El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, hace caso omiso a las propuestas de los guardias civiles

En los últimos días han salido a la luz diversas informaciones que han dado la voz de alarma sobre el futuro de la Guardia Civil. Este mismo jueves, el Ministerio del Interior, que dirige Fernando Grande-Marlaska, anunciaba que la Policía Nacional asumirá la «competencia íntegra» de seguridad ciudadana en el municipio almeriense de Roquetas de Mar, una función que desarrollaban hasta ahora los guardias civiles. Y hace apenas una semana, el Ejecutivo de Pedro Sánchez Sánchez sellaba la expulsión de la Guardia Civil de Tráfico de Navarra. La presidenta foral, María Chivite, confirmaba la cesión a EH Bildu y se comprometía a ejecutar la transferencia a la Policía Foral el 1 de julio. Una medida de la que no fueron informados los agentes, que se enteraron por los medios de comunicación.

Si a estas informaciones recientes sumamos décadas de ninguneos, desigualdades salariales respecto a otras Policías del Estado, la falta de medios humanos y materiales, así como el abandono total y absoluto de los máximos responsables del Instituto Armado… la situación se antoja insostenible. La gota que ha colmado el vaso es la maniobra del Gobierno para desviar la atención sobre el caso del «Tito Berni» y centrar el foco sólo en la Guardia Civil. La falta de apoyo de la mano derecha de Grande-Marlaska y directora de la Benemérita, María Gámez, ha provocado las protestas y denuncias de los agentes, que una vez más se ven utilizados y menospreciados.

Llegados a este punto, cabe preguntarse: ¿Y si la Guardia Civil está herida de muerte? Una cuestión nada sencilla, que ha sido analizada por el vicepresidente de la asociación Una Policía para el Siglo XXI, Josema Vallejo. A su juicio, lo primero que hay que tener claro es que «la Guardia Civil tiene enemigos fuera (que la atacan) y dentro (que no la defienden)». No hace falta irse muy lejos para buscar a los «enemigos», ya que en la fallida reforma de la Ley de Seguridad Ciudadana quedaron patentes los objetivos de partidos como ERC o EH Bildu. Y la falta de defensa de los agentes tampoco es nueva, y si no basta con tirar de hemeroteca para descubrir que son muy contadas las ocasiones en las que el ministro del Interior o su mano derecha han salido al rescate de los guardias civiles.

El desprecio del Gobierno

En su análisis, Vallejo, que es cabo primero de la Guardia Civil, recuerda que todos los gobiernos han cedido competencias que «tradicionalmente y por ley» correspondían a la Benemérita. Sin embargo, destaca que el Ejecutivo actual es el que más lejos ha llegado. Así, además de la salida de los agentes de Tráfico de Navarra, apunta al cierre de dos puestos del Grupo de Montaña en Navarra y Lérida, los desactivadores de explosivos del País Vasco o el intento de los Mossos por hacerse con el servicio marítimo en Cataluña.

Ante esto, la Institución da la callada por respuesta. «La sensación es que esto no le importa a nadie», explica el vicepresidente de Una Policía para el Siglo XXI.

Entre otras cuestiones, Vallejo también hace hincapié en la «acuciante falta de personal» y en una «burocracia que lastra el servicio y lo hace insostenible». En la actualidad hay muchos cuarteles cerrados, la organización es «decimonónica» y los tiempos de respuesta son cada vez mayores: «Los ciudadanos requieren a la Guardia Civil y ésta no está o llega tarde», matiza. Por no hablar de «las citas previas para denunciar, los procedimientos interminables; la falta de material y de uniformes; guardias civiles trabajando en zonas en las que no pueden pagarse una triste habitación y viven en el coche; dietas de menos de 80 euros para desayunar, comer, cenar y alojarse; servicios a turnos sin cuadrante fijo; cambios de servicio constantes…» y así un largo etcétera.

También es importante la imagen que se da del Instituto Armado. En cada acto, en cada visita, en cada celebración el ministro Marlaska y la directora Gámez presumen de «modernidad y eficacia, con equipos dedicados a las nuevas necesidades sociales y nuevas formas de criminalidad (Equipos ROCA, VIOGEN, ARR@BA…)», sin embargo la realidad es muy distinta. Tal y como explica el vicepresidente de esta asociación, no hay un aumento de efectivos para estos equipos especializados, se trata de los mismos guardias civiles haciendo distintas cosas. Es más, cada agente destinado a estas unidades se detrae de Seguridad Ciudadana.

Y a esto hay que añadir el problema burocrático: «Se ocupa más tiempo con el papeleo interno que patrullando, haciendo detenidos o resolviendo delitos». En este sentido, Vallejo critica que la Dirección General pase de puntillas por estos problemas de base, mientras se emplea a fondo en decidir si un agente debe llevar un cinturón dorado o no, en cambiar el tipo de gorra del uniforme o en elaborar un código de conducta, que ya existe.

La Guardia Civil «está fallando», ¿por qué?

En definitiva, en su análisis determina que la «Guardia Civil está fallando». Pero deja claro que «no están fallando sus miembros, no está fallando la cabo Laura, que cada día patrulla la sierra, ni el guardia Paco, que busca con su perro a una anciana perdida. No falla el teniente Rafa, que va justo de personal y saca servicios… lo que falla es el liderazgo y el sistema«.

A su juicio, lo único que parece importar es la concesión de medallas, al nuevo Subdelegado de Gobierno o a algún amigo empresario, mientras la escala básica no ve medallas pero sí expedientes.

Y concluye: «Pareciera que estamos ante el plan de sucesivos gobiernos por acabar con la Guardia Civil, reduciendo su presupuesto y reduciendo su presencia y competencias. Y, si así fuera, parece también que desde la Dirección General, nadie está dispuesto a dar la cara y a hablar en voz alta».

Redacción