Pocos saben que uno de los más ilustres escritores y poetas contemporáneos del Campo de Gibraltar fue miembro de la Benemérita.

Si el insigne escritor y poeta campogibraltareño José Riquelme Sánchez hubiera continuado entre nosotros, hubiese cumplido el pasado lunes noventa y un años de edad. Había nacido el sábado 13 de junio de 1931 en Jimena de la Frontera. Su padre se llamaba Cristóbal Riquelme Lobato y estaba entonces destinado como guardia civil en el puesto de San Martín del Tesorillo. Su madre era Lucía Sánchez Sánchez y al igual que su marido era también jimenata. José tenía una hermana llamada Isabel que era tres años mayor que él y que con el paso del tiempo sería matrona de la Benemérita en La Línea de la Concepción.

Son numerosas las publicaciones y referencias que se pueden encontrar, tanto de carácter biográfico como relativas a su producción literaria, estando reconocido y valorado como uno de los más ilustres escritores y poetas contemporáneos del Campo de Gibraltar. Sin embargo, resulta difícil leer alguna referencia a su condición de guardia civil durante más de tres lustros y cuando se ha hecho, apenas se citan unas breves palabras. Los guardias “ilustrados” nunca fueron debidamente entendidos, ni dentro ni fuera de su Institución. Algunos de los primeros eran fruto de envidias y mediocridades mientras que otros de los segundos se debieron más a prejuicios y tabúes sesgados, pues siempre ha habido quien erróneamente cree que ser guardia civil e intelectual son dos conceptos incompatibles de entender la vida. Lo cierto, mal que le pese o no entienda alguno, de dentro y de fuera, es que la espada y la pluma siempre han estado unidas en la milicia.

Volviendo a nuestro protagonista hay que destacar que no tuvo una infancia fácil. Vino a este mundo en un periodo complicado de nuestra historia contemporánea. Apenas dos meses antes de nacer se había proclamado en España la Segunda República, un nuevo régimen deseado por muchos pero realmente entendido por muy pocos, incluso por los que lo anhelaban o decían anhelarlo. La verdad es que por culpa de los que no lo querían y de los que no supieron quererlo, España terminaría desangrándose en una fratricida guerra civil y se volvería a perder una nueva oportunidad para emprender un nuevo modelo de estado.

José se quedó huérfano al inicio de la Guerra Civil, cuando apenas tenía cinco años de edad. A su padre, que al igual que la inmensa mayoría de guardias civiles destinados en el Campo de Gibraltar había secundado la sublevación militar, cumpliendo órdenes de sus mandos, lo mataron el 5 de septiembre de 1936. Iba en avanzadilla, guiando a un grupo de fuerzas regulares indígenas procedentes de Ceuta. Pretendían entrar en San Martín del Tesorillo, que había permanecido leal al gobierno de la República, cuando recibió la descarga de una perdigonada mortal disparada por una escopeta de los milicianos.

Huérfano de guerra y con una mísera pensión, y eso que su padre pertenecía al bando de los vencedores, salió adelante junto a su hermana gracias a los desvelos y sacrificios de su madre, ayudada por familiares y amistades.

Cuando tenía diecinueve años de edad decidió seguir los pasos de su padre e ingresar en el benemérito Instituto. Residía entonces en la calle General Queipo de Llano en Jimena. El 30 de diciembre de 1950 elevó la solicitud dirigida al director general, teniente general Camilo Alonso Vega.

El 24 de abril de 1951 el ministro del Ejército, teniente general Fidel Dávila Arrondo, tras superar las pruebas de acceso, firmaba su alta como guardia 2º de infantería disponiendo su incorporación el 15 de mayo siguiente a la 2ª Academia Regional de Instrucción ubicada en la localidad madrileña de El Escorial, quedando encuadrado a efectos administrativos en el Primer Tercio (Madrid). Allí debía haber permanecido durante tres meses para realizar su periodo de formación. Sin embargo, al enfermar tuvo que retrasar su ingreso, haciéndolo finalmente el 17 de agosto siguiente en la 3ª Comandancia Móvil (Barcelona). Allí realizó su periodo de instrucción, quedando afecto administrativamente al 2º Tercio Móvil con cabecera en la Ciudad Condal.

Previamente había sido filiado el 1º de agosto, donde “se le leyeron las leyes penales, según previene la Ordenanza, y órdenes posteriores, y quedó advertido de que no le servirá de disculpa para su justificación en ningún caso, el alegar ignorancia de dichas leyes”. Firmaron como testigos el jefe de la 337ª Comandancia de Algeciras, teniente coronel Francisco Hermida Medina que procedía de Carabineros, así como los guardias 2º Luis Plaza Diéguez y José Maroto Domínguez.

El 11 de octubre, víspera de la festividad de la Virgen del Pilar, patrona de la Guardia Civil, prestó en el cuartel barcelonés de Las Navas de Tolosa, el juramento de fidelidad a la bandera. A fin del mes de noviembre concluyó su formación y causó alta en la revista de comisario del mes de diciembre en la 1ª Comandancia Móvil (Madrid). A partir de entonces continuaría desde noviembre de 1952 hasta julio de 1959 en el Destacamento del Ministerio de Hacienda, sucesivamente encuadrado en la 301ª Comandancia (Madrid), Grupo de Destacamentos Especiales de la Dirección General y Agrupación de Destinos de dicho superior centro directivo. En agosto de 1959 pasó destinado a la Academia Especial (de Oficiales) en Madrid, y desde septiembre de 1961, tras superar el correspondiente curso, a la oficina de la plana mayor del Subsector de Tráfico de Las Palmas de Gran Canaria, afecto primero a la 212ª Comandancia de la Guardia Civil, y después a la 152ª.

Finalmente, deseando emprender un nuevo camino, elevó el 21 de febrero de 1968 motivada instancia dirigida al director general del Cuerpo, teniente general Antonio Cores Fernández de Cañete, en súplica de que se le concediera “la rescisión de su compromiso”. La razón expuesta para ello era la de que tenía proyectado ingresar como profesor de cultura general en la “Escuela de Profesión Acelerada Industrial Nuestra Señora de la Esperanza”, sita en La Línea de la Concepción, fijando su residencia en la entonces calle José Calvo Sotelo, hoy del Clavel, de dicha población.

El 1º de marzo siguiente, desde el 15º Tercio de la Guardia Civil, mandado por el coronel Mauro Alonso de Armiño Díez, con residencia en Santa Cruz de Tenerife, se informó favorablemente, “considerándole acreedor a la gracia que solicita”. Nuestro protagonista reunía entonces 16 años y 8 meses de servicio efectivo. La justificación aducida para su concesión fue la de “dedicarse a actividades en el orden civil incompatibles con sus deberes profesionales”. Tal y como se hacía constar en el correspondiente informe favorable, Riquelme “no se halla sujeto a procedimiento judicial ni expediente gubernativo, información ni propuesto para la expulsión del Cuerpo; carece de notas desfavorables en su documentación, observa buena conducta, cumple bien con sus deberes y merece buen concepto y no tiene débito en su fondo de Vestuario”.

Así concluía el servicio militar activo del guardia poeta y para continuar su otra gran vocación: el apasionante mundo de las letras. Mención especial merecen sus colaboraciones en la revista de estudios campogibraltareños Almoraima, Europa Sur, Diario de Cádiz y Diario Área. Fallecería el 12 de enero de 2001 en Sevilla a los sesenta y nueve años de edad.

Jesús Núñez
Coronel de la Guardia Civil y Doctor en Historia