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Marigel Manzano Vega, teniente en 2014 y Nuria Galán Sanchidrián, guardia civil, formaron parte en 1988 de la histórica primera promoción de mujeres de la Guardia Civil. En el año 2014 nos contaron su experiencia.

Llevar tricornio y zapatos con tacón de aguja es posible. ¡Vaya si lo es! Y con qué arte lo calza la teniente de la Escala de Oficiales, Marigel Manzano Vega. Al menos, en actos de protocolo y, yo diría, que de gala. Junto a ella, la agente Nuria Galán Sanchidrián, hija de guardia civil y orgullosa de tocarse la cabeza con un sombrero que considera su carné de identidad. Ambas son madrileñas y pertenecientes a la I Promoción de Mujeres de la Guardia Civil que se graduó en Madrid. De eso hace ya 25 años. Un cuarto de siglo que ellas ni notan. Están radiantes y se las ve unidas. Muy cómplices. Tienen dos currículum de antología. Apabullantes.

Marigel rompe moldes. Y tópicos. A sus 47 años no admite eso de la cuota femenina. «Se está donde haya que estar por la valía y la preparación, no porque seas hombre o mujer. En algunos lugares habrá más de unos; y en otros más de otras. Hay que ganárselo». De todas formas, a esta oficial —sus compañeras barruntan que llegará a lo más alto en la escala—, le parece que la mujer aporta una forma «más democrática» de realizar cualquier tarea. «Somos más exigentes, sí; incluso con nosotras mismas cuando se trata de liderazgo. Alguna llegará a teniente general. Ya lo verás». Cuando eso ocurra, que ocurrirá, me prometen la primera entrevista.

Nuria, también 47 años, está casada y es madre de dos hijos. Lo de ser agente de la Benemérita lo lleva en la sangre. Con una sonrisa de oreja a oreja nos va contando que su padre ha sido guardia civil. «Estuvo destinado en pueblos de Madrid. Me gustaba verle tan feliz porque trabajar con los vecinos, en lugares pequeños, te hace sentir mucho más de cerca una de las mejores cosas de esta profesión: que cuando te necesitan, siempre te tienen cerca».

La agente Nuria Galán también ha ejercido en distintos puestos. De su paso por la zona rural guarda muy buenos recuerdos. Hoy está asignada al Gabinete Técnico y de Apoyo del director general de la Institución. Es lo que ella denomina «un cargo que tiene mucho de diplomacia». Y de mano izquierda. Claro que Nuria tiene pinta de saber templar. De dialogar.

El caso de Marigel (viene de María del Ángel), es, también, para quitarse el sombrero. O el tricornio. Está soltera aunque reconoce que hubo un amor que no cuajó. No pasa nada. «Así le dedico más a esta forma de vida. Porque ser guardia civil no es un trabajo. Es eso, una forma de entender la vida», asegura con toda su alegría. Lo mismito que transmite su compañera.

La teniente Manzano cuenta, con especial cariño, que su padre era militar pero que fue su hermano quien le metió el gusanillo de la Guardia Civil en su corazón. Sabía, como todas las mujeres de la Benemérita de aquella primera promoción madrileña formada por 198 damas, que al entrar en un mundo de hombres «había que demostrar que somos iguales… o superiores, si llega el caso. Todo depende de la actitud».

Vuelve Marigel a su hermano. «Él me entrenó física y mentalmente». Y no cuenta, pero nos lo chivan, que ha estado destinada en la Unidad de Servicios Especiales dedicados a la lucha contra el terrorismo de ETA y que ha intervenido en operaciones de detenciones de comandos etarras. Que, además, ha participado, a través e Europol, en acciones contra el terrorismo islámico y que se lleva en su solapa la Cruz de Mérito de la Guardia Civil con Distintivo Rojo.

Marigel, rubia y con ojos chispeantes, ha estado destinada al servicio de Seguridad de la Casa de Su Majestad El Rey, concretamente en la Sección de Escoltas del Príncipe de Asturias. Durante un tiempo fue jefa de escolta de la Princesa de Asturias.

Hablaríamos con ellas mucho más. Son dos ejemplos de vida. Y llevan por bandera su «Todo por la Patria».

Publicado en ABC en el año 2014: http://www.abc.es/madrid/20140527/abcp-guardia-civil-trabajo-forma-20140526.html