portugal

Por Antonio Sánchez, Historiador y miembro de la Guardia Civil (A).

Introducción

El enfrentamiento entre el gobierno conservador de Lisboa y la Junta progresista de Oporto sume al país en la guerra civil desde octubre de 1846. Fracasada una mediación hispano-británica, se decide en Londres la intervención militar para acabar con el conflicto. Fuerzas navales de España, Francia y Reino Unido, surtas en aguas portuguesas, colaboran con la flota leal al gobierno de María II. La escuadra española, al mando de José de la Cruz, interviene en las acciones de Oporto y Setúbal, también en la vuelta a la obediencia regia de las islas de Madeira y las Azores.

Con la enviada a los Estados Pontificios, fue esta la primera intervención exterior isabelina, así como la primera experiencia internacional de la Guardia Civil data del año 1847 y vino de la mano del Ejército al prestar en el mismo, por ser reclamado para ello, servicio de campaña con ocasión de la expedición española a Portugal que se envió en auxilio del régimen liberal de María II.

El liberalismo portugués, igual que el español, nació dividido entre progresistas (vintistas y septembristas) y conservadores (cartistas o moderados). Los primeros propugnaban la Constitución (de 1822 y 1838, respectivamente), en tanto los segundos la Carta de 1826. El ala ultraconservadora del cartismo era el cabralismo (dirigido por Costa Cabral, conde de Thomar), al que se inclinaban las preferencias de la reina Maria II, ello determinó el levantamiento de Oporto y la guerra civil en el país vecino.

En octubre de 1846, la reina entregó el poder al marqués de Saldanha, quien formó un gobierno cartista-cabralista contrario a los principios liberales impuestos por una insurrección popular ocurrida varios meses antes denominada «María da Fonte.”(1) De este modo la Corona se vio seriamente comprometida, enfrentándose a la mayoría del país, que se organizó en Juntas, siendo la más importante, la de Oporto, aglutinadora de la oposición al nuevo ministerio. La resistencia de gran parte del país, abrió una guerra civil conocida bajo la denominación de «Patuleia’‘(2). A lo largo de la misma, María II se mostró reticente a la conciliación con los rebeldes, éstos debían someterse. El apoyo septembrista -partido mayoritario en la Junta de Oporto- al Partido Progresista español y el problema carlista movieron al gobierno de Madrid a adoptar una postura muy activa en la solución de la crisis. Portugal demandó ayuda en virtud del Tratado de la Cuádruple Alianza(3), a la que pertenecía.

de La ConchaEl Reino Unido consideraba la guerra como una lucha entre partidos portugueses que no cuestionaban la dinastía. Estimaba cumplido el citado tratado. Palmerston propuso unas bases para la mediación en Portugal. España exigió tomar parte en el proceso de pacificación; primero en la mediación y si ésta fracasaba, en la intervención.

  Las bases de la mediación fueron aceptadas por el gobierno portugués pero no por la Junta de Oporto. El Protocolo de Londres de 21 de mayo de 1847 decidió una intervención que restableciese la normalidad constitucional, sometiendo a los alzados en armas contra la reina y separando del poder a los que justificaron con sus abusos la insurrección. Tal es el marco en el que se desarrolla la batalla política y diplomática de la intervención en la que España, y la Guardia Civil dentro de sus cometidos, tendrían un protagonismo especial; colaborando en las actividades bélicas tanto por vía marítima como por tierra. Un segundo Protocolo firmado en Madrid el 31 de mayo estableció las fuerzas terrestres de intervención española y su entrada en Portugal. La diplomacia española logró así un papel de primer orden en la resolución de la cuestión portuguesa.

A la hora de cerrar la crisis, dos lugares, Oporto y Lisboa, y dos mesas negociadoras, la de los militares y la de los jefes de legación. Concha y Wylde en la primera, Ayllón, Seymour y Varenne en la segunda. Dos documentos, la convención de Gramido y el protocolo de Lisboa de 2 de julio

