define, lo que significa; su razón de ser como pacto colectivo de todos y entre todos para un propósito compartido», ha sostenido. «Y, finalmente, exige que preservemos su integridad como lugar de reconocimiento mutuo, de aceptación y encuentro aprobado por todos los españoles, como legítimos titulares que son de la soberanía nacional», ha añadido a renglón seguido.

Evitar «el germen de la discordia»

El discurso de Don Felipe, de 13 minutos de duración, ha estado salpicado de referencias a la actualidad política, dentro de los límites obligados de su papel de árbitro y moderador. El Monarca ha instado a los españoles a evitar que «nunca el germen de la discordia se instale entre nosotros», algo que ha definido como «un deber moral que tenemos todos. Porque no nos lo podemos permitir». Y ha reivindicado la vigencia de los valores que «nos cohesionan y le dan fortaleza y permanencia a un sistema democrático como el nuestro»: «La libertad, la justicia, la igualdad, el pluralismo político».

Ello en un momento de profunda fractura social provocada por la amnistía que ha concedido el presidente del Gobierno a Junts y ERC a cambio de su investidura. Una ley que el propio Felipe VI deberá sancionar cuando las Cortes la aprueben y que es en sí misma una enmienda al histórico discurso que el jefe del Estado pronunció dos días después del referéndum ilegal.

Don Felipe ha abogado por la unidad en un momento de fractura social provocada por la amnistía

Por el contrario, el Rey ha recordado y ensalzado el «proyecto común» que los españoles iniciaron hace 45 años, cuando ratificaron la Constitución. «Aprobamos –ha rememorado– una visión compartida de España que reconoce el derecho de todos a sentirse y a ser respetados en su propia personalidad y en su cultura; con sus lenguas, tradiciones e instituciones».

La unidad ha sido una idea troncal de su mensaje de Navidad. Unidad que ha situado como «la razón última de nuestros éxitos y progresos en la historia reciente». Unidad «basada en nuestros valores democráticos y en la cohesión, en los vínculos sólidos del Estado con nuestras Comunidades Autónomas y en la solidaridad entre todas ellas… Basada también en nuestra apertura al exterior con una profunda vocación iberoamericana y europea».

Así pues, el Rey ha puesto en alza la solidaridad entre comunidades, frente al agravio comparativo que suponen la amnistía, la condonación de 15.000 millones de euros de deuda a Cataluña y el resto de los acuerdos ventajosos de Sánchez con catalanes y vascos.

«Responsabilidad» a las instituciones

Don Felipe también se ha dirigido a quienes ostentan cargos institucionales, para pedirles «la mayor responsabilidad». «Todas las instituciones del Estado tenemos el deber de conducirnos con la mayor responsabilidad y procurar siempre los intereses generales de todos los españoles con lealtad a la Constitución. Cada institución, comenzando por el Rey, debe situarse en el lugar que constitucionalmente le corresponde, ejercer las funciones que le estén atribuidas y cumplir con las obligaciones y deberes que la Constitución le señala», ha afirmado. «Debemos respetar también a las demás instituciones en el ejercicio de sus propias competencias y contribuir mutuamente a su fortalecimiento y a su prestigio», ha continuado.

Precisamente el viernes, el presidente y el líder de la oposición se dieron una última oportunidad para el acuerdo en torno a la renovación del CGPJ y la reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial.

En otro orden de cosas, el Rey Felipe ha rememorado el juramento de la Constitución con el que su primogénita, la Princesa Leonor, cumplió al alcanzar la mayoría de edad. Y se ha referido a los jóvenes españoles y a la herencia que tienen derecho a recibir. «Deberíamos tomar mayor conciencia del gran país que tenemos, para así sentirlo más y cuidarlo entre todos. Así podremos cumplir mejor con la obligación de la que hablé hace unas semanas en las Cortes: la de garantizar a las jóvenes generaciones el legado de una España unida, cohesionada, con voluntad de entendimiento, y sólida en sus convicciones democráticas, cívicas y morales; el legado de una España respetada, de una Nación querida, en la que puedan continuar desarrollando sus vidas de manera libre, de manera segura en un entorno de estabilidad y confianza», ha sostenido.

Y también ha hecho mención a las «dificultades económicas y sociales», de las que ha citado el empleo, la sanidad, la calidad de la educación, el precio de los servicios básicos, la «inaceptable violencia contra la mujer» y el acceso a la vivienda de los jóvenes.

En un gesto habitual en él, Don Felipe ha cerrado su intervención deseando a todos los españoles Feliz Navidad en castellano, catalán, euskera y gallego.

Redacción
Con información de El Debate