Por; Javier Gamero Kinosita


Extracto de la conferencia magistral de Javier Gamero Kinosita, director de Derechos Fundamentales de la Dirección General de Seguridad Democrática del Viceministerio de Seguridad Pública del  Ministerio del Interior en la Feria “APEC CIUDADANO PERÚ 2024” en el marco de la Reunión Anual del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico en Perú llevada a cabo en el Puericultorio Pérez Araníbar en Lima el viernes 15 de noviembre de 2024.

La política de seguridad en la tardiomodernidad

La política de seguridad en la tardiomodernidad se da en el año 1980, en el proceso de transición entre la sociedad moderna y la sociedad posmoderna, en donde se produce un cambio de paradigmas en las políticas de prevención y control de la seguridad. En la primera teníamos una sociedad industrial y liberal, una sociedad de bienestar en donde se consuma una revolución tecnológica y social, el progreso estaba marcado no sólo en la máquina, sino también en el individuo, la estructura social y la familia, fue un periodo de optimismo pleno, en donde los riesgos estaban bajo control. Amuletos de esta era son el fordismo y la teoría económica de Keynes. El Estado era generoso, solidario y la política criminal de entonces era racional y humana, el individuo estaba en el centro. En la segunda, en la sociedad posindustrial y neoliberal vemos como la globalización deshace la euforia, se pierden masivamente los puestos de trabajo, se ensancha la brecha entre la élite y los obreros, existe una falta de dominio de riesgos, que son consustanciales con el nuevo orden emergente, se vive una permanente inseguridad. Amuletos de esta era  son la teoría económica del “Tío Milton” y la caída del Muro de Berlín. En esta fase existe una desorientación social y se da la pérdida de la identificación colectiva. La política criminal se vio también afectada por la pérdida de esa conexión social.

La política de seguridad en la era de la post globalización

El siglo XXI exige una seguridad sostenible, vale decir amplia, objetiva y subjetiva. Ello exige una seguridad en cuatro planos distintos, la seguridad global, del Estado, de las instituciones y de las personas. Frente a las nuevas tendencias macro-políticas, macro-económicas, macro-sociales, macro-culturales, macro-económicas, macro-tecnológicas, macro-ecológicas y macro-demográficas que han sumido al mundo, según el Dr. Yoshiro Takemura, Director del Instituto de Criminología de la Universidad de Yokohama,  en un punto crítico del caos, la complejidad y la contingencia atestado de confrontaciones y contradicciones,  se requiere hoy en día nuevos de enfoques globales y estrategias transversales para detectar las causas de la criminalidad, los nuevos riesgos y oportunidades. Se trata de un tiempo caótico y sin regulación, la sociedad se ha tornado en multidimensional, policéntrica y contingente,   hay nuevos actores globales, se han desestatizado los acontecimientos bélicos, tenemos las guerras civiles moleculares que se dan el la batalla urbana, la seguridad oscila entre lo militar y lo policial. La globalización ha acentuado el carácter del proceso de transnacionalización, no solo de determinados espacios geográficos, sino también de los acontecimientos, problemas y conflictos. Esta “sociedad pos 11 de septiembre” ha generado un trilema entre la libertad, la seguridad y la justicia.  Tenemos nuevos problemas, conceptos y desafíos. Se requiera una nueva arquitectura de seguridad.

 

 

La sociedad de riesgo y la justicia matemática del seguro

En la sociedad de riesgo del científico social alemán  Ulrich Beck no hay puerto seguro, se tiene que coexistir con estos riesgos, ya no es posible eliminarlos, sólo minimizarlos. A mayor desarrollo hay mayor riesgo, a mayor riesgo hay mayor peligro, hay mayor peligro hay mayor inseguridad y a mayor inseguridad hay mayor miedo. En la sociedad de riesgo  se concibe a la criminalidad como un riesgo individual, ya no como un fenómeno o riesgo social. En el nuevo discurso de seguridad rige la lógica del seguro, la gerencia del riesgo. De la misma manera que una persona se asegura contra las enfermedades, los accidentes, el desempleo, la vejez, los daños y perjuicios, las lesiones, también debe de hacerlo contra la criminalidad. Predomina el pensamiento neoliberal, la economización de lo social, prima la fuerza del mercado. Hoy se habla del “homo prudens”, el ciudadano precavido que realiza un cálculo racional propio y tomará sus providencias.  Existe una nueva política de seguridad pública que es la justicia matemática del seguro.