La misión

El 11 de junio entraron en Portugal las tropas de vanguardia mandadas por Lavalette. El día siguiente salió el cuartel general desde Zamora, pasando el Esla por el puente de Ricobayo. La primera jornada de marcha terminó en Alcañices y ese mismo día entraron en Braganza las tropas de vanguardia. Las tropas españolas se quedaron allí porque los sublevados habían cortado un puente y no se encontraban víveres para continuar la incursión dentro de lo términos suscritos. Por esta última razón permaneció el cuartel general en Alcañices durante los días 13, 14 y 15. Allí se organizó el ejército de operaciones en dos secciones, una avanzaría por Chaves y otra por Amarante. El 16 de junio, salió el cuartel general para Braganza en dirección a Sejas, pasando el río Manzanas por Quintanilla. Cerca de Guimonde se reunieron todas las fuerzas con el cuartel general y por la tarde ya estaban en Braganza. Se anunciaba que, de no surgir imprevistos, el 22 o 23 podrían encontrarse frente a Oporto. El barón de Vinhaes se encargaba de proteger las comunicaciones y convoyes del ejército español.

En la madrugada del día 19 salió el cuartel general llevando en la vanguardia algunas compañías de cazadores y una partida de zapadores para preparar el terreno, el destino era Mirandela. El brigadier Belestá con ocho batallones, una batería y dos escuadrones debía pernoctar el día siguiente en Chaves. Lersundi había ocupado el castillo de Viana, previamente abandonado por los revolucionarios. Los soldados fieles a la Junta se replegaban hacia Oporto donde había unos 11.000 hombres armados. La mañana del 25 de junio, las tropas de Saldanha ocuparon el barrio de San Ovidio, dependiente de Oporto. Ese mismo día se situaron definitivamente el cuartel general y el ejército de operaciones en Vendas Novas. La vanguardia y la primera división la habían ocupado junto a Medamela. La segunda y tercera división se habían situado a su derecha ocupando San Mames de Infesta, Pedrosos, Aruza y otros puntos.

Al salir Concha de Valongo en dirección a Vendas Novas se le había presentado el brigadier Vasconcelos, comisionado por la Junta, que deseaba llegar, previa suspensión de hostilidades, a un arreglo amistoso, y al día siguiente presentaría sus propuestas. Como única condición, la amnistía a todos los que habían participado en el alzamiento. Concha la aceptó por considerar que estaba contemplada en los cuatro artículos de la mediación y por la conveniencia de ocupar Oporto cuanto antes. Vasconcelos confesó a Concha que la Junta no quería negociar con los comandantes de la escuadra inglesa y francesa ni con los cónsules de estas naciones.

Dentro de este contexto bélico y diplomático, intervino el Instituto en su primera misión fuera del Reino de España, teniendo en cuenta que dentro de nuestro territorio peninsular se estaba desarrollando a la vez, la conocida como IIª Guerra Carlista.

La presencia de la Guardia civil se hizo precisa para garantizar el orden y seguridad de militares y civiles que seguían a las columnas, así como lógicamente, a los vecinos de las poblaciones por los que pasaban.

    Por propia iniciativa del IIº Duque de Ahumada, y con motivo de la inminente partida del ejército expedicionario a Portugal, se aprobó la Real orden de 7 de junio de 1847, por la que se aprobaban los cometidos de la Guardia Civil en su servicio de campaña, siendo su contenido el que se reproduce a continuación:

  • “La sección de la Guardia Civil en un Ejército de operaciones depende directamente del jefe del Estado Mayor General.

  • Se le considerará siempre de servicio y todos los militares, de cualquier graduación, deben acatar las indicaciones que le hagan referentes a su Instituto.

  • Debe vigilar sobre la perpetración de delitos comunes, arrestar a los culpables y mantener el orden.

  • Una de sus principales obligaciones es proteger a los habitantes del país ocupado.

  • Igualmente debe comprobar las autorizaciones de cuantos paisanos sigan a las tropas, arrestando a los que no estén provistas de ellas.

  • En las marchas la Guardia Civil detendrá a cuantos se separen del grueso por la vanguardia o flancos e incorporará a los rezagados.

  • Se encargará del cumplimiento de las órdenes  del jefe de Estado Mayor  con respecto a la marcha de equipajes, brigaderos y vivanderos.

  • En los pueblos por donde pase la tropa cuidará del orden en los puestos donde se venden los artículos de primera necesidad, vigilando que no haya alteración ni fraude en las pesas y medidas.

  • Por otra parte, el comandante de la Guardia Civil elegirá de acuerdo con el Gobernador general del cuartel el lugar destinado a prisión.

