Fueron identificados como agentes por un grupo de más de una docena de radicales. Dos de ellos, vascos, fueron detenidos

En una situación simular a la de Alsasua, los guardias recibieron una paliza al grito de «Zipayos», término utilizado por la izquierda abertzale para dirigirse a las Fuerzas de Seguridad en tono despectivo. Esta vez no fue en Navarra. Esta vez no fue en Alsasua, donde dos guardias y sus parejas recibieron una paliza en 2016 tras ser identificados como agentes. En esta ocasión, los radicales cruzaron la frontera cántabra y la volvieron a liar en Castro Urdiales. Allí, un grupo de cinco guardas civiles y un policía nacional, que regresaban al cuartel tras una cena navideña, fueron acorralados y apalizados al grito de «Zipayos» tras ser identificados como agentes por uno de los agresores.

Según consta en las diligencias a las que ha tenido acceso EL MUNDO, el pasado 16 de diciembre, a las cinco de la mañana, la Guardia Civil recibió un aviso de la agresión a cinco agentes que se encontraban fuera de servicio. Los agredidos reclamaron atención sanitaria (al menos uno de ellos tiene rota la mandíbula y otro, el tabique nasal). Otro de ellos sangraba abundantemente de la cabeza, según consta en las diligencias. Los cinco fueron atendidos por el médico de guardia, quien derivó a dos de ellos al hospital.

La Guardia Civil envió a la zona donde a agentes para indagar sobre los agresores y buscar testigos. Agredidos y testigos denunciaron que los atacantes habían salido de un local en la calle Belén, en Castro Urdiales.

En la agresión se utilizó «una herramienta a modo de arma». Las pesquisas iniciales de la Guardia Civil identifican a dos jóvenes, uno de Sestao y otro de Portugalete, como parte del grupo que participó en la paliza. Los dos se resistieron «activamente a su detención y los agentes tuvieron que usar la fuerza para poderle reducirles y engrilletarles. «De manera firme, terca y contumaz», los presuntos agresores se siguieron resistiendo a ser introducidos en el coche de la Guardia Civil. En el registro, a uno de los detenidos se le intervino una navaja de ocho centímetros.

Uno de los guardias agredidos explicó que cuando regresaban por la calle Siglo XXI, «un grupo de personas que al parecer reconocieron a algunos de los agentes como guardias civiles, comenzaron a proferir insultos y amenazas: «putos picoletos, sois unos putos perros. Os vamos a reventar».

Uno de los atacantes volvió al bar de donde había salido y regresó al lugar acompañado de otro grupo de «amigos». En ese momento «sintió un impacto muy fuerte en la cara, posiblemente con algún objeto contundente», que le provocó pérdida de conciencia.

Otro de los agentes explicó que inicialmente las amenazas partieron de un grupo de cinco individuos al que, posteriormente, se sumaron otros siete.

EN LIBERTAD

Otro de los agredidos era policía nacional, que iba con los guardias civiles. «Salen a nuestro encuentro un grupo de personas -sin poder determinar el número exacto- que comienza a insultar y amenazar a los agentes de la Guardia Civil: picoletos, hijos de puta, chivatas, perros», relató. Los agentes intentaron inicialmente calmar a los integrantes de ese grupo, identificándose efectivamente como guardias civiles. La situación se calmó inicialmente y continuaron su marcha. El policía abandonó el grupo camino de su casa pero comenzó a escuchar gritos de auxilio donde se produjo el ataque verbal. Volvió sobre sus pasos. Observó «a una persona de color de gran corpulencia golpeando a los guardias mientras éstos intentaban reducirle».

Vio a pocos metros a uno de los guardias ensangrentado y semiconsciente, «y varias personas huyendo del lugar». Uno de los guardias se tuvo que retirar de la zona en estado de «confusión al haber sido golpeado con fuerza con la hebilla de un cinturón de grandes dimensiones». Finalmente, el agresor logró ser detenido.

Los detenidos, tras prestar declaración, quedaron en libertad. La asociación de guardias civiles Jucil cree que el Juzgado de Castro Urdiales envía un mensaje equívoco a la sociedad al dejar en libertad con cargos a los agresores de los guardias civiles y ante esta situación. La asociación se personará como acusación popular reforzando así la defensa jurídica de los asociados agredidos. Pedirá «la máxima pena para los agresores y las indemnizaciones correspondientes por las lesiones sufridas ante un delito de odio y atentado contra la autoridad».

Redacción
Fuente: El Mundo