El nombre de Jose Antonio Urrutikoetxea Bengoetxea, alias Josu Ternera, remite directamente al espanto: estamos hablando de unos de los jefes de ETA más sanguinarios y bajo cuyo mandato la banda terrorista cometió algunos de sus atentados más mortíferos -, Hipercor o la casa-cuartel de Zaragoza-. Ha sido reclamado a las autoridades francesas -donde vive- para ser juzgado en España por la Audiencia Nacional, pero la justicia española ha chocado con la cerrazón del Gobierno de Pedro Sánchez, que no ha hecho nada por agilizar los trámites. Todo lo contrario: su implicación ha sido nula.

Por varios motivos: el primero, obviamente, es que el idilio con los proetarras de Bildu, por la cuenta que le tiene, desaconseja a Sánchez lograr la extradición del sanguinario terrorista. No vaya a ser que Otegi se moleste. Y el segundo es que Moncloa ya sabe de la intención de la defensa del terrorista Ternera de, en caso de ser juzgado en España, citar como testigos a José Luis Rodríguez Zapatero y otros dirigentes socialistas involucrados en la negociación para el fin de ETA.

Será por eso que el Gobierno no ha hecho nada por nombrar un juez de enlace en Francia, clave para que la extradición avance. Las propias autoridades francesas han transmitido a las víctimas del terrorismo que el asunto está paralizado y que la entrega de Ternera va para largo, porque el Gobierno de España no demuestra ningún interés. En suma, que un criminal que concede entrevistas en las que se permite alegremente reconocer que participó en atentados por los que jamás rindió cuenta ante la justicia, cuenta con la mejor baza para irse de rositas: la indecencia moral de un presidente que ha colocado sus intereses y los de su partido por encima de la reparación moral a las víctimas del terrorismo. Por eso, el sanguinario etarra Ternera se permite jactarse de sus actos terroristas sin mostrar el más mínimo arrepentimiento. Lo ampara el mismísimo Pedro Sánchez.

Redacción