«No vengo a escuchar, vengo a dar órdenes». Un campanudo don Leonardo, Marcos González para más señas, director general de la Guardia Civil por la gracia del ministro Marlaska, se presentó así ante las asociaciones profesionales del Cuerpo. Hoy muchos se preguntan si fue él quien ordenó que salieran los guardias en la noche del pasado viernes, o si sus órdenes se limitan a quitar y poner, las propias de un burócrata que obedece agradecido.

La secuencia de los hechos que terminó con el asesinato de David Pérez, del Grupo de Acción Rápida [GAR], y de Miguel Ángel González, del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas [GEAS], pudo ser, según indican fuentes abiertas cercanas a la Guardia Civil, la siguiente:

Debido al temporal, algunas narcolanchas se refugian en el puerto de Barbate. El alcalde, Miguel Francisco Molina Chamorro, un nacionalista andalú de esos partidos mitad clan, mitad negocios [Andalucía por Si se llama el invento], avisa al Centro Operativo de Servicios [COS] de la Comandancia de la Guardia Civil de Cádiz para que los saquen del puerto.

El COS le informa que el «marítimo» [la embarcación del Servicio Marítimo] no puede salir de Cádiz y llegar a Barbate debido al temporal. El alcalde parece que no admite esa explicación y llama a la subdelegada del Gobierno en Cádiz. Con esta decisión, supuestamente, el alcalde inicia la cadena de despropósitos. Oirán ustedes ahora que no para de dar entrevistas lamentando la falta de medios de la Benemérita. ¿Será uno de esos políticos con bajeza que repudia la Cartilla del Guardia Civil?

Siguiendo el hilo de los acontecimientos que se publican en fuentes abiertas, la subdelegada del Gobierno, doña Blanca del Pilar Flores, filóloga y con un intachable currículo socialista (fue secretaria de FETE-UGT, miembro de la Ejecutiva del PSOE de Cádiz y con amplia experiencia en tareas mando de unidades policiales porque también es psicopedagoga) ordena, supuestamente, que «se haga algo».

Segundo eslabón en la cadena de despropósitos. El primero el alcalde, ahora la subdelegada. Ella, además, adornada de la superioridad propia de una buena política socialista y con la necesaria dosis de prepotencia de quien representa a un Gobierno de autócratas.

En este punto hay una duda que se debe despejar: ¿Llamó la subdelegada al director de la Guardia Civil? Si fue así, ¿autorizó don Leonardo la imprudente intervención con el desenlace de dos muertos? O, por el contrario, ¿hizo la subdelegada de su capa un sayo y ordenó «que se haga algo»? Porque la sindicalista de UGT, en funciones de subdelegada —¿qué puede salir mal?— tiene la capacidad de dar órdenes al jefe de la Comandancia. Son preguntas que alguien debe responder.

Lo que sucede a continuación es que la Comandancia comunica al GEAS con base en Algeciras, en Cádiz no hay, que se desplacen a Barbate para disuadir a los narcos y que abandonen el Puerto. Los guardias cogen «la furgoneta y la neumática que usan habitualmente» y piden apoyo, ya que ellos no tienen formación en abordaje de embarcaciones y ese es el motivo por el que sus compañeros del GAR les acompañan en la «goma». El resto ya es conocido. Descansen en paz.

Hay un tercer eslabón en esta cadena: el jefe de la Comandancia de Cádiz. Es improbable que el coronel Luis Martin Velasco no analizase el riesgo que suponía esa intervención. Es un profesional, pero ¿se lo hizo saber a quién le dio la orden, fuese la subdelegada o el director? ¿No supo negarse? ¿O lo intentó y se lo impusieron? «Si te niegas te cesan», parece ser la nueva doctrina.

Son preguntas sin respuesta. Seguro que don Leonardo ya ha dado las órdenes oportunas para que se resuelvan. Mientras, lea usted señor director la Cartilla, allí donde pone: «El Guardia Civil no debe ser temido sino de los malhechores; ni temible, sino a los enemigos del orden». Para esto necesitan medios; sobran las medallas en un ataúd.

Redacción
Con información de Libertad Digital | Pedro Gil Ruiz