  • En los Cuarteles generales (el Cuerpo)  cuidará de la ejecución de las leyes del Reino, bandos, órdenes generales del Estado, o de las del jefe de Estado Mayor General y Gobernador general del cuartel, y para cuidar su puntual observancia, mantendrá patrullas de parejas que celan su cumplimiento.

  • La fuerza de la Guardia Civil se alojará en las proximidades del jefe del Estado Mayor General o Gobernador general del Cuartel.

Posteriormente, esta redacción quedó incorporada en el Reglamento Militar del Cuerpo en 1852.

La aportación de la Guardia Civil fue de un total de 41 hombres de la sección de caballería al mando del Capitán Francisco Aguirre.

Tras la caída de Oporto el 30 de junio, la Guardia Civil estableció un servicio de patrullas para garantizar la seguridad de la ciudad. En julio se retiraron las tropas y la Guardia Civil participó del reconocimiento internacional por su aportación a la campaña, tan solo dos años después de su fundación.

Otras intervenciones reseñables en campañas militares (hasta inicio de la IIª República):

 – La Guerra de África 1859-1860.

 – Expedición a Méjico 1861-1862.

 – Guerra de Santo Domingo 1863-1865.

 – La “Guerra Grande” de Cuba 1868-1878.

 – La “Guerra Chiquita” de Cuba 1879-1880.

 – La Campaña de Melilla 1893-1894.

 – La Guerra de Cuba 1895-1898.

 – Guerra de Filipinas 1896-1898.

 – Guerra de Puerto Rico 1898.

 – Campaña del Rif 1909.

 – Campaña del Kert 1911-1912.

 – La Guerra de África 1913-1917.

 – La Campaña de Marruecos 1918-1927.

Conclusiones

Las relaciones hispano-portuguesas en el siglo XIX, hay que entenderlas en el marco de la aproximación del régimen moderado español al conservador portugués. El naciente Partido Moderado potenciaba con ella una opción política similar a la suya.

Fue ésta la primera intervención militar española en el exterior durante el reinado de Isabel II, anticipándose a la que tendría lugar poco después en los Estados Pontificios para restablecer el poder temporal de Pío IX. En este sentido, una y otra expedición, a Portugal e Italia, prefiguran la política de intervenciones militares de la Unión Liberal.

En relación con las fuerzas armadas españolas, la expedición de 1847 tiene un doble efecto reseñable:

     – 1° Potencia indirectamente la participación del Ejército en la política activa. En adelante, los hermanos Gutiérrez de la Concha (Manuel y José) ejercerán una función destacada dentro de los partidos Moderado y Unionista.

     – 2° Se afianza una tradición que arranca de la Guerra de la Independencia: el proceso de ennoblecimiento del ejército. Ahora Manuel Gutiérrez de la Concha recibe el título de marqués del Duero, aparte de otras distinciones repartidas entre los que participaron en las negociaciones y en la campaña. También se evidencia la voluntad de España de realizar una política internacional propia, y en definitiva, representa la primera proyección del régimen isabelino como ente activo en política internacional. La intervención fue un paso más en la orientación occidental de la política exterior de los dos Estados ibéricos.

En España tuvo una formulación afortunada en frase de José María Jover: con Inglaterra y Francia siempre que vayan de acuerdo y abstenerse en caso de enfrentamiento entre ambos. En cuanto a Portugal, la intervención española no varió básicamente las especiales relaciones de ese país con el Reino Unido ni el status de semi subordinación de Lisboa respecto a las directrices británicas en materia de política internacional.

Notas:

     1.- También conocida como revolución de Miño, ocurrida en la primavera de 1846, contra el gobierno presidido por Costa Cabral. Fue resultado de las tensiones sociales que sucedieron a las guerras liberales de Portugal.

     2.-Guerra civil, que después de la revolución de María da Fonte y estrechamente relacionada con ésta, se desencadena en Portugal. Su primera causa nombramiento de un gobierno cartista con Oliveira.

     3.- Tratado internacional firmado entre España, Portugal, Francia y Reino Unido el 22 de abril de 1834, con el compromiso de expulsar de Portugal al infante portugués Miguel y al infante español Carlos. También garantizó las pretensiones de Isabel II  frente a Carlos María Isidro de Borbón en España.

Fuentes:

-Anales de la Historia Contemporánea, 18  (2002).

-Cuadernos de la GC,  Núm 50-2015.

-Real orden de 7 de junio de 1847.

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