Cultura del miedo a la criminalidad

La disolución de la solidaridad social de la posmodernidad, el discurso cotidiano de los medios y la retórica política populista ha generado un clima de miedo e inseguridad. Muchas veces no existe una relación objetiva entre el desarrollo fáctico y real de la criminalidad y el miedo generalizado, pero cada error tendrá una resonancia perversa en los medios afectando la conciencia social, los ciudadanos se siente víctimas potenciales, se ha minado el sentimiento de autoseguridad de la población, por lo tanto hay que fortalecer el sentimiento de seguridad ciudadana. Es necesario diseñar una doble estrategia para combatir la seguridad objetiva a través de medidas instrumentales y tecnológicas y la seguridad subjetiva con medidas que neutralicen esos sentimientos, emociones y miedos, vale decir ese trauma social.

Politización de la seguridad y relegación de los expertos

Hoy con el tema de la seguridad se pueden ganar elecciones políticas. Los medios de comunicación y los partidos políticos están hipersensibilizados con el tema. Hay que estabilizar esa psique social, recuperar la confianza en el Estado. La política criminal debe de ser comunicativa. Muchas veces el exhibicionismo de la presencia policial masiva, las investigaciones exitosas, las persecuciones espectaculares, las intervenciones con fime dureza pueden causar irritación en la población y generar nuevas dudas. La supuesta efectividad de las decisiones políticas se ven reflejadas a priori en el eco de los medios de comunicación. Esta politización de la política criminal ha llevado al populismo. La última palabra es de los políticos que tienen poco entendimiento y actúan en función de la resonancia mediática y los cálculos políticos.

El gobierno a distancia

Michel Foucault introduce el término « Gouvernementalité » que conlleva a una nueva lógica de seguridad. Antes el Estado tenía un control y la regulación jerárquica centralizada de la seguridad. Hoy ha sido sustituido por un autocontrol, una autorregulación descentralizada. La seguridad no será más un bien colectivo regulado por el Estado, sino por el poder adquisitivo. El control de la criminalidad ha devenido en un negocio de seguridad. Se rige por la factibilidad real y la eficiencia económica. Se ha dado una disolución del monopolio del Estado en los servicios de seguridad, tenemos nuevos socios de seguridad. El Estado crea el marco regulatorio, tiene la última palabra y gobierna a distancia apelando a la responsabilidad social. Se ha consumado una cesión de un trozo de soberanía, se ha disuelto esa sociedad estadual y se requiere una sociedad más participativa.  El “homo prudens” es la nueva imagen del buen ciudadano que cumple con un mandato de autoprovisión.  Se apela a los conceptos de colaboración y cooperación, y al principio de responsabilidad ciudadana. Rige una nueva filosofía de la administración basada en el binomio sociedad pública – privada.

 

 

Seguridad adquisitiva, privatización de la seguridad y exclusión social

Hoy se evidencia una desmesurada expansión de las firmas de seguridad privada, la dinámica neolIberal exige un mercado de seguridad privada. El estado no es más el único garante de seguridad, sino el coordinador, hoy existe un amplio sistema de seguridad con prestaciones propias del ciudadano. La seguridad se rige bajo criterios comerciales, en función del poder adquisitivo individual.La seguridad es un producto fravbricable y consumible en el mercado. La seguridad hoy corre por nuestra cuenta. Se ha producido un recorte de la seguridad social que conduce a una exclusión social estructural conllevando a la denominada justicia popular o consuetudinaria. Muchas ciudades-capitales iberoamericanas viven un proceso de refeudalización de la sociedad en materia de seguridad ciudadana . La UNESCO las califica como “ciudades fortaleza”. La precarización es un producto de la fatalidad económica. El sector privado con sus empresas flexibles responde a ello, conscientes de la inseguridad existente. Donde antes regía la soberanía, hoy rige el mercado. Hay un proceso de descentralización y un proceso de despolitización. Otros subrayan la existencia de  un proceso de pluralización de la policía. El Estado neoliberal propone una nueva filosofía de administración pública de seguridad en donde el ciudadano es equiparado con el cliente.

Reflexión final

El expositor Javier Gamero Kinosita concluyó que la política criminal posmoderna en aras de consolidar una política de seguridad pública sostenible en el siglo XXI debe de conjugar lo público con lo privado, el Estado con el mercado, la centralización con la descentralización, el ser humano con la naturaleza, el hombre con la mujer, el idealismo con el realismo, los principios con el pragmatismo, el corto plazo con el largo plazo, la prontitud con la celeridad, el norte global con el sur global, el poder con el derecho, el derecho nacional con el derecho internacional y lo más importante concatenar las políticas de derecha con las políticas de izquierda. La sociedad neoliberal concibe la producción de seguridad no sólo como una tarea estatal, sino como un permanente esfuerzo social.

 

 

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