Cuando perdimos a Antonio el pasado 30 de enero, en un fin de semana muy desagradable, aunque él no sufriera, sentí que se me producía un hueco en mi alma, pero no solamente de tristeza, sino también de soledad. Antonio está en el Cielo, sin lugar a dudas. O mejor, está en la habitación de al lado, como dijera San Agustín. Eso me llevó a hacer una serie de reflexiones sobre nuestra amistad.

Lo primero que pensé es en Calderón de la Barca, porque “es parentesco sin sangre una amistad verdadera”, como lo era y sigue siendo la nuestra. Para mí,Antonio era un pariente por elección muy querido. Siempre que me veía su gran obsesión era invitarme a lo que fuera. Nadie he conocido tan generoso y afectuoso como él Porque como decía Horacio, “mientras la razón no me abandone, nada encontraré comparable a un amigo cariñoso”; y Antonio lo era y mucho. Daba todo lo que tenía en defensa de la ética, la justicia y el bien.Pero no imponía nada, pues un amigo te da la libertad de ser tu mismo, según las palabras del cantante rockero Jim Morrison. Antonio era un hombre con un ansia enorme de aprender. Me lo consultaba todo y me preguntaba acerca de sus dudas en temas muy diversos, especialmente los relacionados con su gran obra: el Círculo Ahumada. Era un hombre leal donde los haya y comprometido con muchas cosas, en especial con la Guardia Civil. Y en eso concuerda con Cervantes, para el que “amistades que son ciertas nadie las puede tumbar”. Es imposible dejar de ser amigo de Antonio, y muy especialmente cuando se es Guardia Civil. Tenía un “feeling” especial que le hacía ser un compañero de viaje en esta vida nuestra. Y además se casó con una persona maravillosa, Pepita, una mujer entregada a su familia y en primer lugar a él, y por supuesto a sus amigos. Llevo más de treinta y seis años viajando frecuentemente a Roma: una, dos, tres… o más veces cada año. He visto de todo: quitar y poner tranvías, modificar calles, abrir y cerrar museos, etc. También he dado alguna que otra conferencia allí, sobre todo en el “Istituto Superiore della Sanità”, en la Via Regina Elena, el equivalente italiano al Instituto de Salud Carlos III de España. Tengo amigos por doquier en esa ciudad. Y siempre me llamó la atención una tienda cercana al Panteón de Marco Agripa, una tienda llamada “Modas Pepita”, posiblemente puesta en marcha por gente de España. Bien,pues cada vez que me acordaba y pasaba por allí le hacía una foto que se la mandaba a Antonio y Pepita, que pasaban un buen rato riéndose con ello. Es decir, que tanto mi mujer como yo teníamos y tenemos presentes siempre a los dos: Antonio y Pepita.

Porque sin duda alguna Aristóteles llevaba razón cuando decía que “el antídoto para cincuenta enemigos es un amigo”. Yo diría que es más una vacuna contra el odio y la desvergüenza. Al menos así me lo parece. Porque, siguiendo con los clásicos (esta vez Séneca), comprender y ser comprendido son las cosas más hermosas de la amistad. Es decir, que no eres tú solo, sino que estás reforzado, y mucho.

A veces uno tiene problemas y no sabe qué dirección tomar. Ralph Waldo Emerson decía que un amigo es una persona con la que se puede pensar en voz alta. ¡Qué gran cosa es esa! Este pensador, filósofo y escritor norteamericano, de principios y sobre todo mediados del siglo XIX, fue un promotor importante del abolicionismo de la esclavitud a partir de 1844. Había nacido en Boston en 1803 y murió en Concord en 1882, a causa de una neumonía. Son muy famosas sus frases y de gran reconocimiento sus obras.Bien, pues Antonio pensaba en voz alta conmigo al lado.

Es difícil vivir sin amigos. En ese aspecto no me puedo quejar, pero cada amigo es algo diferente, algo personal. Es cierto lo que dijera Cicerón de que vivir sin amigos no es vivir, aunque para mí que se quedó corto. Tenía que haber matizado, pues cada amigo es un mundo y si valoramos todas las amistades, estaremos en el universo del sentimiento, en la galaxia del cariño.Cicerón era un tanto rebelde con la autoridad. Combatió la dictadura de César y su posterior enemistad con Marco Antonio le costó ser ejecutado. En Cicerón se daba aquello de creer lo que dice, pero no seguir lo que hace. Un político controvertido, como casi todos, pero con una diferencia con la mayoría de los susodichos políticos: era inteligente y poco soberbio. Y dejo libre el pensamiento para las posibles comparaciones.

Heródoto de Halicarnaso fue mucho más concreto: “de todas las posesiones, la amistad es la más valiosa”. Antonio era consciente de ello y confiaba plenamente en mí. De hecho, en más de una ocasión me dijo que le gustaría que yo siguiera en su puesto en el Círculo Ahumada. Me he resistido durante cinco meses, pero al final he comprendido que debo serle fiel aún después de morir, porque estoy seguro de que él me va a ayudar desde esa “habitación de al lado” donde se encuentra.

Sin lugar a dudas, Antonio sigue y seguirá estando en nuestra memoria. Y, además, yo lo voy a tener siempre a mi lado, pues para mí no ha dejado de existir, sino que existe de otra manera que todavía no puedo comprender, pero algún día lo comprenderé y nos daremos un fuerte abrazo.

Francisco Hervás Maldonado
Coronel Médico (r)
Presidente del Círculo Ahumada