
Esta vez le ha tocado la arbitrariedad al Coronel de la Guardia Civil Don Jesús Vicente Torresano. Resulta que, por decir la verdad sin propalarlo a los cuatro vientos, como alguno que asoma la oreja socialista haría, sino expresarlo con toda educación y sinceridad donde se debe, un gran profesional, ejemplo de valentía y sinceridad, ha sido cesado por un Ministro de antecedentes confusos con sus padres e incluso con su profesión, a la que por unos maravedíes de más ha renunciado (digámoslo en moneda antigua por no concretar). O a lo peor no ha sido el Sr. Ministro, sino que se lo han ordenado. ¿Quién? ¡Ah…!
A veces uno piensa que ya somos marroquíes. Pues quien tal cosa piense, se equivoca. No somos marroquíes, ni siquiera en defensa de una autoridad confusa que dice preocuparse por España, mientras pacta con independentistas y criminales, destroza un magnífico acuerdo con Argelia a favor de la tiranía marroquí, dice que un sacristán matado por un loco islámico “ha fallecido” en vez de “ha sido asesinado” y no sigo, porque son tantos disparates en beneficio propio y de sus amigos, que si por casualidad cambia el gobierno, tiene que reformar tantas cosas que en cuatro años no podrá hacerlo suficientemente: la Justicia, la ley del “si es si”, la organización de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, la Educación, los impuestos, los sueldos de los políticos… y así hasta n, cuando n tiende a infinito.
La indecencia moral se ha apoderado de España, una nación que ha perdido –al menos en teoría– sus principios, las creencias religiosas (salvo las islámicas, que esos se revuelven y matan), la convivencia en paz y sin odios absurdos, la solidaridad con todos y no solo con los que te votan, etc.
Por eso el Coronel Torresano lleva razón: es heroico trabajar en las condiciones que les obligan a los Guardias Civiles. Carecen de medios de protección y los pocos que les dan son casi de juguete, como las infames pistolas que alguien, de cuyo nombre prefiero no acordarme, les ha comprado. Carecen de vestuario adecuado para protegerse de las balas, los navajazos o las pedradas. Carecen de sueldo digno, sobre todo si lo comparamos con el de muchos guardias municipales o personal de seguridad privada de demasiados políticos. Sus vehículos no son blindados, por lo que cualquier bomba los destruye y a ellos dentro. Sus viviendas no suelen poseer sistemas de protección, como tampoco sus familias. Los medios de comunicación entre ellos no son siempre adecuados y se ven obligados a usar sus propios móviles. No se les avisa cuando se prevé algún atentado por la zona. Tienen que vigilar a más personas de las que es posible, todas ellas con antecedentes criminales, algunas excarceladas gracias a la ley del “si es si”. En fin, no acabaríamos.
Y claro, lo que ya es un escándalo es pretender que se impida el paso de los magrebíes por Ceuta y Melilla sin medios. Porque a esos les da igual todo y si matan a un Guardia Civil les parece muy bien, pues ellos son islámicos y los Guardias Civiles no.
Así es que, compañero Jesús Vicente Torresano, cuenta con el apoyo de nuestro Círculo Ahumada y muy especialmente con el mío, en lo que pueda ayudarte, de corazón. Es un gran honor tener en la milicia –en este caso en la Guardia Civil– compañeros como tú. Eres admirable por tu valentía y por tu sinceridad.
¡Viva la Guardia Civil! y ¡Viva España!
Francisco Hervás Maldonado
Coronel Médico (R)
Presidente del Círculo Ahumada
