Redacción, José Ignacio Rentero Vicente 

Frescos dignos de las bóvedas más bellas de la Capilla Sixtina se esconden en pleno centro de Madrid

Madrid esconde una Capilla Sixtina en un edificio cuya apariencia exterior no da ninguna pista de lo que se encontrará dentro. Una auténtica joya barroca equiparable a la obra del mismísimo Miguel Ángel.

No es necesario viajar a Ciudad del Vaticano para quedar impresionado ante unos frescos de los artistas más importantes de la época como Francisco Carreño de Miranda, Lucas Jordán o Francisco Ricci. La ermita de San Antonio de la Florida encuentra una hermana en esta, la iglesia de San Antonio de los Alemanes, ambas declaradas Monumento Nacional y desapercibidas entre el bullicio madrileño. En plena Malasaña se hace hueco este edificio que se ha alzado con el título de Capilla Sixtina del barroco madrileño.

Se construyó entre 1624 y 1630 por iniciativa del Consejo del Reino de Portugal y con fondos de un grupo de nobles y comerciantes portugueses como complemento del Hospital del mismo nombre. Por ello al principio se denominó San Antonio de los Portugueses. En 1668, con la independencia de Portugal, pasó a estar al cuidado de la escolta alemana de la reina Mariana de Neoburgo, por lo que también modificó su nombre. Lo más impactante de su interior es la calidad de sus pinturas y el trampantojo que decora la cúpula de la iglesia. Nada pasa desapercibido, pero hay que estar muy atento a los miles de detalles que no se aprecian a simple vista.

Su forma está inspirada en la iglesia de Santa Anna de los Palafrenos, pero es única en el sentido en que no existe en la ciudad otro templo cubierto al completo por frescos y con planta elipsoidal. Actualmente funciona también como entidad benéfica que, además de ser lugar de culto, alberga actividades como conciertos de música clásica y religiosa, en manos de la Santa y Real Hermandad del Refugio y Piedad de Madrid desde el siglo XVII. Eran propietarios de un albergue, un orfanato y un refugio. Solo les faltaba la iglesia, que donó el rey Felipe V a su llegada al trono. Así, se convirtieron en una pieza clave de la lucha contra la pobreza.